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Dopamina a fuego lento · Nov 16, 2025

No me hables por Whatsapp

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Carlos Fenollosa · Dopamina a fuego lento

Amas el fantástico canal de comunicación que te proporciona el chat: asíncrono, informal y divertido. Antes la única forma de hablar con alguien era verle en persona. La comunicación casual no existía: escribir una carta o hacer una llamada eran actos que requerían de una dedicación consciente y deliberada. Decidías «voy a hablar con X», y le llamabas o le escribías.

El coste comunicativo era tan alto que la gente se acercaba cada día al sitio donde esperaba encontrar a sus amigos porque, de lo contrario, no sabían de ellos en semanas. Era incluso habitual alojarse durante meses en casa de un amigo, y pasar gran parte del día juntos. Whatsapp te permite mandarles un meme, comentar la última noticia y explicar cómo te ha ido el día. Estás en constante comunicación con tus seres queridos, ¿no es maravilloso?

Odias tener que estar siempre pendiente del móvil. Has perdido el control y la propiedad de tu tiempo. La sociedad espera que respondas todos sus mensajes dentro del mismo día y, algunos, casi al instante. Tus padres hablaban con tus abuelos una vez por semana: desde casa y descolgando el teléfono. «No me llames al trabajo», se decían las parejas. «No me llames a casa», le decías a tu jefe. Pero si tú no respondes un Whatsapp en menos de una hora poco más que te dan por muerto. Por algún motivo ahora todo es urgentísimo. Hace un par de décadas inventamos una tecnología que permite que siempre estés disponible, y la sociedad la ha abrazado hasta el extremo. La posibilidad se ha convertido en obligación.

Tomando un café con Whatsapp. Imagen generada por IA.

Cuando hablar era costoso, cuando requería de un esfuerzo, de una renuncia a otra actividad se percibía como valioso. Hoy, hablar no cuesta nada, así que sólo decimos banalidades. Dawkins inventó el «meme» como una idea con vida propia, y nosotros hemos desfigurado y retorcido el concepto de tal manera que se ha convertido en un deshecho irreconocible. El meme moderno no es sino la forma final de esa comunicación tacaña, informal, cínica, irreverente, «desmenjada», que diría Pla. Recibir un meme implica que el emisor quiere comunicarte algo, pero no desea hablar, porque la cuestión no se lo merece. Tú respondes con una «reacción» de una carita riendo con lágrimas en los ojos, y así se da por cerrada la interacción. Hemos pasado del hablar por hablar al hablar sin hablar.

Lo aceptamos sin pensarlo: hablar por Whatsapp es tremendamente inferior a hablar en persona. Pero esto segundo ya no es posible. Seguro que te has planteado si sería posible volver atrás. No te engañes: es imposible ir contracorriente. Desinstala Whatsapp y quedarás incomunicado del mundo. ¿No me crees? Haz la prueba. Por mucho que te quieran tus amigos, no te llamarán para quedar cada vez que se ven ellos. No recibirás los vídeos de tus sobrinos empezando a caminar. Si intentas volver veinte años atrás acabarás no en 2005 sino en 1925. La alternativa a chatear por el móvil no es hablar cara a cara: es no hablar.

Hablamos menos; es así. Pero aún hay algo peor. Si, en un arrebato de nostalgia, le dices a un amigo que quieres «quedar para hablar», se le pondrán los pelos de punta, le sobrevendrá un sudor frío, y pensará que te ha sucedido algo terrible. ¿Te has separado? ¿Tienes un cáncer? ¿Te vas a vivir al extranjero? «Tenemos que hablar» es la frase más temida del s.XXI, donde el concepto de hablar se ha convertido en algo traumático.

«Hablar» ha adquirido tales connotaciones negativas que, cuando dos personas quedan con el único objetivo de deleitarse con una buena conversación, lo graban en audio y lo llaman podcast. Grabarlo no es sino la excusa para que no parezca socialmente inadecuado intercambiar ideas con alguien, muchas veces, un desconocido. Quedar sólo para hablar es inaceptable, necesitamos disfrazarlo de algo diferente. Quedamos para comer, para beber cervezas o para una celebración. Si sólo queremos hablar, quedamos «para vernos». Esta es la nueva jerarquía de los sentidos: la vista es buena, el oído es malo. ¿Cuándo fue la última vez que quedaste con alguien sólo para hablar, sin micrófonos, sin cafés, sin cubertería, sólo por el placer intelectual de disfrutar con un intercambio de ideas?

Sólo hablar. Imagen generada por IA.

Aun así, si algo tiene este maldito canal que reduce la palabra a un símbolo desfigurado, es que permite mantener vivas las relaciones. Un emoji no puede hablar, pero sin embargo te dice «me acuerdo de ti». Una foto te pregunta veladamente «¿qué haces? ¿cómo estás?». Jamás llamarías a esa persona, pero sabes que se reirá con un meme. Gracias a Whastapp, al prodigioso cristal mágico que llevas en el bolsillo, vuestras vidas están conectadas. Os sentís cerca: estáis a un bit de distancia.

Debemos aceptar que Whatsapp nunca ha servido para hablar. La culpa siempre fue nuestra por usar incorrectamente esta herramienta maravillosa. Quizá, sólo quizá, lo que necesitamos es superar la era de la urgencia. Desactiva las notificaciones. Deja de responder los mensajes al instante, destruye la expectativa de que siempre estás disponible. Dile a tus amigos «si es urgente llámame». Envía un Whatsapp y queda para hablar, deleitándote en la ironía de este acto. Aquí tienes la fórmula: «No me pasa nada, sólo quiero pasar un rato en tu compañía, hablando». El impacto será prodigioso.

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Read the original on cfenollosa.substack.com

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