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BOGAVANTI · Jul 22, 2026

Bustos parlantes

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Natalia Mirapeix Bedia · BOGAVANTI

Ya somos campeones del mundo por segunda vez y España sigue quemándose de manera absolutamente incontrolable y triste. Cal y arena. Yo estoy envuelta en una vorágine de trabajo y cosas varias que han hecho que esta publicación se retrase una semana. Seguramente suceda lo mismo con el siguiente episodio de LA DERIVA. Pero bueno, me acaba de decir el bueno de David Puente, que una cosa que define mi trabajo visto desde fuera es el concepto de “desubicada”. Y me gusta. Me gusta eso de que no me veais venir.

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Vayamos al hueso de hoy: yo creo que cada dos meses (como poco) alguien me dice que me haga influencer. Influencer en el sentido más corporal de la palabra porque yo la chapa la doy en muchos sitios y de muchas maneras. Ya decía la Princesa Leonor que ella tiene influencers que hacen no sé qué con las bacterias, haciendo referencia a esa idea que todos comprendemos: la influencia (incluso la masiva) ha existido toda la vida. Y yo desde mi humilde posición pues hago lo que puedo. Pero si pensamos hoy, en julio de 2026, qué es un influencer pensamos en un cuerpo y en una cara. Con suerte en un busto parlante que emite juicios, opiniones y montón de improperios. Lo de los improperios está muy de moda, especialmente si son machistas. El machismo siempre está de moda, ser un bocachancla está de moda. Xokas es sencillamente alguien muy cansino, la verdad.

El mensaje sexual secreto de la cabeza habladora de Art Attack de Disney  Channel
Nuestro querido cabezón de Art Attack <3

Volvamos a lo de ser influencer: me lo dicen y lo pienso. Incluso lo deseo. Incluso gente maravillosa como Agencia Brillo y mis chicas de El travelito me han ayudado (y mucho) a mejorar en la medida de lo posible mi presencia digital. Pero nada. Me maldigo una y mil veces por no ser capaz de armarme de ese tipo de desparpajo. Tengo otro… pero no ese. Y es que parece que ser influencer es la putísima gallina de los huevos de oro de nuestra época. No se trata solo de ser influencer como objetivo, sino que ser influencer se ha convertido en el medio único y fundamental para ser “alguien”. Entro en internet buscando información sobre mi fascitis plantar y ahí tienes un podólogo influencer. Es majísimo y buenísimo pero su éxito depende de su exposición facial y corporal a las masas. Hola podomanu, eres encantador. Pasa lo mismo con casi cualquier disciplina. En la cultura, las tendencias y la filosofía, también. Parece que tienes que ser un muñeco parlante. No basta con pensar: tienes que performar que piensas. Aparecer. Hacer gestos. Memes. Podcast. Contenidos.

El formato influencer se ha vuelto la gramática por defecto de la presencia pública: existir en lo cultural equivale, cada vez más, a exponer el cuerpo en tiempo real. Qué puta movida.

Llámalo dismorfia, llámalo terror fotográfico. Me la pela. El caso es que no puedo con lo de verme en cámara. Me aterra. Es una experiencia espeluznante, fatídica, atroz, mortal. En LA DERIVA o aquí mismo, en BOGAVANTI, la densidad del medio es menor. Hablo de densidad como habla Kevin Munger aquí. El video tiene la característica de que condensa contenido e imagen. Tiene ideas y tiene contenido visual. Y lo tiene todo a la vez, no existe una distancia mediadora entre una cosa y la otra. En este escrito me escondo detrás de las líneas. En LA DERIVA detrás del audio. En ambas, detrás de un lapso de tiempo aunque sea otro tiempo ficticio, diferido.

Surge entonces un fenómeno demoledor: no solo soy una tarada sino que pierdo, por esa incapacidad de mostrarme, la posibilidad de tener la validación, el sello extra, el ISO 900000 que me daría ser influencer en el sentido estricto.

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Saliéndome de mí misma, vayamos a la idea macro. Estamos confundiendo dos cosas que los mismísimos romanos ya sabían separar y que Hannah Arendt rescató más adelante en el libro “Entre el pasado y el futuro”. Me refiero a la idea potestas, el poder hacer que pase algo, y auctoritas, el crédito que hace que te crean sin necesidad de obligar a nadie a hacerlo. ¿Tienen derecho a hablar los influencers de lo que les de la real gana? Todo el del mundo. Pero es cierto que antes, para que cierto tipo de conocimiento llegara a mucha gente, alguien tenía que darte un “pase”. Para que se me entienda: la enciclopedia tenía una puerta de acceso, un señorín que leía lo que habías escrito y decidía si entrabas. Ese señor podía ser un cretino y responder a unos poderes fácticos concretos… pero el hecho es que existía. Y por eso salir ahí significaba algo muy concreto: esto lo ha mirado y validado un alguien.

Encyclopedia Britannica was my childhood Google – Considered Normal
1984 kiddo

El feed no tiene ese tipo de puerta. Llegar a mucha gente ya no demuestra que nadie te haya controlado de esa manera. No hay revisión por pares en TikTok mi gente. En primer lugar y por encima de todas las cosas, triunfar en el feed demuestra que se te da bien llegar a mucha gente. Significa que priorizas tu cara, porque lo premia el algoritmo. Y que eres simétrico, que también lo prioriza el algoritmo. Y que utilizas ganchos, por lo mismo. Y por supuesto que no enseñas pezones si eres una mujer, ofendes al estado genocida de Israel y otra serie de cosas de las que hoy no hablaremos aquí. Conseguir ser influencer de esos que invitan a eventos, y que te crean sin más validación que la del algoritmo, quiere decir que has conseguido lo que Arendt reservaba a la auctoritas: que te obedezcan sin necesidad de forzar a nadie. “Se usa la fuerza cuando la autoridad fracasa”, decía ella. Y al algoritmo ya no le hace falta. Magia Borrás.

Porteros siempre ha habido, ya lo he dicho. Pero ahora está todo tan centrado en la imagen. Es todo tan ocularcentrista… Que no es en absoluto extraño que el cuerpo y la intimidad en su totalidad se hayan convertido, de hecho, en uno de los motores mundiales de la economía digital. Y no hablo de OnlyFans como mercado de la carne y lo carnal como bien desglosa este artículo, que también, es que todo el boom del culto al cuerpo va de esto.

Si la corporalidad es la validación de la verdad contemporánea, sólo un cuerpo perfecto nos da el acceso a la legitimación por parte del grupo, de la sociedad, del mundo entero*. Es lo que Foucault llamaba un cuerpo dócil en Vigilar y castigar. Ese cuerpo que se somete y se perfecciona hasta merecer un “aprobado”. Y es que además no hace falta que nadie nos vigile desde fuera eh. No solo está este pudor a que me veais. Esta este pudor previo terrible, este meter al vigilante dentro. Ese es el panóptico de Foucault: la cárcel en la que el preso, sabiéndose mirado siempre, termina vigilándose a si mismo. Ese boomerang asesino de quererse visible. Ay.

Claro, si a día de hoy ganarse la jurisdicción última de las ideas la da tener un cuerpo chulísimo pues era de esperar que la IA se emplease a fondo en crear una pléyade de influencers virtuales. Es fácil, es barato y lo dicho: te da potestad para lo que tu decidas. Vender cursos, frascos de vitaminas o, peor, expandir ideas peligrosísimas. Todos, absolutamente todos, hemos caído ya en algún contenido que nos ha parecido interesante que resultaba ser una IA. Creedme, es acojonante el timo del tocomocho que hay en marcha con esto. Si queréis pasar miedo con cifras, Aaron Miller ha hecho las cuentas: poner a 500 microinfluencers humanos a hablar de tu producto cuesta medio millón de dólares; los mismos 500 en versión IA, 2.500. A cinco dólares el vídeo. Ya hay agencias con mil iPhones en estanterías refrigeradas fabricando ejércitos de avatares (se calcula que un tercio de los anuncios que te cruzas en TikTok son IA). Por su parte, Ryan Davis nos da el parte de daños del tema.

Pero el melocotonazo no son las caras falsas. A las caras falsas nos estamos acostumbrando, como nos acostumbramos a esas imágenes de desayunos perfectos en las cajas de Kellog’s hechas con Photoshop. El tema gordo aquí es que no se está automatizando solo la creación de contenido, sino la validación del mismo. Ahora mismo hay miles de cuentas aplaudiéndose a sí mismas las unas a las otras creando, de este modo, la verdad en curso. Se está automatizando la potestad de lo veraz porque sale a cuatro pesetas. Otro dato: el 44% de la música nueva que entra en Deezer ya la firma una maquinita.

Hay un reddit entero dedicado a la decepción que provoca el expectation vs. reality del retoque de fotos en productos y similares. Imprescindible: https://www.reddit.com/r/ExpectationVsReality

Entonces aquí ¿qué nos queda? Seguro que ya os han intentado vender la cancamusa de la originalidad, la cosita irrepetible del craft, de lo humano ¿no? Cuidado que la autenticidad también se puede replicar y convertir en otra hornada infumable de contenidos. Todo se puede performar. Todo se puede convertir en un género… ATCHUNG. Vale, entonces ¿qué? ¿No hay salida? Pues yo creo que sí. Lo que no se entrena es lo errático. Los humanos deberíamos volver a esa loca idea de no hacerlo todo bien… que era una cosa fantástica. Qué alegría me ha dado David Puente cuando me ha dicho eso de que soy una desubicada. Qué bonito ser imprecisa. Llegar tarde. No encontrar las putas gafas. Desplazar infinitamente las cajitas de Google Calendar porque no hay quien le ponga orden a esta vida loca.

¿Estoy haciendo un alegato del desastre? Puede. ¿Estoy diciendo la patochada esta de “no crezcas es una trampa”? Tal vez. Lo único que, seguro, puedo afirmar es que nosotros estamos en el lado que lanza las preguntas a la IA. Somos el interrogante del mundo. La cuestión abierta. Siempre y para siempre: pura posibilidad.

¿Dónde os llevo yo ahora? Porque no está facil el asunto, la verdad. Veamos.

Hito Steyerl

🦞 Hito Steyerl - How Not To Be Seen > La grande y única. La imprescindible. Diosa en la tierra. Madre de todas nosotras. Hito nos regaló un falso tutorial en 2013 sobre cómo desaparecer en un mundo hecho de imágenes. La tesis planteada: si la resolución determina la visibilidad para ser invisible hay que hacerse más pequeña que un píxel. Sugerencias planteadas: ser pobre, no tener papeles o ser mujer de más de 50. Nada, una perita en dulce que se proyectó en el MoMa.

🦞 Surveillance Camera Players > Colectivo neoyorquino que entre 1996 y 2006 actuó delante de las cámaras de vigilancia de toda la ciudad. Obras mudas, reforzadas con cartelería y que tenían un público de una sola persona: el vigilante. Los fundó Bill Brown, editor del fanzine situacionista NOT BORED! y en su web están guardaditos los archivos enteros de la Internacional Situacionista. E.T. MI CASA.

🦞 The Infinite Conversation > Werner Herzog y Žižek llevan desde 2022 hablando sin parar. Es posible que ni ellos lo sepan. Es una conversación infinita generada por IA que el artista Giacomo Miceli puso a emitir como advertencia sobre los clones de voz, cuando los podcasters sintéticos todavía nos parecían ciencia ficción. A mí esta obra me hace gracia porque cuatro años después ahí siguen. Como siguen los de verdad. O sea que aquí hay un paralelismo interesante: la teoría cultural, el pensamiento, cuando no consigue volverse terrenal, acaba generando el mismo ruido de fondo que lo sintético. ¿Me entendéis? Tampoco me importa demasiado.

Estoy cansado jefe. Aún tengo que hacer la imagen de cabecera y si quiero enviar esto mañana sin morir por el camino es momento de poner punto y final a este articulito. Espero que os haya gustado. Gratis 100%. Estoy preparando un informe que solo recibirán las que apoquinan, así que nada, vosotras veréis.

MUAK.

* Por eso hay más influencers normativas en absolutamente todos los gremios. También en cultura. Por eso en hombres, en cultura, se aceptan perfiles corporales menos normativos, porque no se les exige tanto. Por eso si eres fea, gorda, deforme o lo que sea esa es parte fundamental de tu ser digital. Estás obligada a ello, no puedes no hacerlo parte central de tu discurso.

Read the original on bogavanti.substack.com

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