Lee el podcast de Los rostros del mal T1: Dorothea Puente, la casera asesina · Patrick Kearney, el asesino de las bolsas de basura
Este contenido se genera a partir de la locución del audio por lo que puede contener errores.
En este domicilio de Sacramento, encontramos una horripilante historia que ocupa los titulares de hoy. Los agentes han descubierto un cadáver enterrado en esta residencia y temen encontrar más. En noviembre de 1988, la policía descubrió los restos de siete personas enterradas en el jardín trasero de una residencia en Sacramento, California. Estaba metido en ese agujero y tenía ante mí lo que parecía un fémur humano. La insospechada asesina era la propietaria de local, de 59 años, cuyo rostro se reconocería como el de una de las asesinas en serie más crueles e inesperadas de la historia. Su personalidad fue su mayor arma, porque no levantaba ningún tipo de sospechas. Va un paso por delante de las autoridades, y no solo porque logró escapar, sino simplemente por su aspecto físico y su comportamiento. Pero puede que las apariencias engañen.
Esta es la historia de Dorotea Puente. Los rostros del mal. Dorotea Puente, la casera asesina. El 10 de diciembre de 1993, Dorotea Puente de 64 años fue condenada a cadena perpetua sin posibilidad de condicional por el homicidio de tres ancianos de su residencia en Sacramento, California. Ahora mismo nos encontramos justo donde descubrí el primer conjunto de restos. El rostro de Dorotea Puente no era el de una asesina en serie. Cuando pensamos en asesinos en serie, lo primero que nos viene a la mente son hombres, lo cual es estadísticamente correcto. La mayoría de los asesinos son hombres, no mujeres. Además, era una señora entrada en años y tenía un aspecto muy modesto. Sin duda transmite una imagen de abuelita entrañable, con el pelo corto y canoso, con gafas de montura grande, vestida con recato, con una mirada dulce.
Si la miráramos sin saber nada sobre ella, como sociedad diríamos inmediatamente que es una señora mayor, inofensiva e inocente, y justo de eso se aprovechó Dorotea. Cuando la detuvieron, era una señora de 59 años, conocida en el barrio por repartir verduras de su huerto entre los vecinos, alojar a personas de bajos ingresos y dar de comer a los gatos callejeros. Pero era capaz de cometer terribles delitos, como homicidios. Dorotea Puente era propietaria de una residencia para personas con enfermedades mentales y otras discapacidades. Parecía estar muy preocupada por ayudar a los más necesitados de su entorno. Se codeaba con las altas esferas de la sociedad y parecía ser filantrópica y altruista, por lo que era una experta a la hora de ocultarse entre la sociedad, donde jamás pondrían en duda sus motivaciones.
Después del juicio y la encarcelación de Dorotea Puente en 1993, pasarían 15 largos años sin que nadie supiera nada de la casera asesina. Hasta que Martin Kuss, periodista afincado en Sacramento, se puso en contacto con Puente ya de 79 años para solicitarle una entrevista. Yo era redactor jefe de la revista Sacktown entre 2007 y 2010. En el verano de 2008, uno de los editores sugirió que le enviáramos una carta a Dorotea Puente a la cárcel. Había mantenido más o menos un silencio público desde el juicio que se celebró en 1993, así que envié la carta sin esperar respuesta por su parte. Fue como enviar una carta a lo más profundo de la oscuridad. Se trata de una persona que ha cometido delitos horribles, que representa lo peor de la humanidad.

Comments
Nothing yet. Say the first thing.
Sign in to join the conversation.