Empieza el mundial y como buena hooligan que soy me tragué toda la ceremonia inicial. Unas cervezas, una terraza abarrotada de un bar ahora regentado por mi queridísima comunidad china, un tío impertinente y cabezón delante de mí. Todo bien. Gana México, mejor aún. También era previsible que el mundial me diera material para este espacio. Seguro que me da más.
Resulta que a la mañana siguiente empiezo a leer noticias, hilos y memes acerca de que Shakira no es Shakira. Waka waka ¿ey? Que si una doble de cuerpo. Que si las caderas “don’t lie”. Algunos apuntan a la terrible y demoledora idea de que ¡sorpresa! las mujeres envejecemos. A saber.
Sea como sea, el caso es que… ¿es real la realidad? Imposible no acordarse de aquel pedazo de libro de Watzlawick. Seguro que ya os he hablado de él, ¿no? Da igual, igual vuelvo sobre la obra en otro momento. Ahora me quedo con otra cosa: el concepto del “dividendo del mentiroso” de Bobby Chesney y Danielle Citron (2019, California Law Review), del que tuve noticia hace poco en este artículo.
A nadie le sorprende ya hablar de deepfakes, bulos, dobles, atracos a mano armada, etc. Conviven con nosotros a diario: las maquinarias varias de desinformación de toda la vida fabrican algo falso (un videito loco, una foto retocada, un yo que sé qué) y lo cuelan como verdadero. Pero el dividendo del mentiroso no necesita fabricar nada. Le basta con que existan fakes para que cualquiera pueda descartar algo real argumentando que no lo es. No añade una mentira al mundo; destruye la confianza en lo verdadero. Ya no hay que demostrar que algo es trola, para que me entendáis. Hay que demostrar que es verdad*. Quedaos con eso.
También es cierto que, una vez más, nada nuevo sobre el horizonte. Rita Felski, tirando de la “hermenéutica de la sospecha” de Ricoeur, dijo en The Limits of Critique que en la academia, eso de dudar ya no era un método sino un mood. Lo llama, tal cual, la opción por defecto de los estudios literarios. Y una cosa es investigar, preguntarle al mundo de manera honesta y veraz... y otra muy distinta convertirse en una persona crítica atrapada por la putísima sospecha, dándole vueltas a cada palabra con guantes de látex, como si toda frase escondiera un cadáver. Lo cierto es que no hay salida por arriba: cuanto más interrogas la sospecha, más se multiplica; le cortas una cabeza y le salen tres, como a la hidra. Sospechar de la sospecha es más sospecha. Que es, justo, lo que quiero decir: comprobar no siempre calma la ansiedad, muchas veces es la ansiedad. (Y sí, sigue habiendo mucho teórico de la cultura dando por saco con las palabras; en eso, para que conste, Felski estaría de mi lado.)
Ni los estudiosos con la cabeza como un portaaviones ni los conspiranoicos de las redes se vuelven más rigurosos por sospechar más. Lo siento. Es más: las imágenes que nos llegan por la pantalla ya vienen casi con el sello de default fakeness puesto, falsas por defecto mientras no se demuestre lo contrario. De esto hablaba Aidan Walker mencionando a Ruby Justice Thelot (se me van viendo los favoritos, ningún problema). A mí lo que me ocupa hoy no es que todo sea falso o lo parezca, sino que todos sospechamos. Por defecto. Y la de recursos (cognitivos, emocionales y hasta materiales) que se nos va en eso: el día entero ejerciendo de forenses de la realidad, no vaya a ser que nos la metan doblada. La mirada como una navaja, la metáfora que propone Ingrid Guardiola por aquí: ya no miramos las imágenes, las diseccionamos. ¿Dónde está la mosca? ¿Aquí o aquí?
Ha pasado/ va a pasar otra cosa loca que voy a enlazar con todo esto. El 4 de agosto lanzan un juegazo que se llama Big Walk. Su eje es… caminar y comunicarse con amigos a distancia a través de walkie-talkies, megáfonos y cosas así. La verdad que tengo mazo de ganas de jugar, seamos sinceras. Pero en este texto donde estamos divagando sobre cómo lo falso se está haciendo gigantesco resulta que, además, nos estamos empeñando en crear simulacros de las realidades naturales que, aparentemente, tenemos más al alcance de la mano. Un videojuego para pasear, socializar y estar con los panas en el campete pegando voces. Pensadlo por favor. Es como si al bueno de Josep Maria Esquirol le hubieran hecho un surimi de su libro La resistencia íntima. Él, que propone la cercanía frente a lo tecnificado… pues toma Josep: un videojuego para simular eso también.
Último hecho. Nerea Pérez de las Heras me salta en el scroll de TikTok y me escupe esta obra maestra en la cara. Tenéis que verlo antes de seguir leyendo.
Me imagino entonces el autobús de Nerea. Monto en mi cabeza toda esa economía circular de mala hostia, enciendo el ventilador de basura y lo analizo con todo el asombro y el cariño que puedo, porque yo también voy ahí subida. Me juego el pescuezo a que la mitad de esa gente, además de sufrir un autobús en Madrid en junio (que ya es un drama per se), iba con el móvil en la mano. Scrolleando. Sospechando. ¿Era Shakira o no era Shakira? ¿Este vídeo de gatitos de WhatsApp es IA? ¿Esa de ahí es Nerea Pérez de las Heras? Otra capa de agobio encima del agobio: la duda permanente, ya no sobre el vecino que te pisa, sino también sobre el contenido, sobre la realidad misma.
Maritaxi puede pagarse el taxi y ahorrarse el autobús. Y creo que, cuando se va a sus clases de pilates o a ese paseo por la sierra con olor a pinos de verdad, no solo se aleja de los demás: se aleja también de esta sensación constante de que la realidad se está haciendo pedacitos en una trituradora de papel. Maritaxi no solo habita la brecha del buen humor, también la de la certeza.
🦞 Joan Fontcuberta > Deconstructing Osama Mucho antes de los deepfakes, este barcelonés ya se incrustaba la cara en los vídeos de Bin Laden de Al Yazira recitando La canción del pirata con subtítulos en árabe. Persona favorita.
🦞 La mosca detrás de la oreja > Beatriz Palacios + molaría Mi Rufi siempre la mejor. Siempre encontrando el lado bonito de todo. Sospechar puede ser muchas más cosas. Tendréis que buscar. (Buscad bien, que igual os topáis con alguien conocida ahí dentro.)
🦞 La Revoltosa > waka + GL6RIA Qué rica una gaseosa con su hielito y su limon. Qué gracia me ha hecho el titular, son su coma. Y el rediseño. Y es que el nombre de esta marca siempre fue guay. Viva Chapí. Encima GL6RIA pone los dibujos y es el tatuador más majo de España. Creo que la gastronomía está en profunda expansión porque existe un anhelo de realidad enorme. Lo palatable no se puede sustraer. Aún.
🦞 Gifs > Nata Metlukh En concreto este. Yo también cojo taxis, más de los que querría.Y también la mayor parte de mi trabajo lo realizo desde casa. Pero estoy en un limbo del que siento que no puedo salir. Ese autónomo emprendedor al que le prometían el cielo pero que se va cayendo en ciertas brechas mientras la cabeza le va echando fuego. Una y otra vez. Ojo. Hay gente que no tiene ni silla sobre la que girar.
Gracias siempre por estar ahí. Por leerme. Por pensar y pensaros y pensarme. Por tomaros un rato. BOGAVANTI está siendo toda una marejada. Una galerna vista desde aquella habitacioncita de Suances. Ando aprendiendo, siempre, y es genial hacerlo a vuestro lado. Una y otra vez.

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