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Dosis de Diseño · Apr 7, 2026

Habitando el proyecto

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Pat & Vif · Dosis de Diseño

Este espacio divulgativo/reflexivo se formalizó y se transforma en diferentes escenarios. Y como es propio, esos espacios han influido muchísimo en el devenir de nuestros proyectos.

Por lo general, si un espacio es agradable, colabora y acompaña. De lo contrario será una piedra en el zapato (por decir lo menos).

Oficialmente, nosotras, como compañeras de trabajo, empezamos en un monoambiente en Buenos Aires, en el que no faltó malbec para nuestras infinitas conversaciones. Al entrar en esos 35m2 pasabas primero por el closet y el baño (toda una rareza), luego un espacio “flexible” en el que la cama podría estar más o menos cerca de la cocina. ¿Los muebles? Los que existían, con una calidad que, siendo honestas, no extrañamos. Aún nos llegan las expensas del “monoambiente” al correo, como si la vida quisiera que estemos al tanto de la economía porteña. Vivíamos en el barrio San Cristóbal, cero turístico —a diferencia de Palermo—, lleno de art nouveau y vacío de espacios verdes (quizá fue lo que más impacto nos causó). Allá, entre vaivenes y noes laborales, decidimos decantar nuestras opiniones y aprendizajes en un blog que desempolvamos y narrar los artículos en un podcast. Teníamos la certeza de que empezaba un proyecto de vida, un proceso de nunca acabar, un producto transformable.

Buenos Aires. Mover el colchón para recibir el sol del invierno se agradecía.

A escasos meses de iniciar la pandemia, el wandering, por no decir la emocionalidad, nos hizo regresar a Venezuela. Estando en Mérida, vivimos micro mudanzas entre las casas maternales y el repunte del impacto en la divulgación. Nos enfocamos en el blog, en el podcast, en el newsletter y las RRSS —con decirte que hasta Erika de La Vega nos recomendó y El Estímulo nos republicó—. Nos ocupamos de crear y monetizar una serie de infoproductos que dispusimos en un e-commerce atendido por sus propias dueñas. ¡Vaya trabajo! Finalmente pudimos volver a habitar “el nido”, el apartamento de Vif que estaba sin servicios básicos (‘cause chavismo). Ese apartamento de parquet tiene las anécdotas de nuestros primeros encuentros, la vista a la sierra nevada con su glaciar en extinción y un balcón de unos 9m de largo por el que entra el atardecer. Los muebles finlandeses de madera que yacían en la finquita de la familia sostenían las largas horas de reacomodo del proyecto. El cuerpo dicta el ritmo de la idea, las vistas y la madera nos dieron la estructura mental que necesitábamos en ese momento: bajamos la frecuencia del contenido y le dimos prioridad a los estudios y a los servicios de arquitectura que, por fortuna, nos mantuvieron. No es fácil vivir del aire, por más que te encante divulgar el diseño. Prioridades.

Mérida. Luka en su poltrona de “el nido”

Después de un lustro, una salió de “el nido”. Pat se estableció en Madrid buscando mejores perspectivas profesionales. Vif, por su parte, hizo vida como solaprenneur, no en diseño —para ella, el diseño es en equipo—, sino con su otra habilidad: el pan (una forma de diseño táctil que refuerza la disciplina de los procesos). A los meses nos reencontramos y, por ahora, vivimos al norte de la capital española, en Begoña, un barrio obrero que sirve a los hospitales vecinos y al que le queda cerquita nuestros terceros lugares favoritos: el parque y la biblioteca pública. El piso no es un monoambiente, tampoco un nido, es un iglúcito porque en invierno es frío como una nevera, por fortuna cuenta con ventilación cruzada y luz solar de lado y lado. A este espacio le hemos dado carácter con los posters del Centro Cultural Recoleta que existente desde nuestra estancia austral, los utensilios con los que cocinábamos en nuestra Mérida natal y los detallitos repetitivos de IKEA que tiene cualquier hogar. Acá reorganizamos las ideas y moldeamos este proyecto mutable, mientras ambas vivimos una misma página de dos maneras distintas, pero compartidas: una en su rol de empleada y la otra en una suerte de exilio.

Madrid. A un año de estar en el piso.

Van ocho años de cambiar, inventar, crecer, frenar, abandonar, transformarnos y a su vez habilitar, morar juntas, volver a mudarnos.

Pero, ¿Qué hay con esos espacios?

Pues que a todos los hemos ido acomodando según nuestras posibilidades, porque un espacio incómodo cobra factura. El monoambiente, el nido y el iglúcito son esa “casita” donde siempre queremos estar — y donde, de una u otra forma, siempre estamos construyendo—. Cada uno moldeó algo de lo que hoy es Dosis. Y esa sensación, la de sentirte en tu lugar, es valiosa y hasta necesaria cuando de ahí sale lo que creas. No es casualidad: los espacios que habitamos también son el hábitat de este proyecto.

Ilse Crawford nos encantó desde que supimos de ella. Estudió historia de la arquitectura y trabajó en revistas de interiorismo, lo que la hizo especializarse en teoría de la arquitectura. Con los años, dejó el mundo editorial para trabajar en interiorismo.

Ella diseña para el confort, por aquello de que el bienestar es lo más importante. Para lograr la excelencia en sus proyectos de interiorismo, además de lo técnico, mezcla el diseño con antropología, ciencia del comportamiento y narrativa. Sus propuestas de interiorismo están hechas para satisfacer al subconsciente.

Tan divina (como diría su esposo colombiano) cuando dice «El espacio no es sólo cómo se ve, sino cómo te sientes».

Pasa por su web, mira las clases magistrales que sacó con Braun o date un gustazo viendo a Ilse Crawford en Abstract: The Art of Design.

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Por cierto, somos Pat & Vif, par de mujeres in love del diseño, la arquitectura y sus formas de (re)pensar, cuidar y aportar. Por eso existe Dosis de Diseño.

Pasa, lee, quédate. Siempre hay algo que reflexionar.

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Read the original on dosisdediseno.substack.com

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