Empecemos por el principio.
Jorge Martín es enfermero y fisioterapeuta con una vocación clara desde pequeño: ayudar a la gente a mejorar su calidad de vida. Lo comparte en su newsletter Desfibrilando Vidas: donde habla de salud y desarrollo personal desde lo que se va encontrando en el día a día.
Yo, como ya sabes, soy consultor de estrategia digital y estás en Dando Tecla, donde mezclo vivencias de ‘eso de emprender’, con productividad y la filosofía del LIFE: meter el trabajo, la familia y todo lo demás dentro de una misma ecuación, sin que nada se rompa.
Jorge lo dejó claro desde el minuto uno con una idea potente: de casi cualquier golpe de la vida se puede salir: perder un trabajo, una ruptura, una crisis económica pero, un problema de salud real te cambia la vida en segundos.
Lo ve cada día en su trabajo.
Por eso su convicción es que lo mejor que puedes hacer es invertir en salud antes que en cualquier otra cosa, porque el resto, al final, se va solucionando.
No puedo estar más de de acuerdo, cero fricción en esto.
Buena parte de la conversación giró alrededor de cómo ambos usamos el deporte no como hobby, sino como infraestructura de nuestro día a día.
Jorge tiene la escalada como su forma de meditar. En la pared, está completamente presente: centrado en sobrevivir en su metro cuadrado, superando obstáculo a obstáculo. También combina el entrenamiento de fuerza y dos días de cardio a la semana, lo que considera el balance perfecto. Y señaló algo importante desde su especialidad (rehabilitación cardíaca): si sólo tuviera una intervención disponible para cualquier paciente, elegiría el ejercicio físico.
Por mi parte, llegué al trail running por casualidad en 2012 y nunca lo he dejado (salvo algún parón intermitente por ‘causa mayor’). Para mí, esas 3-4 horas en la montaña no son sólo entrenamiento físico: son el momento donde ordeno la cabeza, conecto con cosas importantes y coloco ‘las piedras’ que se me van quedando en el camino.
Ambos coincidimos en que el deporte desbloquea.
Muchas veces la solución a un problema que llevas horas mirando llega mientras entrenas o justo cuando terminas de entrenar.
Jorge lo resumió con esta frase: el ejercicio físico es la polipíldora.
El mejor fármaco disponible, con poquísimos efectos secundarios si se hace con criterio.
El mayor drama actual no es que la gente haga deporte en exceso: es el sedentarismo.
Estar 10 horas sentado frente a una pantalla no está compensado por una hora de ejercicio. La persona que hace eso sigue siendo sedentaria.
También aclaró algo sobre las ultras: el problema no es correr una ultra al año. El problema es dormir cuatro horas durante meses, comer ultraprocesados de forma habitual o estar sentado sin moverse.
Eso le preocupa mucho más que un esfuerzo puntual para el que el cuerpo se ha preparado.
Jorge los ordenó con claridad:
Actividad física: lo primero y más importante. Evitar el sedentarismo por encima de todo.
Descanso de calidad: en España se le da poca importancia, pero la Asociación Americana del Corazón ya lo incluye como factor de riesgo cardiovascular junto a la hipertensión, la diabetes y el colesterol.
Alimentación e hidratación: no tan complicado como parece. Dieta mediterránea, evitar lo envasado, y ya hay mucho ganado.
Y una reflexión importante: no hace falta suplementarse ni complicarse con gadgets.
La mayoría de las soluciones son más sencillas y más baratas de lo que el mercado quiere que creamos.
Le confesé a Jorge que antes dormía 4-5 horas por sistema, convencido de que así ‘aprovechaba el tiempo’.
Hasta que empecé a ver la factura que eso me pasaba a nivel neurológico, muscular, nervioso y estomacal.
Desde que regularicé el sueño, todo cambió.
Para dormir mejor, Jorge dejó algunas recomendaciones:
Temperatura fresca en la habitación.
Sin pantallas al menos una hora antes de dormir.
Cenar pronto (no a las 10 de la noche).
Dejar los estímulos de las redes sociales antes de acostarse y cambiarlos por unas páginas de un libro.
Solo una semana de prueba y la diferencia es evidente.
Aquí tomé el relevo con algo que conecta directamente con lo que escribo en Dando Tecla: cuando estás cansado, tu capacidad de foco se desploma y el multitasking te mata.
El problema es doble: por un lado, los sistemas de notificaciones están diseñados específicamente para que no puedas desconectar. Por otro, cuando estás agotado, el cerebro va a lo fácil: comes peor, tomas decisiones peores y procrastinas más. Jorge lo confirmó desde su experiencia: después de un turno de noche, se comería todo el chocolate del mundo.
Algunas ideas prácticas que surgieron de esta parte fueron:
Cómete la rana (eat the frog): lo más difícil, al principio del día.
Getting Things Done (GTD) simplificado: captura todo, procesa, prioriza, ejecuta con foco en una sola tarea.
Snacks de movimiento: levantarse 2-5 minutos cada hora, apartar la vista de la pantalla, hidratarse. Pequeñas interrupciones que aumentan el rendimiento real.
Check-in de notificaciones cada 2-3 horas en lugar de estar disponible todo el rato. Lo urgente de verdad llega por llamada. Lo demás puede esperar.
Carlos compartió una reflexión que le había llegado de cristina garay (newsletter Lo que mi perro me enseñó) y que encajaba perfectamente en la conversación: gran parte del cansancio no viene de la carga de trabajo real, sino de los open loops: esa disculpa que debes, esa tarea que llevas meses posponiendo, esa conversación que sigues sin tener.
Son como programas corriendo en segundo plano que consumen energía sin producir nada.
La solución es sencilla, aunque incómoda: o la tienes o no la tienes. Pero no la dejes ahí flotando.
Jorge mencionó que usa mucho la matriz de prioridades (urgente/importante en cuatro cuadrantes) y yo añadí algo que estoy trabajando mucho últimamente: hay que distinguir entre lo que es urgente para ti y lo que es urgente para los demás.
En el trabajo sanitario se ve claro: todo el mundo llega a urgencias convencido de que su caso es el más grave. Jorge contó la anécdota de una chica de 18 años convencida de que llevaba cinco días con un infarto…
… La solución no es ponerse borde, sino hacer pedagogía con paciencia: explicar el triaje, los recursos limitados y que hay personas que realmente pueden morirse si no se les atiende antes.
Esa misma lógica aplica al trabajo y a la vida: aprender a verbalizar “esto no es urgente para mí, aunque lo sea para ti” es una habilidad que muy poca gente desarrolla.
Una de las reflexiones más potentes del final: vivimos en una época donde todo tiene que ser ya, corto, en 90 segundos.
Eso ha cambiado cómo la gente se relaciona con la salud: Jorge lo llama el Amazon de la salud.
Todo el mundo quiere recuperarse en el menor tiempo posible, con el menor dolor posible, sin entender que los procesos tienen sus tiempos.
Y la IA lo está acelerando. Cada vez más gente llega auto-diagnosticada con algo alarmante que ha buscado en internet, o ha consultado a un chatbot a las 3 de la mañana.
Frente a eso, ambos detectan una corriente que está resurgiendo: volver a la calma.
Tomarse el tiempo que hace falta. No pasa nada si un vídeo dura una hora y media, si merece la pena, se ve.
No hace falta partirlo todo en micro-píldoras.
Si algo de lo que hablamos te gustó, puedes encontrarnos aquí:
Jorge Martín: Desfibrilando Vidas en Substack
Carlos Jonay Suárez: Dando Tecla en Substack
Y por supuesto, ver el video completo que tienes arriba.
Se quedaron varios temas en el tintero, así que habrá segunda parte.
¡Hasta la próxima! 👋🏼

Disponible para iOS y Android

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