Queridos:
Han pasado tres semanas desde mi última newsletter cuando dije que iban a ser dos, y ya lo siento. La razón es que mi hijo ha estado malo diez días seguidos y el viernes pasado me sumí en una crisis existencial creativa bastante profunda. Pensaba que para qué esforzarse y mandar esta newsletter si, total, jamás iba a volver a escribir porque iba a pasarme la eternidad limpiando mocos y dando jarabes y poniendo termómetros y preparando comidas que luego tiraría a la basura. Y de ahí pasaba a plantearme todas las decisiones de mi vida y cerrar los ojos muy fuerte, a ver si me trasladaba al universo alternativo donde decidí no tener hijos y estoy viajando por el mundo con Pablo y escribiendo best-sellers a porrillo.
Nada es eterno, por suerte, y parece que volvemos a nuestra rutina normal, que es caótica pero nos deja algo de tiempo para nosotros, así que aquí me tenéis.
Después de escribir sobre Liz Gilbert en mi newsletter en inglés, me dio por pasarme por su Substack y aprendí su técnica de las letter from Love (¿Cartas desde el amor?).
La propuesta es ñoña: te sientas en un lugar tranquilo, vacías la mente, y escribes, a ser posible a mano: Querido Amor: ¿qué quieres hacerme saber hoy? Luego pasas cinco minutos de reloj transcribiendo lo que llegue a tu conciencia sin pensarlo demasiado. ¿Qué te diría un espíritu de amor absoluto e incondicional si tuviera voz? ¿Qué necesitas escuchar hoy, desde lo más profundo de tu corazón?
La idea es que el Amor (y por Amor entendemos al cosmos, Dios, un Ser Superior, la Vida con mayúsculas o lo que a ti te resuene) te va a mandar mensajes cariñosos y de apoyo a través de estas cartas y tú solo tienes que abrir la mente y el corazón para escucharlos.
Puedes leer las instrucciones completas en inglés aquí.
De nuevo: es cursi, woo-woo y lo que tú quieras, pero es muy interesante. Yo le añado dos detalles: el primero, que en cuanto termino, cambio radicalmente de actividad y me levanto a hacer otra cosa, leo ficción o me pongo un café; el segundo, que espero días antes de releer lo que he escrito. Para entonces, mi mente se ha olvidado y descubro gemas como estas:
«Tu escritura no quiere ser perfecta».
«Los finales felices son satisfactorios, pero implican que algo se acaba».
«Haz yoga. El dolor de espalda no es bueno para el arte».
«Ya tienes quien te escuche, solo necesitas hablar».
Que igual son frases que a ti ni te van ni te vienen, pero que encierran significados profundos para mí en este momento de mi vida y me hacen creer, si no en un Ser Superior, al menos sí en que igual ya sé todo lo que necesito y solo me hace falta escucharme un poco más.
Tres docus y tres dramas de juzgado
Unknown Number es un documental del que prefiero no revelarte absolutamente nada. No leas reseñas ni busques información y póntelo directamente (está en Netflix). Mini-resumen: unos adolescentes del Medio Oeste americano empiezan a recibir mensajes de acoso en sus teléfonos y la búsqueda del autor sacará a la luz secretos que nadie se había imaginado.
También he visto dos documentales de celebrities: el de Martin Sheen y el de Pamela Anderson. Me encantan los docus de famosos porque cuando terminas, te crees que son un poco tus amigos y que los conoces mejor que nadie incluso aunque, como yo, no tiendas (demasiado) a las relaciones parasociales. De repente, sientes que has visto su lado íntimo y casi siempre acaban por caerte bien porque con la suficiente información, la empatía es inevitable.
El de Martin te lo sugiero para uno de esos días en que quieres escandalizarte un poco porque los famosos llevan vidas desaforadas, y tú nunca lo harías, pero es divertido verlo. El de Pamela guárdalo para cuando necesites algo que te levante el ánimo.
El juicio de los 7 de Chicago es un courtroom drama entretenidísimo. Aunque las pelis basadas en hechos reales me perturban porque me empeño en distinguir lo que es verdad de lo que no, esta se pasa en un suspiro y te mantiene pegado a la silla. Después de verla, desenterramos Algunos hombres buenos, del mismo guionista, y es que soy una basic bitch y ya lo sabéis todos, pero Jack Nicholson es legendario y verlo actuar una delicia. Además, recomiendo ver pelis de los noventa porque es todo como más natural y low key, y no hay móviles, y las caras son imperfectas y la decoración a veces es cutre y a mí todo eso me relaja.
Acabamos con El Jurado y me acordé de cuando estaba (un poco) enamorada de John Cusack, su palidez y su cara de friki. Qué me ha gustado un rarito siempre. De las tres pelis es quizá la más floja, pero se deja ver muy bien y la cara de Rachel Weisz es fascinante.
Nos hemos comprado una Dyson inalámbrica que nos está cambiando la vida. Si eres de los que usan la aspiradora de toda la vida, y barren cuando hay que barrer, y no tienes problemas con tu suelo, te puedes saltar esta parte. Pero si tu aspiradora está (paradójicamente) comiendo polvo porque sacarla es aparatoso, y barrer te da pereza, y las pelusas de tu salón están ensayando juntas para cantar Carmina Burana, la Dyson es una opción excelente.
Es ligera, manejable, aspira genial, la batería dura mucho y no da pereza usarla. Y, sobre todo, es autorreforzante, que quiere decir *saca su diploma de psicología* que solo usarla ya es divertido y da ganas de usarlo más.
¿Y por qué, dirás tú?
Pues porque el depósito es (wait for it) TRANSPARENTE. Entonces, si eres como yo, vas mirando la mierda depositarse en él y llenarlo poco a poco, y piensas: eso antes estaba en el suelo pegándose a los pies de mis hijos y ahora está aquí, y a ver si puedo sacar un poco más; y sabes que la vida es dura, la creatividad ambigua, el mundo un valle de lágrimas, pero antes había más polvo y ahora hay menos. Y eso, como diría Matha Stewart, is a good thing.
La semana pasada me empecé de nuevo La peor parte, de Fernando Savater: un libro sobre su vida con Sara Torres, su pareja durante treinta y cinco años, que murió de un cáncer de cerebro súper agresivo en 2015.
El estilo de Fernando Savater en estas memorias es tan boomer que da ternura. Es recargado a menudo, demasiado consciente de sí mismo y a ratos da un poco de vergüenza ajena, como cuando te cuenta el polvo que echó en medio de un cólico nefrítico. Y aun así, el libro es conmovedor y Sara un personaje de leyenda, y cuando lo terminas te da una pena tremenda no poder sentarte con ella a tomar café.
Diría que me recuerda a La ridícula idea de no volver a verte, salvo que Rosa Montero es tan pudorosa en la descripción de su pareja que al final no tienes sensación ninguna de conocerlo. Es un libro que se disfruta, pero por otros motivos. El de Savater te deja con el pudor de haber visto cosas que no deberías, y no se a ti, pero a mí eso me mola.
“J’ai reconnu le bonheur au bruit qu’il a fait en partant.”
[Reconocí la alegría por el ruido que hizo al marcharse]
—Jacques Prevert
¿Tienes alguna práctica diaria (o esporádica) interesante que te ocupe menos de cinco minutos? No hace falta que te cambie la vida: con que te dé vidilla, me conformo.
¿Te gustan los documentales? ¿Me recomiendas alguno?
¿Cuál es tu electrodoméstico favoritNo, por dios, que estoy en la mediana edad pero esto ya es demasiado. Dime mejor cuál es tu actor/actriz de los noventa favorito.¿Eres de releer libros? Y si es así, ¿cuál es tu criterio para elegirlos?
¡Hasta dentro de dos semanas!
Abrazos,
P.D. A partir de ahora, voy a mencionar mi novela en todas las newsletter porque es un libro fantástico y te va a hacer pasar un rato la mar de entretenido. La puedes comprar aquí.
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