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Las Cartas de Charly · Aug 23, 2026

La Oveja Negra

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Charly Country · Las Cartas de Charly

El jueves en la noche, después del motoencuentro donde la "oveja negra" fue la sensación, volvimos una hora por la carretera hasta la casa del señor Baiano, quien amablemente me ofreció hospedaje.

La noche estaba fresca, así que venía muriéndome del frío, pero a mitad de camino paramos en un pueblito, en un bar que creo haberle entendido que era de unos familiares suyos.

Había pocas mesas, pero una era muy grande.

Ahí todos me saludaron y me ofrecieron de todo. Alcohol no tomo, pero sí probé un pastel y un refresquito.

Fue muy cómico el hielo: lo tenían en una diminuta cava de anime, más pequeña que mi mano, y por supuesto el vaso que me dieron también era diminuto, así que me serví unas siete veces.

Fue muy extraño que, a altas horas de la noche (porque ya pasaba de las 12), la mesa estuviera full de frutas y la gente las comiera.

También había una olla con una sopa que no pude dejar de probar; estaba exquisita.

Todos bebían bastante y, al ratico, llegó un joven con un acordeón.

Me contaron que es música típica llamada forró; el chamo tocaba y cantaba.

El dueño de la fiesta me dijo que lo había contratado exclusivo para mí, que lo había llamado "el profesor" (uno de los integrantes del moto club Os Cobras) y que le habían comentado que yo venía para acá.

Llegamos a la casa como a las 2, muerto del frío. Había unos 18 °C, pero en moto se siente mucho más, aún más porque había dejado el suéter en la casa.

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Al despertar, se supone que el señor Baiano se iría con su familia a la playa.

Él me había dicho que yo podía quedarme solo los días que quisiera y hasta me explicó todo en la casa, pero obviamente mi intención era seguir ruta.

Quedarme solo ya era como mucho y me daba pena.

Sin embargo, todo cambió: Baiano me dijo que había otro motoencuentro, así que había decidido no ir a la playa y prefería llevarme al evento.

Salimos al mediodía pasando por el mercado local a almorzsr, y luego le dimos.

La carretera era bastante pequeña, estrecha, desolada y con muchas subidas, bajadas y curvas.

Después de hora y media llegamos a la plaza del pueblo.

Estaban armando la tarima; era el día de Santa Rita y el pueblo estaba de fiesta.

Al frente de la plaza y la iglesia había un pequeño colegio, y ahí nos llevaron.

Armamos las carpas dentro de un salón con aire acondicionado que marcaba 23 °C, pero hacía calor y estaba sudando, así que lo bajé a 16 °C. Ya verán por qué les comento este detalle.

A las 5 fue la misa y no cabía la gente.

Después arrancó el evento: tocaron cuatro bandas, una mejor que otra.

Había mucho nivel musical y lo disfruté bastante.

Baiano, a quien le habían comentado mi plan de vender cruces, en medio del evento me dijo que las sacara, que él me ayudaría.

Me llevó de mesa en mesa y él "metía la labia".

Unas cuantas personas me compraron cruces; creo que pude reunir unos $20 en media hora.

También vinieron dos canales de televisión a hacerme entrevista, y el amigo Jair, quien es el profesor de español del colegio, me ayudó a traducir.

Me quedé hasta el final porque las bandas eran realmente muy buenas.

Cuando me fui a dormir, a eso de las 2 de la mañana, ya no aguantaba el frío en la calle: estaba a 16 °C.

Cuando llegué a la habitación, el aire acondicionado seguía a 16 °C, eso parecía el Polo Norte.

Me tuve que acostar en mi colchón inflable frío, con la cobija y la almohada frías. Me puse doble pantalón, doble media y doble camisa, pero entre el frío y dos o tres viejos roncando, creo que pude dormir muy poco.

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Hoy desperté y hablé con mi amigo Jair.

Él amablemente me recargó saldo en el teléfono, yo le di el efectivo, y además me consiguió dónde mandar a lavar la ropa. Alguien vino a buscarla y me la trajo al rato, limpia y dobladita.

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Al atardecer fuimos en caravana a la loma del pueblo, donde hay una capilla y un puñado de rocas.

Allá me encaramé en lo más alto y el atardecer estuvo realmente espectacular.

Al volver, mientras conversaba en el estacionamiento con muchas personas que no paraban de hacerme preguntas, conocí a un señor con quien hablé un buen rato.

Le gustó mucho la idea de vender cruces y me compró una; otros que por ahí estaban también me compraron.

Pero este primer señor me contó que había atravesado por una depresión muy fuerte y que la palabra de Dios fue lo único que pudo sacarlo del hueco.

Así que no lo dudó: fue a su moto, sacó una Biblia y vino con mucho entusiasmo a regalármela para que me proteja.

¡Vaya compromiso!

Me parece una muy buena idea y me agrada, la cuestión es que la Biblia es realmente grande y yo ya no tengo más espacio donde ponerla; voy saturado.

Además, está en portugués.

Pero bueno, si Dios así lo dispuso, bienvenida sea.

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Mañana domingo termina el evento.

En la mañana hay desayuno, ahí recogemos y nos vamos.

Tengo ganas de seguir ruta, no sé para dónde, aunque ya salió un señor diciéndome que, si voy a pasar por Natal —que es la próxima gran ciudad a unas tres horas—, le avise porque él me ofrece alojamiento para quedarme al menos una semana.

Si me sigo quedando varios días en cada lugar, creo que nunca llegaré a Ushuaia, así que voy a meterle, porque la "oveja negra" lo que está pidiendo es pista.

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Read the original on charlycountry.substack.com

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