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Saludos de Carlos Díez y bienvenidos a Flash Blues. Hoy sacamos del estante una joya con sabor a ginebra y polvo de Texas. Hablo del disco Suck It Baby del inigualable Sun Lightning Hawkins. Este vinilo editado en Francia por el sello Swing en 1985 para su serie Jazz Story es pura dinamita para los oídos. Pero ojo, aquí hay truco de coleccionista, y es que aunque se editó en los 80, este material se grabó originalmente en Los Ángeles en octubre de 1965. El disco es en realidad una reedición de su álbum Something Blue, pero con ese toque francés que lo hace especial.
En las sesiones, el viejo Lightning no andaba solo, se rodeó de una sección rítmica de lujo con Jimmy Bond al bajo y el legendario A.R. Palmer dándole a la batería. Además cuenta con el curioso y ya sí acompañamiento del trombón de John Strainline Edwin, que le da un aire distinto a lo que esperarías de un bluesman rural. Una curiosidad de este viejo zorro es que Sam no cruzó el charco hacia Europa hasta 1964 y no fue por falta de ganas de sus fans, sino por su pánico atroz a los aviones.
Le pasaba lo mismo que a mí, vamos. nubes y de los aviones. Además, su apodo Lightning le vino en los años 40 por sus dedos rápidos como el rayo, haciendo pareja con un pianista llamado Thunder. O sea que imagínate, Lightning Thunder. Bueno, y llegamos al tema del día. Bueno, antes del tema del día, también deciros que en Blue Syndicate, en nuestro blog, pues tienes, si buscas Lightning Hawkins, tienes varias entradas y hemos escuchado algún disco juntos de él, creo recordar, porque es uno de mis artistas favoritos. Y bien, el tema del día es Albigón.
Si buscas ritmo, aquí tienes ración doble. Es la segunda pista del lado A, una composición del propio Hawkins, que dura unos intensos cinco minutos y un segundo, y los críticos lo definen como un blues poderoso, eléctrico y terrenal, donde su guitarra ruge con fuerza. Es un tema que te agarra por las solapas y no te suelta. Ideal para esos momentos en los que solo quieres desaparecer y que el blues sea tu único lenguaje. Así que, como siempre, subir el volumen y dejar que el viejo Sam nos cuente cómo se las gastan en Houston.

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