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Educlaustro - Boletín Educativo · Aug 2, 2026

📗 Agosto, ¿puedo preparar algo para el próximo curso?

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Educlaustro - Boletín Educativo · Educlaustro - Boletín Educativo

¡Hey! 👋 Soy Isaac Guerrero.

Esto es el Educlaustro, una publicación sobre educación, aprendizaje y práctica educativa leída por más de 3.000 docentes cada semana.

¡Buenos días, profe! 👋 ¿Qué tal?

Agosto. El mes en el que, sin saber muy bien cómo, acabas abriendo el ordenador un martes por la tarde para “mirar una cosita” del curso que viene. Dos horas después sigues ahí, con quince pestañas abiertas, ideas de Instagram en favoritos y algunas plantillas de la programación a medio rellenar.

No nos pasa a todos, seamos honestos. Quizá tampoco es lo que toca, al fin y al cabo estamos en vacaciones. Pero el impulso lo podríamos etiquetar como bueno: queremos llegar a septiembre con algunas cosas perfiladas, sin el estrés de los primeros días y sin la sensación de que el curso acaba de dar el pistoletazo de salida y ya nos arrolla. Es normal.

Pero hay un problema. Y muchas veces es de perfeccionismo. Y es que en agosto la preparación que hacemos no suele ser demasiado eficiente. Queremos intentar cerrar todo. Comenzamos a diseñar situaciones de aprendizaje enteras, pensamos cómo haremos los agrupamientos, ajustamos el nivel de las tareas y pensamos algunas rutinas tanto para el alumnado como para nosotros.

Hasta aquí nada mal, la verdad. El pero llega cuando todo esto lo hacemos para un grupo al que todavía no conocemos. Llega septiembre, entramos en clase, y en dos semanas nos damos cuenta de que la mitad de lo que planificamos no encaja con quien tenemos delante.

No es que planificar esté mal. Es que hay cosas que se pueden decidir en agosto y cosas que no. Para ser eficientes debemos enfocarnos en las primeras.

Hoy vemos cuáles son, cómo plantear la evaluación inicial para que sirva de algo, y por qué las primeras semanas se juegan en un sitio distinto al que solemos mirar.

¡Vamos al lío!

La diferencia entre comenzar a preparar bien el curso y perder el tiempo en agosto está en la distinción de dos tipos de decisiones: las que dependen del grupo y las que no.

De las primeras, a no ser que repitas con el alumnado del año pasado, nos podemos ir olvidando. Las segundas son las que podemos ir cerrando ahora, con calma y con la cabeza descansada. Con tiempo de reflexión. Un tiempo del que, probablemente, careceremos en septiembre.

Quizá es también buen momento para releer algunas de las reflexiones que compartimos con nuestro yo del futuro hace unas semanas.

Si el centro tiene la concreción curricular al día podemos ir cerrando los criterios de evaluación y la secuenciación de saberes y temáticas. Nos centraremos en los criterios, que es de las decisiones más importantes y que van a condicionar todo lo demás.

Recuerda que programar es mejor si “empezamos por el final”. Es decir, selecciona los criterios y, a partir de ellos, escoge las tareas, recursos y demás.

Si eres de la Comunidad Valenciana, Educriterios.es te puede servir para entender los criterios de evaluación, establecer la gradación (para al final del proceso calificar) y tener ideas de cómo puedes evaluarlos.

Con todo esto ya tenemos el esqueleto de las situaciones de aprendizaje con el que comenzar a desarrollar todos los detalles. Pero eso ya vendrá.

También es buen momento de diseñar nuestros propios sistemas docentes. Cómo registraremos las evidencias, dónde anotaremos las observaciones, cómo organizaremos el feedback, las rutinas de aula que nos gustaría tener. Es decir, todo lo que va en nuestra organización.

Y la última cosa, para las personas un poco caóticas como yo, es buen momento para revisar todos los materiales que tenemos, tanto impresos como en Canva u otras herramientas y ver si podemos reusar algunos, reciclar o adaptar otros o inspirarnos para crear unos nuevos.

Sobre todo podemos enfocarnos en los de planificación (horarios, plantillas de cuadernos, lista de materiales para el alumnado, etc.) y evaluación (lista de cotejo, banco de ejemplos, modelos, etc.).

En mi caso los organizo en una carpeta que pone curso 26/27, para volver a ellos en septiembre y no tenerlos que buscar de nuevo.

En caso de que no los conozcamos, como decíamos antes. Si no, también podemos ir avanzando algunas de estas cosas:

  • El nivel de andamiaje. Cuánto apoyo necesitan, qué plantillas hay que dar y cuáles no, dónde hay que segmentar más, rutinas. Esto solo se sabe viéndolos trabajar.

  • Los agrupamientos. Podemos tener criterios pensados, pero decidir quién va con quién sin conocer al grupo es adivinar, aunque hayamos hecho muy buena transición en julio.

  • Los ritmos. El esqueleto de las situaciones es adaptable. No sabremos si es real hasta que no los veamos trabajar (y aún así se nos suelen descuadrar los tiempos).

  • Los ejemplos concretos. Las provocaciones, los contextos, los temas que les van a enganchar.

Juegas con ventaja, entonces. Tenemos gran parte de la información. Sabemos cómo se ha desarrollado el curso pasado, quién necesita más apoyo, qué funcionó, ritmos de trabajo, relaciones entre ellos, qué les motiva y quizá hasta tengamos un objetivo ya en mente. En mi caso, el trabajo en equipo y la interdependencia positiva.

En este caso sí podemos cerrar la mayoría de cosas en agosto teniendo en cuenta dónde nos quedamos en el curso pasado. Septiembre en estos casos no es empezar de cero, sino continuar.

Podemos repasar lo del curso anterior, aplicando la práctica de recuperación espaciada, jugar con la curva del olvido, retomar los productos que ya hicieron, poner ejemplos de los buenos trabajos, de lo que continuará y lo que cambiará, etc.

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Lo sé. Me estoy avanzando mucho. Corro el riesgo de que me leas y pienses: “¡Puf! Lo dejo, que me agobio ya solo pensando en ello”. No lo hago adrede. Pero no quiero llegar tarde. Prefiero que no leas el correo hoy pero que el 1 de septiembre lo tengas disponible para consultarlo.

La evaluación inicial es un tema. Muy importante, de hecho. Y en muchos centros se resuelve igual: una prueba -de tipo examen- la primera semana, un número por alumno, un acta que se rellena y se archiva.

Eso no es una evaluación inicial. Al menos no una completa que nos dé información.

La evaluación inicial debería ser vista como la pretemporada de cualquier deporte. Es decir, no llegamos el primer día a entrenar y nos ponen un partido, sino que nos hacen ejercicios, muchas veces lúdicos, para volver a tener toda la maquinaria a punto.

En educación es lo mismo. Deberíamos usar la evaluación inicial para observar, evocar, analizar errores, construir un buen clima de grupo, conocer al alumnado, etc., y a partir de ahí tomar decisiones.

Una evaluación inicial efectiva es aquella que nos invita a cambiar lo que teníamos planificado para hacerlo todavía mejor.

Hacer una evaluación inicial de todo es imposible. Abrumador. No solo para el alumnado, también para nosotros. Hay 3 preguntas que nos pueden ayudar a hacer la evaluación inicial de manera más concreta:

  • ¿Qué necesito saber exactamente? ¿Qué condiciona nuestras decisiones de las próximas semanas? Si vamos a empezar con una situación de aprendizaje de producción escrita, estaría bien que nos centrásemos en saber cómo escriben o, si va a ser en grupo, cómo trabajan con sus compañeros. No necesitamos saber si se acuerdan de qué es un verbo, un sustantivo o un sintagma nominal. Eso no condiciona nuestra planificación.

Read the original on educlaustro.substack.com

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