Termina negando cuerpos que existen y apuntando contra el único dispositivo que opera en contra del abuso intrafamiliar. Hablemos con datos.
Clara Muzzio, vicejefa de Gobierno de la Ciudad, dijo esta semana que la Educación Sexual Integral es “una trampa mortal” que “les destruyó la cabeza” a los chicos, que transmite “ideas monstruosas” a través de una “ideología siniestra”. Y remató con la frutilla del postre: “Hay dos sexos, el masculino y el femenino, y uno nace con eso”.
Lo dijo parada en “la biología” y en “la protección de la infancia”. Tomémosle la palabra, entonces. Porque si hay dos terrenos donde estas declaraciones se caen solas y Comadre pisa fuerte, son justamente esos dos.
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Cuerpos con cromosomas, gónadas, hormonas o anatomía que no entran en el molde binario. Lo estudia la endocrinología, lo estudia la genética, lo estudia la biología del desarrollo. Y existe desde mucho antes de que existiera la ESI.
¿Cuántas personas son? Los números y estudios oscilan según cómo se defina: la estimación amplia más citada (Blackless y colegas, en el libro Sexing the Body de Anne Fausto-Sterling, 2000) habla de un 1,7% de los nacimientos; una definición clínica más estricta (Leonard Sax, en el Journal of Sex Research, 2002) la baja al 0,018%.
Asi y todo, podemos afirmar que hay aproximadamente
tantas personas intersex en el mundo como habitantes tiene México. De hecho, un poco más.
Imaginate borrar México del mapa, amor! Pero el punto nunca fue el decimal. Aún con la cifra más conservadora, hablamos de millones de personas. Personas que nacieron así. Y acá viene lo más elocuente: el propio Estado que Muzzio integra ni siquiera las cuenta. El Censo 2022 preguntó por primera vez por identidad de género pero la condición intersex quedó afuera del formulario. Invisibles hasta para la estadística oficial.
El famoso “con mis hijos no” es la verdadera trampa mortal.
El 80% de los abusos contra niñas, niños y adolescentes lo comete un familiar o alguien cercano. Las estadísticas oficiales nacionales lo confirman: el 53% de los abusos ocurre en el hogar de la propia víctima, el 18% en la vivienda del agresor, el 10% en la casa de un familiar.
La Organización Mundial de la Salud estima que 1 de cada 5 mujeres y 1 de cada 7 varones fueron víctimas de abuso sexual en la infancia.
¿Qué hace la ESI frente a eso? Le da al chicx dos cosas que en su casa puede no tener: las palabras para nombrar lo que le pasa, y un adultx de confianza fuera de casa a quien contárselo.
Esto está todo medido, eh! El Ministerio Público Tutelar de la Ciudad (de la misma ciudad que Muzzio es Vicejefa) analizó sus casos y encontró que entre el 70 y el 80% de los adolescentes de 12 a 14 años que pasaron por su Sala de Entrevistas Especializada pudieron comprender que lo que habían vivido era un abuso después de recibir clases de ESI. Sobre el total de todas las edades, la cifra es de 3 de cada 10. La entonces asesora Yael Bendel lo resumió así: la ESI les dio la información para entender que fueron víctimas y, a la vez, abrió un espacio de confianza en la escuela para poder contarlo.
Sin ESI, esos chicos no habrían tenido ni las palabras ni el lugar. Se habrían quedado solos con el abusador.
Lo que más me impresiona de Muzzio no es lo que no sabe. Es lo rápido que cambió el libreto. En 2021, como Ministra de Espacio Público, era la funcionaria que hacía brillar el Obelisco, la Usina del Arte y el Planetario con los colores del Orgullo. La Ciudad todavía se vende al mundo —a través de su propio Ente de Turismo— como capital LGBT de América Latina, porque esa misma diversidad que ahora incomoda también factura. Mientras tanto, las diversidades la pasan cada vez peor: en 2025 hubo en la Argentina un crimen de odio contra personas LGBT+ cada 38 horas —227 casos, un 62% más que el año anterior, según el Observatorio Nacional de Crímenes de Odio—, y las principales víctimas volvieron a ser las mujeres trans.
¿Será que frente a la falta de estrategias y posicionamiento los vientos que soplan hacia la derecha radical la volaron a la Vicejefa?
De aquella funcionaria de los monumentos iluminados a esta que repite los eslóganes de Meloni y de Trump no hay una conversión sincera de por medio. Hay un cálculo. La guerra cultural importada —el enemigo “woke”, la “ideología de género”, el “feminismo radical”— y sale más barato inventarse un enemigo que ponerle cabeza a el escenario político actual.
Muzzio dijo defender la biología y proteger a los pibes. Terminó haciendo exactamente lo contrario.
Nada de esto es nuevo por acá. Hace un tiempo le dedicamos un episodio entero a las familias queer: charlamos con María Luisa Peralta —que gestó y crió en co-maternidad cuando en la Argentina no existía ni matrimonio igualitario ni ley de identidad de género ni fertilización asistida— y escuchamos, entre otras voces, a Paula, madre de una persona intersex. Si querés ponerles cuerpo, nombre e historia a todo lo que Muzzio prefiere borrar, empezá por ahí:
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Porque pensar en los cuidados y las infancias es lo más político que podemos hacer en épocas de resistencia.
Abrazo de gol,
Vicky.
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