Estuve en silencio. No porque no tuviera qué decir, sino porque lo necesitaba.
La incomodidad llegó como llega lo que insiste: primero un rumor, después una piedra en el zapato. Me pedía honestidad. Me pedía pausa. Me pedía volver a mí.
Incomodarse es fluir en la delgada línea entre lo que ya no y lo que todavía no. En ese borde me quedé un rato. Duele, sí. Y también ordena.
El lunes pasado, una charla me trajo a la realidad de un sacudón: acompaño procesos de ascensos internos casi a diario y, sin embargo, seguía postergando el mío.
Me escondí detrás de tareas fáciles. Me enojé con cosas que me salen bien pero no son el corazón de mi trabajo. Me conté que “todavía no”. Me lo creí.
La verdad es otra: este es el lugar que elijo. El lugar desde donde miro con respeto la historia de cada persona, veo valor donde el otro no lo ve, lo devuelvo ordenado y lo sostengo hasta que se vuelve identidad.
Eso es lo que sé hacer. Eso es lo que quiero hacer. Eso es lo que necesito y anhelo habitar.
La incomodidad me mostró que todavía estaba pidiendo permiso.
Permiso para escribir en femenino. Permiso para traer vulnerabilidad al plano laboral y de los negocios. Permiso para ser la profesional que ya soy: una guía que combina lo humano con lo estratégico, que ve caminos donde otros ven bloqueo, y que puede acompañar con claridad y dirección.
Dejo esa espera acá y vuelvo con una decisión: cuidar el ritmo. Decir menos y decir verdadero, al hueso. Acompañarte con historias que honran lo que ya existe en nosotras.
El ascenso interno es trabajo fino, no es un slogan que me inventé porque sí.
Es revisar lo que ya no encaja, revalorizar lo que sí, y habitar nuestra identidad profesional con la confianza de quien por fin se ve.
Si hoy estás incómoda, no huyas. Sentate con eso un momento.
La incomodidad sabe señalar la puerta. No hace falta estar “lista”, hace falta estar presente.
Y vuelvo desde ahí. Vuelvo a este diario para seguir poniendo luz donde ya hay recursos, orden donde hay ruido, y palabras donde hay intuición muda.
Gracias por quedarte.
Nos leemos pronto.
Un abrazo,
Cami
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Escribo en femenino para visibilizar una voz que no se mide por tendencias, sino por autenticidad. Una voz muchas veces juzgada, que se anima a nombrar la vulnerabilidad, la incomodidad y la desobediencia. Una voz que revaloriza la identidad profesional, ilumina la historia personal y recuerda que somos personas que llevan toda su humanidad al plano laboral y de los negocios.

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