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Dosis de Diseño · Jul 30, 2026

El espacio como tercer terapeuta

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Pat & Vif, Patricia Vera Paparoni (Pat) 👓 · Dosis de Diseño

Era septiembre de 2024, aún vivía en Venezuela, pero con un viaje en mente a la madre patria, o a España, como la queráis llamar.

Un buen día, y después de varios meses colaborando a distancia, recibí un mensaje de Marta Parra, socia fundadora de Virai Arquitectura, invitándome a participar junto a ellos en un concurso para humanizar el hospital psiquiátrico de Alcalá de Henares. Sin titubear ante una propuesta como ésta, al día siguiente ya estaba recibiendo las primeras ideas de lo que se traduciría en bienestar, seguridad y confort para un grupo de personas.

Diseñar un espacio de salud mental va de entender que cada uno de los usuarios habita el espacio de una forma distinta, tiene necesidades emocionales y cognitivas diferentes. De manera que, los indicadores de éxito, tanto cuantitativos como cualitativos, cambian.

Esto era un reto distinto a cualquier otro: aquí el objetivo era trabajar con la paradoja de la seguridad frente a la calidez, evitando elementos lesivos como: esquinas vivas, puntos de anclaje, materiales frágiles.

Había que pensar en empatía y normativa a la vez. Al final de cuentas, esto consistía en humanizar un espacio de salud mental.

Al cabo de unas semanas, supimos que Virai había sido el ganador del concurso, algo que nos emocionó y nos puso manos a la obra. No había mucho tiempo que perder: el proyecto se entregaba en diciembre y yo tenía dos maletas, un vestido verde —ya sabrás porqué— y muchas vivencias por empacar.

Mientras calibrábamos la estrategia, la zonificación, los espacios, los materiales y las dimensiones, me despedía poco a poco —y por tercera vez— de la ciudad que me vio nacer. Decidí viajar a España por una boda, y terminé quedándome por un sinfín de aventuras que descubriría más adelante.

En octubre, recién aterrizada en Madrid, un día era turista y otro tenía que ser local: mientras buscaba dónde vivir, también visitaba el Hospital Universitario Príncipe de Asturias. Y bastaron pocas visitas para entender que aquellos pasillos infinitos, sin apenas luz natural, podían perturbar a cualquiera; que los gritos de algunos pacientes retumbaban como pelotas de ping-pong entre paredes, techo y suelo; y que las sillas frías y duras que acogían a todos sus usuarios no dejaban que nadie se relajara ni se sintiera en casa ni un segundo.

Yo, que en ese momento tampoco tenía casa propia entendí ahí, que un centro de salud mental es de esos espacios que te ponen en perspectiva muchas cosas: que un lugar mal diseñado puede empeorar una situación y desestabilizar hormonas, electrolitos y neurotransmisores, y que sentirse en casa —algo que yo misma perseguía esas semanas— no es un privilegio.

En diciembre de 2024 se entregó el proyecto contra todo pronóstico. Participamos varios en la entrega, por supuesto. Para entonces ya había conseguido un espacio donde vivir, ya había pasado la boda a la que vine a España y mi vida de local comenzaba a tener más fuerza. De allí en adelante, solo quedaba esperar la licitación para que alguien quisiera construir y hacer tangibles, al pie de la letra de la humanización, las rayas que un día volaron de ida y vuelta sobre el Atlántico.

En mayo de 2026, la obra terminó de ejecutarse y los usuarios regresaron a habitar un nuevo espacio, esta vez, un recinto que les sirviera de apoyo para sobrellevar el día a día que ya de por sí fácil no era.

Nota: las fotos de la obra terminada aún no se pueden publicar por derechos reservados, cuando se pueda, actualizaré el post.

Como dice mi querida Marta: “la arquitectura no es neutra”, y después de haber cruzado un océano buscando mi propio lugar en el mundo, lo entiendo mejor que nunca. Por eso vale la pena detenerse a explicar cómo intentamos cuantificar la mejora que se ha aportado en este proyecto.

En espacios de salud mental encontramos tres tipos de usuarios, nuestra ancla a tierra en el desarrollo de la propuesta:

  • En el caso de los pacientes, el espacio no es solo un contenedor pasivo; actúa como una herramienta terapéutica activa, algo así como un tercer terapeuta. Medir el resultado aquí es evaluar cómo la arquitectura reduce el estrés agudo, fomenta la autonomía y previene crisis.

  • El familiar que visita a un paciente psiquiátrico carga habitualmente con un profundo desgaste emocional, culpa o ansiedad anticipatoria. El entorno arquitectónico suele ser el primer filtro que modera o amplifica ese sufrimiento.

  • Los profesionales sanitarios (psiquiatras, enfermeros, auxiliares, personal de seguridad y limpieza) sufren niveles altísimos de burnout y fatiga por compasión, exacerbados por entornos laborales ruidosos, de baja visibilidad o con riesgos de seguridad mal gestionados.

Fue así como supimos cómo abordar el proyecto: qué colores, materiales, formas y elementos usar; qué espacios conectar con otros; cuánto y qué tipo de mobiliario incluir.

A mí solo me queda la satisfacción de haber contribuido a un proyecto como éste porque, si hay algo que tenemos en común quienes colaboramos en él, es que el bienestar del usuario va por delante de cualquier decisión al momento de trazar, medir o presupuestar un m². Quizá migrar, buscar casa y visitar un psiquiátrico al mismo tiempo, te pone en perspectiva el concepto de “lugar seguro”.

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