Lee el podcast de FLASH BLUES - THE THRILL IS GONE - B.B. KING
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Saludos de Carlos Díez y bienvenidos a Flash Blues. Hoy subid el volumen y servíos algo fuerte porque hoy Lucille va a llorar de verdad en vuestros altavoces. Nos vamos a teletransportar a junio del 69 directos a los legendarios Estudios Highs Factory de Nueva York. Y hablamos de Complity Wall. La joya de la corona del gran B.B. King, grabado para el sello Bluesway, una filial de ABC Records. Con 43 tacos y el alma ya curtida en mil batallas y escenarios, el rey se juntó con una banda de jóvenes fieras que sabían lo que se hacían, como Hook McLannan a la guitarra rítmica, el increíble Paul Harris a las teclas, órgano y Fender Ross, Herbie Lobbill dándole a los parches y sujetándolo todo el tinglao, el magistral.
Super magistral Jerry Fingers German al bajo. ¿Queréis una anécdota de esas que solo pasan en el mundo del rock? Bueno, pues deciros que el productor Bill Swishet, que años después se haría de oro con los Seagulls, tuvo una iluminación de madrugada. Llamó a Bibi Keen a las 2 de la mañana, el pobre Keen debía estar ya frito, para decirle, oye, mira, quiero meter cuerdas en esta canción. Viví medio dormido.
Bueno, pues solo acerto de decir, bueno, vale, lo intentaremos. Y menos mal que no le mandó a paseo. Además fue en este disco donde estrenó su flamante Jason S355 con amplificador Fender, la Lucille más famosa de todas. Y ahora, pues bueno, pues nuestra pista del día. No me he podido resistir a ponerla. Ya sé que está muy trillada y es sobre la que iba la anécdota del productor llamando a esas horas a Viviquín. Es The Thill is Gone. Es un tema... que es un monumento nacional, aunque BB la hizo suya para siempre, en realidad es un cover de una canción de Roy Hawkins de 1951 que el astuto BB ya conocía de cuando pinchaba la versión original en la radio de Memphis durante los años 50.
Fue el cañonazo que rompió el muro, su primer gran éxito en las listas pop, llegando al puesto 15 del Billboard Hot 100. Los puristas pusieron... Como no, el grito en el cielo por los arreglos de cuerda de Bert Supercharts de Cotós. Pero esa atmósfera oscura y melancólica le valió a King un Grammy en 1970. Es el blues elevado a la categoría de arte eterno. Así que disfrutarla, porque cuando la emoción se va, solo nos queda el rey. Dentro música.

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