Te voy a confesar algo.
Yo soy una persona muy, muy mental.
Toda mi vida he pensado que lo desconocido se convierte en conocido simplemente estudiándolo.
No le tengo miedo a los proyectos nuevos. Ni a los retos. Ni a las decisiones grandes. Porque en mi cabeza siempre ha existido la misma fórmula. Información. Suficiente información. Y con eso me basta.
Y en gran parte, esa fórmula me ha funcionado bien.
Hasta ahora.
Porque este embarazo me está enseñando algo que ninguna otra cosa en mi vida había conseguido enseñarme del todo.
Que en la mente no está todo.
Que hay cosas que no se estudian.
Que hay cosas que solo se sienten.
Y sí, ya sé que esto es un poco lo que el yoga lleva años intentando meterme en la cabeza (bonita contradicción, meter una cosa en la cabeza para que la cabeza aprenda a soltar). Desconectar de la mente para conectar con la intuición. Escucharte a ti antes que a la teoría.
Pero esta vez ha pasado algo distinto.
No he sido capaz de fiarme solo de la intuición.
Porque crear una vida es de tal magnitud que la intuición sola, en mi caso, no me daba paz.
Soy demasiado curiosa. Y demasiado responsable, quizás. Y quería saber todo lo que esta nueva etapa iba a traerme.
Si en mi día a día me cuido física y mentalmente, ahora tenía que hacerlo mucho más. Y para cuidarme más, necesitaba entender más.
Así que durante estos primeros cuatro meses he leído. He hablado con amigas que ya han pasado por esto. Y he preguntado a ChatGPT muchísimo más veces de lo que me gustaría reconocer.
Hasta que descubrí la figura de la doula.
Yo tenía una idea equivocada de lo que era una doula.
Creía que las doulas eran mujeres que acompañaban solo si ibas a tener un parto natural, en una piscina, en tu casa.
Y en mi caso, siendo el primer embarazo, no me planteo hacerlo así.
Total.
Que esta semana, en unos días de vacaciones, la vida me cruzó en el camino con una doula. Una chica que también estaba de vacaciones, amiga de unos amigos.
Ella me explicó lo que de verdad hace su figura.
Una persona con experiencia real que te acompaña en toda la preparación al parto. Sea el parto que sea. Para que entiendas todo lo que puede ocurrir en tu cuerpo y en tu mente durante el embarazo. Y el día del parto sea como sea. Natural. Por cesárea. Con epidural. Sin epidural. En hospital. En casa. En donde toque.
Es decir, no es una figura para un “tipo” concreto de parto.
Es una figura para acompañarte en el tuyo.
Y me pareció tan tan tan valioso.
Porque sí, ya sé que tengo una matrona. Pero también sabemos que con las 3 o 4 visitas a la matrona en 9 meses, mucha información no te puedes llevar. Y muchas preguntas se te quedan por hacer.
Y esta semana, en pocos días, he descubierto cosas que no conocía. He podido preguntar cosas que llevaban semanas rondándome por la cabeza. Y he sentido algo que no esperaba.
Tranquilidad.
Tranquilidad de tener una única persona a la que preguntar. Una fuente. Un lugar.
En vez de mil pestañas abiertas y ChatGPT haciendo lo que puede.
Y me he dado cuenta de una cosa que llevo días masticando.
Estudiar te sirve. Pero no siempre. A veces lo que necesitas no es más información. Es alguien.
Alguien que ya haya estado. Que ya lo haya visto. Que te mire a los ojos y te diga “esto es normal”, o “esto no lo es”, o “esto se sabe hasta aquí y el resto lo iremos viendo”.
Si tú también estás embarazada, o lo has estado, o llevas tiempo intentándolo, y todo esto te resuena, te dejo el perfil de la doula con la que hablé.
https://www.instagram.com/tudoulagemmamarin/?hl=es
Un abrazo,
Paula 🤍

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