Empezamos con lo más leído de la edición anterior: el forocochero de la heroína en los ochenta y los noventa, un viaje horroroso que no volverá a hacer, cómo se fabrican conspiraciones.
Un lugar común al tratamiento mediático de la política actual es el de que se ha convertido en “Sálvame”. Mi impresión es que estamos empezando a dejar atrás esa fase y abrazando un nuevo estadio: el del uso de técnicas de reality al estilo de “La isla de las tentaciones”.
Los protagonistas que empujan esta tendencia no se limitan a discutir y opinar, sino que sufren y provocan peripecias para poder estar en el candelero. Sálvame era un programa parásito en sentido literal: vivía de comentar una prensa rosa exterior que tenía cierta autonomía propia (revistas, exclusivas, romances ajenos al plató) y para ello necesitaba una nómina cara de colaboradores con capacidad discursiva. El reality, en cambio, internaliza toda la cadena: las vidas externas a él no tienen interés, produce lo noticiable y toda la discusión se queda en casa. En La isla de las tentaciones no hay que esperar a que ocurra una infidelidad o una ruptura de alguien noticioso, se puede preparar y guionizar.
Hay dos figuras pujantes de esto en España. La primera es Vito Quiles, muy analizado y señalado tanto desde la izquierda como desde sectores del centroderecha. Tenemos así esta pieza de Ángel Munárriz y Elisa Silió en El País sobre su gira por universidades españolas presentada como “marketing de confrontación” o enfoques como el de El Español centrado en si lo suyo puede considerarse periodismo (las figuras del medio dicen que no, claro).
La otra es Sarah Santaolalla, tertuliana y activista que se presenta como su némesis, aunque en realidad son dos estrellas emergentes que se retroalimentan. Paula Apastegui en El Español o Alba Molina en Es Diario publicaron cronologías de sus apariciones, enfrentamientos y polémicas.
Ambas figuras se retroalimentan, véase, por ejemplo, la demanda de Santaolalla contra Quiles, desestimada informaba El País. Es justo el formato de reality que les funciona bien a ambos al presentarse pasional, cargado de emociones contra el otro, siendo protagonistas y generando la información ellos mismos. Y sobre todo, inflaman de emociones un ecosistema mediático al que ofrecen un producto informativo muy competitivo: polarizador, victimista, en el que fácilmente se puede señalar el heroísmo del propio bando y subrayar la vileza del contrario.
Y todas las semanas, como en un buen reality, pasan cosas. Aquí La hemeroteca del Buitre o Lamata en El Independiente lo reflejan muy bien: Malas Lenguas, de Televisión Española, dedicó más de 100 minutos en un mes a Quiles. Para el vídeo en plataformas y para Discover de Google, estos conflictos son perfectos: alimento constante para el negocio del ruido.
Me resultó interesante escuchar a Antonio Villareal sobre su libro “Tertulianos” (Amazon, Todos tus libros) en Carne Cruda, en el que también aparecen varios de ellos: Ramón Espinar, Ángeles Caballero, Javier Aroca, Marta Nebot o Antonio Maestre. De alguna manera me pareció el testimonio de una generación que ha dominado la comunicación política mientras otro estilo está emergiendo.
Siento más simpatía por los protagonistas de los realities que por los “jorgejavieres” de la prensa rosa. Los primeros se juegan su imagen y fama, lo ponen todo, mientras que los segundos sojuzgan desde la barrera. En la conversación pública sobre política ambos son un atajo hacia la emoción y las bajas pasiones. Así estamos.
Me extraña mucho no ver reportajes en medios españoles sobre la gente que habla con la IA en la oficina para pedirle cosas en vez de teclearlas. En los medios anglosajones lo veo mucho: Kate Clark en WSJ, Jo Constantz en Bloomberg o también The Guardian.
Eso sí, discrepo en su enfoque, en el que subrayan que aunque el trabajador sea más rápido utilizando la herramienta, lo peor es el ruido en la oficina. Anticipo altas decepciones cuando descubramos qué pregunta el compañero y con qué nivel de sofisticación.
Lo que sí he conseguido averiguar es que en España el fenómeno está en marcha. Rubén Andrés en Xataka nos trae datos como que “el 63% de los profesionales en España ha usado IA en 2026, frente al 52% en 2025 y el 50% en 2024”. Se basa en un estudio de InfoJobs que, eso sí, apunta a que el uso 100% por voz está en retroceso: del 24% al 20% entre 2025 y 2026.
Esto puede tener una explicación: es diferente dar instrucciones hablando a un modelo que te responderá por escrito a tener toda la conversación declamada porque a día de hoy los modelos de IA para esto último necesitan ser mucho más rápidos y “razonan” menos.
Te-Ping Chen en WSJ (en inglés) explica otro cambio silencioso ocurriendo: cómo los escritores están adoptando estrategias extremas para demostrar que no han utilizado inteligencia artificial.
Para ello llegan a agregar errores a propósito, utilizan un lenguaje deliberadamente informal, recurriendo a vulgarismos o tienden a incluir referencias culturales muy específicas (en el reportaje citan episodios de The Office). Entre los detectores de IA y un público general que está a la que salta, llegamos a un punto en que se asocia un lenguaje demasiado aseado, el uso frecuente de guiones largos o frases más o menos previsibles con textos generados por la máquina.
Lo más paradójico es que muchos autores que sí usan IA para conseguir el borrador del que partir editan sus textos para "estropearlos" y pasan por escritos humanos, mientras que los escritores que no usan IA a veces son acusados falsamente de utilizarla. Por aquí expliqué los motivos por los que la inteligencia artificial no se está haciendo buena en escritura creativa al ritmo que mejora en otras tareas. En todo caso, creo que la confianza sobre cómo está hecho algo dependerá de la relación que tengamos con el autor.
Me vuelvo a cruzar con uno de esos vídeos de chicas chinas saturando una calle entera, las “Homeless Streamers”. Se acumulan en una misma zona y todas parecen estar grabando el mismo vídeo:
Realmente han tenido que pasar y pasan muchas cosas para llegar a producir un fenómeno como este:
Un punto importante es que las plataformas recomiendan contenido geolocalizado a usuarios próximos al lugar de publicación: conviene una zona densamente habitada.
El “prime time” del streaming es nocturno y se concentra en pocas horas.
Se ha producido una sobreoferta de creadores en China, en parte por el enorme consumo de internet durante la pandemia del Covid, que animó a entrar en el sector a muchos que ahora se encuentran menos demanda.
Las plataformas que no comparten ingresos de publicidad: las chicas tienden a pedir donaciones basadas en relaciones parasociales. Aparecer en la calle sola (cuando es lo contrario realmente) suele incentivarlas. Esto mueve la localización a un buen barrio de gente con dinero.
Mimetismo extremo: hay una estrategia que funciona, pues todas a ello. Es mucho más una industria que un campo dado a la improvisación. La paradoja de una clase creativa que en realidad es justo lo contrario
Victoriano Izquierdo@victorianoi
Ahora mismo en Callao no cabe un Tiktoker más grabando entrevistas a adolescentes que ponen o reciben cuernos. Literalmente hay 3 grabando a la vez en 10m2 😂
7:15 PM · Jan 26, 2024 · 1.62M Vistas
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Escribe Nayín Costas que “No hay famosos para tanto ‘late show’ en España” en El Confidencial. “Cantantes, actores, escritores, humoristas o influencers saltan de sofá en sofá en una especie de maratón promocional permanente que ha terminado por generar una peligrosa sensación de déjà vu en el espectador”.
Escribo en Error500 sobre Inteligencia artificial y diagnóstico médico
Mark Leibovich en The Atlantic (en inglés) sobre cómo a sus 84 años, Ringo Starr sigue siendo una figura vital en la música, promoviendo su mantra de "paz y amor" a través de giras constantes con su *All Starr Band* y nuevos lanzamientos.
Villareal repite hoy con esta pieza en ABC sobre dos vías para evitar el rebote de peso tras dejar Ozempic. Recordaría que metabolismo y apetito son hechos biológicos, no elecciones morales.

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