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Cami Jannon · Jul 20, 2026

Odiar es para flojitos

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La gente fuerte ama. Ama un montón.

Habitualmente diría que pensé mucho antes de escribir esto.

La realidad es que esta vez sentí mucho antes de pensar, y mucho antes de poder ponerlo en palabras.

Quienes me conocen de cerca saben que no soy de las que miran fútbol cada cuatro años.

Este año me pasó algo distinto. Y no porque en 2022 Argentina haya salido campeón. Sino por un fenómeno particular que vengo siguiendo, por lo bajo, hace varios años.

Lionel Andrés Messi. Y, junto a él, su tocayo, Lionel Scaloni.

Si bien no tenía las fechas agendadas de cada partido, este año tenía ganas de verlos.

Me puse nerviosa. Me emocioné con esos goles sobre la hora. Y lloré al verlo llorar.

Leí, a mediados del Mundial, una frase que decía algo así como: “llora Messi y lloramos todos”.

Y eso me pasó durante este mes y algunos días que duró la Copa del Mundo.

Messi me genera una profunda admiración por un motivo muy simple: el tipo ama profundamente lo que hace. Y dedicó su vida, a pesar de las derrotas, las dificultades y el qué dirán, a hacerlo posible.

No voy a caer en el discurso de “nunca se rindió”, aunque sea cierto.

Lo que más me conmueve es otra cosa.

Siento, desde afuera, que incluso cuando perdió, nunca dejó de ser él.

Y quizás por eso me emociona tanto.

Ver a alguien permanecer tan fiel a sí mismo durante tantos años me resulta profundamente esperanzador.

Su legado va mucho más allá de no sé cuántos campeonatos o Balones de Oro. Va mucho más allá de una Copa del Mundo.

En una nota dijo algo que me quedó grabado: “Quiero que me recuerden por ser buena persona”.

A Messi lo admiro por su coherencia. Por haber pagado el precio para estar donde está. Y por amar profundamente lo que hace.

Y no, para nada creo en esa idea de “si amás lo que hacés, no vas a trabajar un solo día de tu vida”.

Si algo quedó claro al mirar su recorrido es que trabajó como pocos para cumplir su sueño de ser campeón del mundo.

Y en el camino se encontró con su tocayo, Lionel Scaloni.

Si Messi representa la coherencia con uno mismo, Scaloni representa algo igual de difícil: construir un lugar donde esa autenticidad pueda existir junto a otros.

Juntos supieron hacer grupo. Armar equipo.

Juntos le mostraron al mundo que se puede sentir. Que se puede llorar en cámara de alegría y también de tristeza.

Ambos representan una forma de liderazgo que hace poco aprendí a nombrar: liderazgo compasivo.

Ayer, en la conferencia de prensa de Scaloni, verlo quebrarse hablando de su equipo, de lo que construyeron juntos y de esa humanidad compartida, me hizo pensar en dos palabras.

Grandeza y fortaleza.

Y, para mí, ambas están conducidas por un sentimiento hermoso: el amor.

Argentina recibió mucho hate estas últimas semanas. Odio real.

Y con eso quiero cerrar.

Odiar es para flojitos.

La gente fuerte ama.

Ama lo que hace.

Ama a su gente.

Ama el camino, incluso cuando duele.

Ama tanto que encuentra razones para volver a intentarlo una y otra vez.

La gente fuerte ama un montón.

Nos leemos pronto.

Un abrazo,

Cami

Fuente de la imagen de portada: El Economista

Read on camijannon.substack.com

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