Lo bueno de vivir en el extranjero cuando España gana el mundial es que vas por ahí sintiéndote como una celebrity.
La gente me dice entusiastas frases en griego, y en cuanto yo identifico podósfero (fútbol), sonrío y digo ne, ne, efjaristó para polí (sí, sí, muchas gracias). Que igual iban con Argentina y se están cagando en mi p*ta madre, pero yo me voy contenta.
Es mejor, por lo menos, que la semana anterior, cuando los vecinos asumían que Pablo y yo estábamos el borde del divorcio por la final. Lo que no saben es que Pablo ni toma mate ni ve el fútbol. Cuando yo lo conocí, además, era vegano, así que siempre pensé que él de Argentina no se fue: que lo echaron.
Yo, que no había seguido el Mundial y todavía no entiendo el éxito de la camiseta blanca, decidí ver la final. Fue un poco como tomarme cada año las uvas a la hora española, siempre un poco tarde porque el streaming va con retraso. El fútbol no me importa mucho, pero quería sentirme unida a mi país, a mi familia y amigos.
Bueno, la «vi». Me obcequé con sintonizar RTVE internacional, no funcionaba y no se me cayó la idea de verlo en la tele griega. Acabé en el canal de Youtube de TeleBarça con dos simpáticos comentaristas llamados Adri e Isra que estaban en la plaza del pueblo de Bollullos del Campo, Sevilla. En la parte inferior de la pantalla había un diagrama del campo y veías la pelota moverse. Luego me iba a Marca y miraba las fotos para imaginarme las escenas jugadas en mi cabeza. Compensé un Mundial entero de ignorar a la selección con esta sacrificada demostración de apoyo.
Lo curioso es que buscaba a los jugadores en Google para imaginarme sus caras y una parte de mí se preguntaba: ¿Y Casillas? ¿Iniesta? ¿Piqué? ¿Estos chicos quiénes son? El que siga el fútbol habrá ido viendo cambiar a la Selección despacio, jugador a jugador. Yo me sentía como esa gente que se despierta después de una década en coma.
Es lo que más me duro me resulta de cumplir años: darte cuenta de que lo que creías que era para siempre no lo es, verte expulsada de espacios que un tiempo fueron tuyos. La Eurocopa de 2008 la vi en Granada, en medio del calor bestial de la época de exámenes, que a mí siempre me gustaba porque había algo heroico en atreverse a vivir a esas temperaturas. Veía los partidos con mis compañeros y luego salíamos con la fresquita a tomarnos un helado en los Italianos.
Luego vino el Mundial de 2010, que seguí en Cádiz con mis recién estrenados compañeros de residencia. Nos juntábamos en las casas de unos y de otros, y como España iba ganando poco a poco, siempre salíamos con una sonrisa en la boca y abrazados como mejores amigos.
Ahora Granada no es mi Granada, ni Cádiz es mi Cádiz, ni sé en qué anda la mayoría de la gente con la que compartí esos momentos. Casillas y Sara Carbonero están divorciados, él casi se muere y a Piqué lo puso verde Shakira con BZRP. Si a hasta a Iniesta, que debería ser inmune al paso del tiempo porque nació con cara de vampiro de 200 años, se le nota la edad.
Jamás me habría imaginado que la siguiente final la vería en Grecia y que me pasaría una semana recibiendo felicitaciones por la calle. Y ojalá pudiera sentir esta realidad tan mía como la de entonces, pero lo cierto es que nunca te crees que el mundo es tan tuyo como en la veintena.
Así que bueno: ganamos. Y me alegré, intensa y absurdamente. Y pensé que igual debería ir a España dentro de poco porque me han dicho que lo que pasa con la camiseta blanca, que en la tele me parece la mar de sosaina, es que de cerca gana mucho.
Pablo y Alana han estado de viaje dos veces este verano, y las dos veces he aprovechado para hacer magdalenas de plátano con Atlas, que no le hace ascos a las mijitas oscuras.
La primera hornada estaba buena de sabor, que ya sabéis muchos que sería el título de mi programa de cocina. Pero de aspecto, regular.
La segunda nos ha quedado perfecta perfecta, con madgalenas blanditas y jugosas que mi hijo ha devorado en tres días.
Advertencia: en mi casa la política es: se hornea poco pero se hornea bien. Con azúcar, gluten, lácteos, harina refinada y un poco de sangre de bebé. Así que las magdalenas están buenas, pero que nadie se piense que son una superfood.
La receta para 12 unidades
300 g de plátano maduro pelado y machacado, aproximadamente 3 plátanos medianos o 2 plátanos grandes. Toda la razón de ser de esta receta es quitarte la culpabilidad porque se te hayan puesto los plátanos pochos
100 g de margarina, derretida y ligeramente enfriada. Si eres de los que piensa que los aceites de semillas son Satán, prueba con aceite de coco o mantequilla, pero no aseguro nada
100 g de azúcar
2 huevos
200 g de harina de trigo para uso común
2 cucharaditas de levadura química (estas y las demás son cucharaditas de las oficiales medidoras; en Amazon o en el chino las encuentras)
½ cucharadita de bicarbonato
½ cucharadita de canela, opcional
¼ de cucharadita de sal
Omítela si la margarina ya lleva sal.1 cucharadita de extracto de vainilla,
opcionalsi haces repostería sin vainilla no confío en ti
Precalienta el horno a 180 °C, con calor arriba y abajo, o a 170 °C con ventilador. Dile a tu hijo que coloque cápsulas de papel en un molde de magdalenas.
Recoge 245 cápsulas de papel del suelo.
Machaca bien los plátanos en un bol grande.
Añade la margarina derretida, el azúcar, los huevos y la vainilla.
Saca de la mezcla las cáscaras de huevo que ha echado tu hijo mientras derretías la margarina
Mezcla hasta que quede bastante uniforme.
Añade directamente al bol la harina, la levadura química, el bicarbonato, la canela y la sal, y agradece a tu amiga Marina que te dé recetas de un solo bol porque se le ha roto el lavavajillas.
Mezcla suavemente hasta que deje de verse harina seca. No pasa nada si quedan grumos. No batas demasiado la masa que se va el aire y no quedan ricas.
Dile a tu hijo que deje de batir la masa
Dile a tu hijo que deje de comer masa cruda
Dile a tu hijo que reparta la masa. Aguanta en modo Montessori tres minutos y veintidós segundos y reparte tú la masa entre las 12 cápsulas, llenándolas aproximadamente hasta tres cuartos de su capacidad.
Hornea durante 18–22 minutos. Estarán listas cuando la parte superior recupere su forma al apretarla un poco y un palillo salga sin masa cruda. Yo las saqué a los 22 minutos sin mirar lo del palillo porque mi hijo no pasa el test del marshmallow
Déjalas reposar durante 5 minutos dentro del molde y después pásalas a una rejilla (esto en realidad da igual, yo las dejé en el molde y estaban buenas igual)
Si te parecen poco pecaminosas, échales chips de chocolate, nueces o pasas. Y recuerda: llevan plátano ergo cuentan como fruta y tú eres una madre excelente.
Voy a empezar a publicar contenido en Instagram para mi nueva empresa (ya avisaré de todo; estoy atascada en la burocracia griega y ahora mismo no os puedo enseñar aún nada) y os juro que estoy entendiendo todo el malestar en la cultura moderna.
Normal que la peña esté obsesionada con las rutinas de belleza. Normal que esté aumentando el número de operaciones de cirugía estética. Llevo tres días grabándome y, según el día, fluctúo entre apuntarme a face yoga o pedir hora para un lifting.
Estaba buscando furiosamente cómo salir más mona en cámara en YouTube cuando encontré este vídeo, que te explica cómo cambiar los ajustes del iPhone para estar más favorecida en los selfies.
Que habrá quien diga «no es mejor, Marina, estás más natural en la primera», pero yo a estas alturas no quiero naturalidad. Quiero artificialidad y filtros y no parecer Nosferatu. Que esto es como cuando en el parto me decía la anestesista que me ponía poquito para que «pudiera sentir» cuando yo había pedido la epidural precisamente para no sentir nada, como Rambo.
Lo de salir bien en el vídeo aún no lo domino, pero creo que se resume en «búscate plutonio y un DeLorean y retrocede a la época de la Eurocopa 2008»
Parece que hay un concurso anual llamado Dance your PhD en el que tienes que… bueno, eso: que montar un videoclip en el que bailar y cantar tu tesis.
¿Hay algo mejor en esta vida que un científico friki introvertido que solo necesitaba que le dieran permiso para convertirse en el rey de la pista?
¿No vivimos en la mejor época de la historia de la Humanidad? Convénceme de lo contrario.
Me ha recordado también a ese hit de YouTube que fue Me hago doctor, de la época en que los ciclos de viralidad duraban semanas y «retrasado» era un insulto aceptable.
(Pausa para decir que me acabo de ver Me hago doctor entero y ha sido una experiencia curiosísima, algo como: «este es el humor de mi juventud, y me sigue haciendo gracia, y al mismo tiempo es completamente distinto del humor de ahora y me doy cuenta». Vedlo y me decís.)
¿Cómo hacéis que las sartenes os duren más de unos meses? ¿Alguna marca en particular? ¿Tratamiento previo?
¿Estáis, quizá, casados con alguien que no lo cocina todo a soplete? (Sospecho que esto tiene mucho que ver)
Lo digo porque en mi casa, en tres meses se nos empieza a pegar todo, sobre todo en las sartenes más pequeñas donde hacemos huevos y tortillas. Y a mí tirar una sartén cada pocos meses me sabe fatal, pero los huevos pegados me saben peor todavía.
¿Me echáis un cable?
Hope. It is the only thing stronger than fear. A little hope is effective. A lot of hope is dangerous. A spark is fine, as long as it’s contained. So, contain it.
[La esperanza. Es lo único más poderoso que el miedo. Un poco de esperanza es eficaz. Demasiada esperanza es peligrosa. Una chispa está bien, siempre que se mantenga bajo control. Así que contrólala.]
—Presidente Snow en Los juegos del hambre (película)
¡Hasta la semana que viene!
Abrazos,
Marina
¿Cuál era tu vídeo de Youtube favorito a principios de 2000?
¿Algún truco para salir mejor en los vídeos? Y no me digas que lo importante es la luz, que todavía no he encontrado ninguna que no me dé ganas de cortar cosas.
¿Te has comprado la camiseta blanca? ¿Me cuentas cuál es la gracia?
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