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La Octava Poesía · Jul 16, 2025

Nos lobotomizaron la individualidad

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Blanca Quiñónez · La Octava Poesía

Lobotomía, te quitan un pedacito de cerebro para que te alivianes.

Para que dejes de ser tú.

Para que no salgas de la norma.

Para controlarte.

En un mundo de tendencias y modas, nos lobotomizaron la individualidad, la singularidad, la diferencia, el estilo personal y ni cuenta nos dimos.

De tanto scrollear en Tiktok y perseguir la necesidad de pertenecer, terminamos por mimetizarnos todos. Y ahora, vestimos igual, hablamos igual, caminamos los mismos pasos y al final, al voltearnos a ver unos a los otros, nos encontramos con un reflejo de nuestro propio rostro.

Todos iguales. Sin esa particularidad que nos hace humanos singulares.

Hemos presenciado la muerte de nuestra individualidad en un intento de sabernos vistos, pero ahí se esconde la trampa.

El individuo sin individualidad solo es una masa no un humano. Mientras más nos alejamos de nuestras creencias, valores y forma de expresar nuestra identidad, más lejos estamos de nuestra humanidad.

De hecho, ese es el panorama perfecto en una sociedad capitalista que necesita mano de obra, seres que consuman y no opinen distinto a la ley. Si todos pensamos y somos iguales, ¿quién podría avivar el fuego?

Yo también he caído en la trampa. He traicionado a mi individualidad al modificarme entera para gustar, ser aceptada y tomada en serio. Para simplemente no ser objeto de burla.

Crecí siendo una niña rara; no esa Manic Pixie Dream Girl, que solo existe para satisfacer una fantasía masculina, sino esa otra que no tiene muchos amigos por su extrañeza. Esa que es excéntrica al momento de vestir, que se obsesiona con un tema durante meses y tiene una forma peculiar de hablar. No como un performance para ser distinta sino porque simplemente es así.

Los raros, freakies, punks, alternativos, otakus, metaleros, góticos, cholos, las chicas y chicos que visten de colores brillantes y mezclan lo que se les de la gana. Las personas que se obsesionan con los insectos, quizás con los pañuelos, con los tipos de silla y hablan con entusiasmo de ello. Las mujeres que juegan con el maquillaje como pintura sobre un lienzo y hacen de un delineador un manifiesto o esas otras que se rehusan a usar maquillaje porque simplemente no quieren. Las personas que se expresan a través de un corte de cabello, que se rapan o se pintan el cabello de cada tono del arcoíris. Todas esas personas que encarnar sus particularidades como una manera de mantenerse fieles a si mismas.

Esas que son tachadas de locas porque pintan, dibujan, hacen teatro a partir del cuerpo y escriben sus más oscuros secretos. Esas que transforman al dolor en algo más y se atreven a darle un espacio físico a través de una canción o simplemente diciéndolo en voz alta.

¿Por qué castigamos el ser diferente?

¿Por qué aislamos a esas personas que se muestran como son, seres singulares?

¿Acaso no es eso lo que somos?

Individuos con una individualidad de diferencias infinitas.

Pero no, en cambio preferimos voltear el rostro, consentir una lobotomía y aceptar que la aguja traspase nuestra cavidad ocular.

Lobotomía, te quitan un pedacito de cerebro para que te alejes de quién eres.

Lo repites en tu cerebro una y otra vez: yo no soy yo. Hasta que un día lo crees y detrás de tus ojos alguien apaga la luz.

Somos paradójicos. En palabras de Capograssi (2015): “el hombre contemporáneo ya no se interesa por sí mismo y no se interesa más que por sí mismo”. Es decir: ni le importa dejar su propio sello en las cosas, haciendo que su nombre sea distinto al de los demás, ni tampoco es capaz de traspasar la inmediatez de la vida y aspirar a algo más.

Pobres de nosotros que teniendo un regalo ancestral decidimos mimetizarnos y copiar al otro y este otro al otro y así, hasta que todos seamos la misma persona.

Así que sí, decidir utilizar esa prenda, estampado o color de ropa que no está de “moda”, sí es una decisión importante porque estás anteponiendo esa individualidad que nos enseñan a callar.

Hacer cosas que nacen desde la libre elección y no desde la obligación del rebaño, sí es transformador. No solo para nosotros como seres individuales sino también para la sociedad que cocreamos entre todos, todas y todes.

Aceptar la individualidad humana es aceptar las diferentes formas de ser humano. No solo aquellas con las que te sientes cómodo sino esas otras con las que chocas. Claro, siempre y cuando tu forma de ser humano no sea un atentado a los derechos humanos del otro. aka: abusadores, fascistas, tránsfobos, etc.

Por eso defiendo la individualidad con garras y colmillos porque no hay nada más liberador que ser una misma fuera del juicio y la performatividad (tan mandatoria para las mujeres).

Sé, en carne propia, que aterra ser percibida como diferente. Sé que es motivo de burla. Sé que es, incluso, disparador de violencia. Sin embargo, la satisfacción de saberme enteramente mía, desde mis elecciones de ropa hasta mi forma de estructurar una oración, no me la quita nadie. Ni quienes se burlan de mi extrañeza ni quienes intentan que me aleje de ella.

Cuanta belleza existe en esa pluralidad de individualidades. Cuanta oportunidad de aprendizaje coexiste en nuestras diferencias. Cuanto amor vive en que el otro vea y decida quedarse a comprender nuestras particularidades.

Mientras más nos centremos en expresar nuestra individualidad a través de acciones que nos sean genuinas, más cerca de la libertad estaremos.

En una sociedad que dicta la norma, escoger ser la excepción a la regla SÍ es revolucionario. Sí tiene un efecto político. Sí hace historia.

No hay nada más punk que ser una misma.

Esto es lo primero que escribo desde hace semanas. La vida se ha sentido pesada últimamente y hoy por fin, mientras me bañaba, llegó esta idea. Ojalá leerte en los comentarios.

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Y obviamente, un poco de selfpromo porque mañana 16 de julio inicia, en el club, el reto de 5 días de escritura introspectiva para volver a ti. Cada día recibirás un ejercicio de escritura para escribir desde el cuerpo y la creatividad. Estos 5 días son para volver a tu niña juguetona, a tu adolescente rebelde, a tu adulta perdida y simplemente escribir. No necesitas experiencia, solo ganas para crear. Además, al sumarte accedes a dos talleres en vivo vía Zoom de escritura:

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Con amor, Blanca.

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