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:: Después del Futuro :: · Feb 11, 2026

Reimaginar la universidad.

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Pablo García Lamas · :: Después del Futuro ::

En los últimos años, el discurso sobre la transformación educativa se volvió omnipresente. Universidades en crisis (al menos eso dicen), estudiantes desorientados, docentes agotados, instituciones que parecen correr detrás de un mundo que ya no entienden del todo. Yo entiendo que así no podemos seguir pero el panorama se me abre tanto que, en medio de esas ramificaciones, me pierdo. Suelo hablar mucho y me gusta escuchar qué dicen los estudiantes. La incertidumbre es un tanto agobiante, tanto para los grandes como para los más jóvenes.

Todo lo que estructuró nuestras vidas en las décadas pasadas se va cayendo a pedazos y nadie entiende cómo se recompone eso, y ni hablar de que lo que deja expuesto ese desmoronamiento es todavía más turbio. Muchos suelen hablar de colapso, pero esta palabra está ligada a la destrucción de cualquier sistema, por ejemplo. Las crisis, por complejas que sean, no rompen todo pero sí reacomodan (mientras todo cruje), y ahí vamos nosotros intentando encajar en medio de una nueva transformación.

No tengo muchas respuestas cuando los cuestionamientos de los alumnos están ligados a sueldos miserables luego de dos o tres años de trabajo, mientras ya piensan que la carrera elegida no sería apta para una subsistencia digna… y aún no han terminado sus estudios. Es difícil cuando se dan cuenta que lo que sucede en el aula no es lo que se ve reflejado al momento de pasar a ser ‘empleado’.

Tampoco las adecuaciones pueden ser cuestión del docente que reacondiciona programas, articula modificaciones y colaboraciones de todo tipo y cambia semestre a semestre los contenidos porque lo que hoy es hype, en dos semanas es basura digital. Nosotros tenemos llegada pero solos no podemos. Se trata de algo sistémico: nosotros somos parte un todo que debería, al menos, ser funcional, elástico, modular, capaz de preguntarse para ajustar y cambiar.

Todo decanta en el trabajo, mientras se naturaliza cobrar cada vez peor, producto del desmoronamiento de todo lo que alguna vez, mal o bien, funcionó y hoy, no logra convencer, apañar, acompañar a nadie. Se trabaja mal, se exprime a la gente, los queman y encima les pagan mal. Yo tengo una postura frente a esto desde hace muchos años: si te pagan muy bien y debido a ello, tenés que dejar tu vida de lado, tu sueño se ve interrumpido por la noche, comés apurado y caro, tu cuerpo y tu mente llegan al mes de abril y ya estás hablando de vacaciones, algo está muy, pero muy mal.

Veo mucha gente desconectada en el aula y en sus funciones laborales, apáticos, desintersados, desenchufados totalmente de cualquier valor/sentido que estudio y trabajo pudiera proporcionar hasta hace unos años atrás. Esto es largo, profundo y no empezó ayer, viene deteriorándose desde hace décadas, solo que ahora se aceleró y que la tecnología podría llevarnos puestos. Pero esto es sólo una línea temporal que podría acontecer pero no tiene que ser así. Ya escribí algo sobre la nota de Sam Altman hace unas semanas atrás y que viene, en parte, a colación de todo esto.

En ese contexto, propuestas como la de Otto Scharmer y su Presencing Institute plantean una revisión profunda del sentido de la universidad, de su rol social y de las formas de aprendizaje que habilita. Queda claro que no es lo mismo reimaginar una universidad en el Norte global, con márgenes de autonomía y recursos, que hacerlo en sistemas educativos atravesados por precarización, desigualdad estructural y una creciente lógica de supervivencia institucional.

La nota de Scharmer parte del diagnóstico de que los modelos educativos heredados ya no alcanzan para dar respuesta a un mundo atravesado por crisis múltiples, que abarcan la ecológica, la social, la económica, la subjetiva (y la tecnológica que atraviesa todo lo anterior). Pero también corre el riesgo de deslizarse hacia una narrativa donde el cambio aparece principalmente como una cuestión de conciencia, diseño de experiencias o actualización del “sistema operativo” humano, dejando relegado o en un segundo plano las relaciones de poder, las restricciones institucionales y los conflictos reales que condicionan cualquier transformación educativa. Esto no invalida la propuesta ya que, al menos, nos permite pensar en otros escenarios posibles. Creo que recién estamos viendo la punta del iceberg respecto de los cambios que se avecinan. Para esto no te prepara nadie y creo que se pondrá a prueba nuestra humanidad y la capacidad que cada cual tenga individualmente (así como colectivamente) para abrazar los cambios sin que éstos nos dejen tirados a la vera del camino.

Los principios planteados en la nota funcionan más como una guía y no como recetas aplicables. Son útiles en la medida en que abran preguntas, incomoden a la inercia habitual y habilitan conversaciones que hoy suelen quedar fuera del aula: qué significa educar en un mundo automatizado, qué tipo de subjetividades estamos formando, qué somos más allá de lo profesional, qué lugar ocupa la universidad frente al colapso de las promesas de progreso. Ah… maldito futuro cancelado.

Entonces, desnaturalizacemos la universidad que dimos por sentada y conversemos sobre sus límites de una buena vez. Yo tomaría seriamente la invitación a reimaginar, sin perder de vista las fricciones, contradicciones y asimetrías que hacen que este ejercicio sea, en este contexto, un foco de conflicto.

Ahora sí, el texto que viene a continuación tiene su origen en la nota 12 Principles for Reimagining Universities in Times of Rupture and Regeneration escrita por Otto Scharmer en coatoría con Michael Pirson. La traducción la hizo una IA para simplificar el alcance del texto en nuestro idioma natal.

En un contexto definido por rupturas y una acelerada erosión de los fundamentos sociales, ecológicos y espirituales, los modelos dominantes de liderazgo y educación reproducen el corto plazo, la fragmentación y una mentalidad de separación. Esto deja a muchos estudiantes ansiosos, aislados e inseguros respecto al futuro. Y sin embargo, dentro de esta crisis también se abren nuevas posibilidades.

A través de talleres presenciales y encuentros en línea con cientos de educadores y líderes universitarios de todo el mundo, hemos buscado transformar las escuelas de negocios —y con ello las universidades— desde lógicas desfasadas que perpetúan la destrucción del entorno, hacia ecosistemas regenerativos que fomenten el florecimiento humano y planetario.

Lo que sigue son doce principios que no presentamos como dogma, sino como semillas vivas para la conversación, la adaptación y la co-evolución.

Las universidades deben ser ecosistemas dinámicos de innovación que interactúen con los desafíos reales del tiempo presente. En lugar de quedar como centros aislados de acumulación de conocimiento, han de integrarse con las realidades sociales, ecológicas y económicas alrededor, cultivando la regeneración y la reparación. Esto implica colaboración intergeneracional y transsectorial, y una gobernanza orientada al bien común.

Ante el avance de la inteligencia artificial surge una pregunta ineludible: ¿qué significa ser humano? La educación no debe limitarse a preparar personas para empleos, sino ofrecer entornos para examinar y desarrollar las capacidades profundas de atención, presencia, sentido ético y colaboración.

Gran parte de la educación económica y administrativa está basada en lógicas extractivas, donde el mundo es un recurso y el valor se captura en lugar de generarse en relaciones. Se propone un cambio de perspectiva: entender la economía como un sistema vivo, interdependiente y con límites planetarios.

El impacto de una institución no se reduce a lo que enseña, sino también a cómo enseña: a través de la calidad de las relaciones, la atención y el sentido de pertenencia. Esto implica prácticas de conciencia, diálogo profundo, y atención a las condiciones que permiten que la vida y el aprendizaje prosperen.

En educación hemos enfatizado mucho las competencias horizontales (habilidades técnicas), pero descuidado el desarrollo vertical: la capacidad de ampliar la atención, la intención y el pensamiento a niveles más integradores. Con la automatización creciente, el valor humano se desplaza hacia estas capacidades profundas.

La educación debe tratar los desafíos reales del mundo como materia prima del aprendizaje. Estudiantes y docentes deben interactuar con problemas reales en colaboración con comunidades y organizaciones, integrando teoría y práctica.

La naturaleza ofrece contexto y principios de sistemas vivos que pueden orientar el desarrollo humano. El aprendizaje en entornos naturales —como caminatas de diálogo o períodos de reflexión en la naturaleza— amplía y profundiza la conciencia humana.

Más allá del aprendizaje cognitivo, las prácticas sociales encarnadas permiten que los grupos accedan a significados compartidos y restauren conexiones. Herramientas como teatro social, escritura generativa o ejercicios de espejo ayudan a expandir la capacidad relacional y de sentido compartido.

El presencing (una mezcla de “presencia” y “sensing”) es una forma de percibir el futuro que desea emerger. No es futurismo abstracto, sino una experiencia vivida que involucra mente, cuerpo y relaciones, guiando la acción intencional en tiempos turbulentos.

Una universidad vive en la medida en que mantiene conexión con los desafíos existenciales del tiempo. Este principio describe un proceso de “respiración”: los estudiantes y docentes salen al mundo a comprometerse con problemas reales (“exhalar”) y luego regresan para integrar y reflexionar (“inhalar”).

La transformación del ecosistema educativo requiere “middleware”: roles, relaciones e infraestructuras conectivas que usualmente se pasan por alto, pero que son esenciales para la coherencia y la colaboración entre departamentos, disciplinas, instituciones y sectores externos.

El sistema operativo de la universidad del futuro ya está emergiendo sin estructuras pesadas ni control centralizado. La transformación profunda puede surgir a través de infraestructuras ligeras: espacios de conexión, prácticas compartidas y redes de cooperación que faciliten la acción colectiva sin sacrificar la integridad local.

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Read the original on despuesdelfuturo.substack.com

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