El tema de los microcréditos ha sido durante dos décadas una de las manías más cansinas del progresismo internacional. Y con razón, porque la teoría tenía sentido: busquemos la forma de hacer pequeños préstamos a gente en países pobres para que puedan crear pequeñas empresas, o comprarse una casita con techo. Pero, como tantas otras teorías progres, ha resultado un desastre.
Cientos de miles de millones en préstamos otorgados en las últimas dos decadas no han hecho nada para reducir la pobreza global, y de hecho agravaron las dificultades de quienes contrajeron deudas que no podían pagar, como explica el Wall Street Journal en una larga de investigación de Gabby Steinhauser, una de mis ex compas en el buró de Bruselas (las traducciones son mías):
Las microfinanzas, préstamos otorgados en comunidades sin acceso a la banca tradicional, ayudarían a las personas pobres de los países en desarrollo a iniciar negocios y alcanzar la prosperidad. Ese era el objetivo de Muhammad Yunus, economista formado en Estados Unidos, quien fue pionero en esta práctica en Bangladesh durante la década de 1970.
«En un mundo sin pobreza, el único lugar donde se podría ver la pobreza sería en los museos de la pobreza», declaró Yunus ante su audiencia en Oslo en 2006, al aceptar el Premio Nobel de la Paz por su trabajo.
Guiados por el principio de «hacer el bien mientras se prospera», las entidades de microfinanzas han otorgado desde entonces cientos de miles de millones de dólares a pobres en países que van desde Albania hasta Zimbabue. Voces prominentes como Hillary Clinton y Natalie Portman compartieron historias inspiradoras de emprendedoras que mejoraron la situación económica de sus comunidades. Además de aliviar la pobreza, las microfinanzas buscaban ampliar el acceso a la educación y erradicar la desigualdad de género.
Sin embargo, dos décadas después de que Yunus ganara el Premio Nobel, pocas de esas aspiraciones se han cumplido.
Estudios académicos, incluidos ensayos controlados aleatorios, han demostrado que las microfinanzas no mejoran las condiciones económicas de la mayoría de los prestatarios. Economistas han constatado que el exceso de préstamos de microfinanzas ha provocado crisis de impago para los prestatarios en media docena de países, entre ellos Bosnia, India y Camboya.
Gabby cita múltiples ejemplos de personas que han acabado en la bancarrota por préstamos de 20.000 dólares o menos que luego no han podido pagar, en parte por los altos intereses (superando el 100% en algunos países latinoamericanos, y las tácticas de los agentes de las entidades prestatarias, llevando a la gente al suicidio, a perder su casa y a sacar a sus hijos de la escuela para trabajar. Luego está el problema básico: en lugar de usar los préstamos para invertir en pequeños negocios, muchos prestatarios gastan el dinero en gastos médicos y otras necesidades básicas.
Aquí hay un problema fundamental que Gabby no discute. Entre los quizás 1.000 millones de personas en profunda pobreza en la tierra ahora mismo, hay un enorme porcentaje de gente de muy baja inteligencia, con muy poca capacidad de gestión de cualquier tipo de negocio y muy poca capacidad para gestionar sus propias finanzas. Y los que no son, en efecto y según los estándares occidentales, medio retrasados son semi o totalmente analfabetos, lo que viene a implicar problemas similares.
Cuando los microcréditos se pusieron de moda, todo el mundillo financiero se quiso meter para apuntarse puntos progres. Wall Street y otros bancos se volcaron en el mercado, sin ir más lejos. Compraron participaciones en entidades de microfinanzas, concedieron financiación o vendieron deuda de microfinanzas titulizada. Y llegaron fondos recaudados por agencias de desarrollo financiadas con impuestos, como la Corporación Financiera de Desarrollo Internacional de Estados Unidos (UDFC), el Banco Mundial y el propio Banco Interamericano en el que yo trabajé.
El año pasado, las entidades de microfinanzas de todo el mundo tenían préstamos pendientes por un valor de 219.700 millones de dólares, otorgados a más de 140 millones de prestatarios, según cálculos de Atlas, que recopila datos anuales del sector para la agencia de calificación MFR, con sede en Italia. Y el monto de los préstamos también se ha disparado, aumentando la carga de los pagos. Según Atlas, los prestatarios debían un promedio de $1,381 en 2025, casi el doble que en 2009. Gabby constató que algunos contratos de préstamos individuales alcanzaban las decenas de miles de dólares, lo que es una cantidad inmensa de dinero en, digamos, las regiones rurales de Paraguay.
Las pruebas tangibles de que los micropréstamos no alivian la pobreza deberían haber llevado a reconsiderar su uso como herramienta de desarrollo, escribe Gabby citando a expertos, pero el sector creó una nueva línea de negocio para entidades pequeñas y despiadadas a las que no les importa prestar dinero que para empezar no es suyo (todos los bancos de desarrollo prestan a través de bancos locales, nunca directamente) y luego recuperar todo lo que puedan con las tácticas que sean precisas, porque les importan bien poco las denuncias que se hagan contra ellos.
Hablamos de un negocio redondo de enorme rentabilidad en países en los que hay muy pocas alternativas para gente con acceso a capital y sin recursos. Y encima puedes hacer comunicados de prensa dándote palmaditas en la espalda.
Como explica Gabby, una de las primeras agencias internacionales en meterse a saco fue la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID), que siempre fue una operación de la CIA para meter agentes encubiertos e influir sobre países tercermundistas, hasta que la administración Trump la dejó sin fondos para operar el año pasado (pero tranquilos: los demócratas reflotarán a la USAID igual que tras el día viene la noche).
Mucho del dinero de USAID fue canalizado vía Acción Internacional, una ONG con base en el fortín puritano de Massachusetts, que en su historia ha fundado o invertido en más de 100 entidades de microfinanzas en todo el mundo, incluyendo Estados Unidos. Mucha gente vive del paripé de los microcréditos. Sigue Gabby:
Un punto de inflexión se produjo en 2010. Políticos del estado indio de Andhra Pradesh culparon a los préstamos de microfinanzas de una ola de suicidios. Funcionarios locales afirmaron que decenas de prestamistas, presionados para aumentar sus balances y atraer inversores extranjeros, captaron prestatarios empobrecidos sin tener en cuenta su capacidad de pago.
Yunus advirtió que las entidades de microfinanzas con fines de lucro comenzaban a parecerse a los usureros a los que supuestamente debían reemplazar.
Cinco años después, la revista “American Economic Journal: Applied Economics” dedicó un número trimestral a los decepcionantes resultados de evaluaciones aleatorias de microfinanzas en seis países. Ninguno de los estudios encontró aumentos estadísticamente significativos en los ingresos de las familias que recibieron microcréditos.
Un estudio, realizado en Etiopía, observó una disminución significativa en el consumo de alimentos entre los hogares que recibieron los préstamos.
El prestatario promedio de microfinanzas en Camboya debe más de $3,900, casi tres veces el ingreso per cápita anual promedio. La deuda promedio por prestatario supera los $6,000 si se incluyen los pequeños préstamos de las entidades de microfinanzas que ahora son bancos comerciales.
A finales de 2025, uno de cada diez préstamos de microfinanzas en Camboya tenía más de 30 días de retraso; un 7,4% adicional se había reestructurado, generalmente mediante la reducción de las tasas de interés o la concesión de un nuevo préstamo para pagar uno anterior. Esta práctica se ha vuelto tan común que tiene su propio nombre en jemer: bingvul loy, o «dinero que circula».
También se observan señales de tensión en la India, donde el porcentaje de microcréditos con al menos 30 días de retraso se triplicó hasta alcanzar el 6,2% en los 12 meses previos a marzo de 2025, según los datos más recientes.
En México, donde las entidades de microfinanzas han sido criticadas por cobrar tasas de interés anuales efectivas superiores al 400%, un prestamista popular, el Consejo de Asistencia al Microemprendedor, entró en liquidación el año pasado.
La vertiginosa expansión de las microfinanzas en Camboya a principios de la década de 2010 coincidió con un impulso gubernamental para formalizar la propiedad de la tierra. Contrariamente a la visión de Yunus de que las deudas no deberían estar garantizadas, la mayoría de los microcréditos camboyanos superiores a 3000 dólares están respaldados por las tierras del prestatario, que constituyen el principal activo tangible para la mayoría de las familias pobres.
Según la Asociación Camboyana de Microfinanzas, los microcréditos individuales ahora oscilan entre unos pocos cientos de dólares y hasta 1 millón de dólares. Esta asociación representa a las más de 80 entidades de microfinanzas del país, cuyas sucursales se encuentran en las calles principales de muchas ciudades.
Dos organizaciones camboyanas de derechos humanos han presentado una queja ante el defensor del pueblo de la Corporación Financiera Internacional (CFI), alegando que el brazo de inversión privada del Banco Mundial ignoró sus propios estándares al continuar financiando a entidades de microfinanzas camboyanas, a pesar de lo que consideran evidencia de prácticas abusivas. Una de las organizaciones afirma haber documentado 23 suicidios y decenas de casos de migración, niños forzados a buscar de trabajo y disminución del consumo de alimentos vinculados a deudas relacionadas con microcréditos.
El bitcoin secreto
El bitcoin ha bajado un 37% en lo que va de año, suficiente para que los de siempre se suban por las paredes diciendo que está a punto de perder todo su valor, pero no suficiente como para que los creyentes de puro corazón le demos la espalda a nuestra moneda favorita.
Ahora, eso no quiere decir que el mundo del cripto esté del todo comatoso. Está mayormente comatoso, pero aún sale la ocasional estrella que se dispara ante la esperanza de que sea una moneda milagrosa, como por ejemplo Zcash, una cripto sobre la que el Wall Street Journal escribió un reportaje en mayo.
Lo de mayo se lo digo porque es importante que tengan en cuenta el ciclo de los taxistas, del que he escrito con anterioridad: cuando un taxista, Dios le bendiga, les recomiende una inversión salgan corriendo, porque para cuando los taxistas están al loro es que esa burbuja ya se está deshinchando; y cuando el Journal se hace eco, eso es prácticamente el paso anterior. Si encima es una cripto promocionada por los gemelos inversores Tyler y Cameron Winklevoss (los “fundadores” de Facebook a los que robó la empresa Mark Zuckerberg en la peli The Social Network), apaga y vámonos.
Sin embargo, aquí estamos, casi dos meses después del artículo, y Zcash sigue bastante fuerte, habiéndose multiplicado por 10 en lo que va de año. Este es el veredicto del Journal sobre esta cripto (en mayo):
El énfasis de Zcash en el anonimato recuerda a algunos los inicios de las criptomonedas, cuando la privacidad se defendía como la clave de la libertad personal.
Otro factor que impulsa el auge de Zcash es la disminución de los temores de que los reguladores estadounidenses cuestionen las características de privacidad de la criptomoneda, que algunos temen que puedan ser explotadas con fines maliciosos. A principios de este año, la Comisión de Bolsa y Valores (SEC) anunció el cierre de una investigación sobre la criptomoneda.
Zcash, con 8.900 millones de dólares en circulación, tiene un valor ínfimo en comparación con el de Bitcoin. Y las criptomonedas pequeñas tienen un historial de auge y posterior desplome, lo que justifica la cautela.
Esto no ha impedido que algunos de los inversores más conocidos de Bitcoin se sumen a la iniciativa.
Los gemelos Winklevoss anunciaron en noviembre una inversión de 50 millones de dólares para ayudar a lanzar Cypherpunk Technologies, una empresa de gestión de activos digitales que custodiará Zcash.
A pesar de su reciente popularidad en el mundo de las criptomonedas, Zcash tiene una década de antigüedad.
El token fue fundado en 2016 por un grupo de científicos e ingenieros, entre ellos del MIT y la Universidad Johns Hopkins. Era esencialmente una copia de Bitcoin, pero su objetivo era solucionar lo que sus fundadores consideraban una vulnerabilidad de privacidad.
Al igual que Bitcoin, permite a los usuarios enviar y recibir fondos en un registro público. La diferencia clave radica en que Zcash ofrece a los usuarios la opción de usar direcciones protegidas, que emplean cifrado para ocultar datos confidenciales, como el remitente, el destinatario y el monto de la transacción.
(El nombre de Zcash alude al uso de pruebas de conocimiento cero, que permiten verificar las transacciones sin revelar otros detalles).
Los usuarios pueden generar “claves de visualización” para compartir los detalles de las transacciones con reguladores o auditores, pero esto queda a su discreción.
Esta característica podría otorgarle a la criptomoneda un enorme potencial comercial. Las empresas, por ejemplo, podrían usarla para ocultar información confidencial como nóminas y relaciones con proveedores.
Sus defensores afirman que también podría contrarrestar las acciones de gobiernos autoritarios que utilizan la vigilancia financiera para identificar disidentes, un objetivo que se remonta a los orígenes de las criptomonedas.
“Zcash es lo que Bitcoin debería ser. Es lo que Bitcoin pretendía ser originalmente”, afirmó Tushar Jain, cofundador de Multicoin Capital, una firma de capital riesgo que recientemente adquirió una participación significativa en Zcash.
Si bien los usuarios de Bitcoin no tienen que usar sus nombres reales en la cadena de bloques, su registro público ha facilitado cada vez más el rastreo del token. Muchas empresas de análisis de blockchain ayudan a las fuerzas del orden a descifrar transacciones “anónimas” y a investigar actividades ilícitas.
Para algunos, la capa adicional de privacidad que ofrece Zcash es una señal de alerta.
Las autoridades temen que terroristas y otros actores maliciosos puedan usar estas criptomonedas centradas en la privacidad para evadir sanciones y cometer delitos. Los reguladores de otros países han prohibido o restringido la cotización de criptomonedas centradas en la privacidad en plataformas de intercambio autorizadas.
He aquí, creo yo, lo que explica el subidón de Zcash: hay un montón de dinero negro en el mundo en busca de un amiguito. Al final, ésa es la clave: si todos los mafiosos y gente corrupta del mundo usa Zcash, la monedita tendrá éxito más allá de este momento burbuja.
Españita
Todos más pobres menos los viejos
Chocante esta gráfica de El Confidencial. En este reporte, comparan la renta media por hogar en función de la edad del cabeza de familia, entre 2002 y 2024, y constatan que ha bajado la renta de TODOS LOS HOGARES españoles menos los que están liderados por jubilados o al menos por mayores de 65 años (Observen que, en la gráfica, pone erróneamente “2022” en lugar de “2002”).

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