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La Octava Poesía · Nov 9, 2025

A la mierda mi mejor versión

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Blanca Quiñónez · La Octava Poesía

Desde pequeña siempre he anhelado ser otra persona. Una más guapa. Una más sociable. Una más libre.

No recuerdo haber estado conforme con la persona que era, hasta ahora.

Hoy estoy cansada de huir de mí.

Estoy agotada de mudarme de piel cada mes para intentar ser suficiente, para intentar llenar la expectativa que de mí se espera, para cumplir el rol que me asignaron.

Yo, que habito un cuerpo que aún no amo, hoy lo miro y decido agradecerle por estar aquí.
Yo, que achiqué mi risa.
Yo, que mutilé mi grandeza al entrar a una habitación, hoy decido ser enorme.

Porque ya me cansé de vivir en guerra dentro de un cuerpo que merece vivir la vida entera.

Es irónico que en un mundo tan imperfecto, se nos exija cumplir el estándar de perfección. Para las mujeres, la perfección nace como un mecanismo de control sobre una misma, pero también para crear la ilusión de control sobre el contexto. Nace cuando la realidad fue demasiado caótica, demasiado impredecible o demasiado hiriente como para ser tolerada tal cual era. Entonces, se instaura la ilusión en la cabeza: si soy perfecta seré amada, si soy perfecta no me abandonarán, si soy perfecta seré suficiente.

La perfección es una estrategia para hacernos creer que perfectas nada malo nos sucederá. Sin embargo, en esa búsqueda (interminable) de perfección terminamos por posponer la vida.

Cuando sea más flaca, usaré este vestido.

Cuando sea más exitosa, descansaré.

Cuando sea más perfecta, seré feliz.

Mientras intentamos ganarle al dolor, terminamos por perdernos de la vida. Porque la vida es así: imperfecta, inexacta y torpe. Y nosotras también.

Mientras más perseguimos la perfección, más en guerra vivimos: con el tiempo, con el cuerpo, con las relaciones, con la vida, con nuestra existencia. Y cuando la perfección ya no basta, aparece otra promesa igual de peligrosa, pero más aceptada socialmente: “sé tu mejor versión”.

He escuchado un sinfín de veces: “se tu mejor versión” y, aunque aparentemente viene con buenas intenciones, detrás de esta frase se esconde un susurro peligroso: tú versión actual no es suficiente.

Desde adolescente crecí pensando que debía ser mejor, porque quedarme en el mismo lugar significaba estancarme. La primera vez que quise ser mejor (bajo mi versión distorsionada) fue a los 8 años, cuando realicé mi primera dieta. En una sociedad que nos plantea que la mejor versión se ve de cierta manera, una comienza a perseguir esa versión a toda costa. Sin importar la edad, contexto o proceso. Una versión diseñada para ser aceptada por otros.

Más delgada.

Más exitosa.

Más eficiente.

Más sociable.

Más carismática.

El problema con esa versión es que nace del ideal colectivo y ese ideal, a veces, choca con lo más importante del individuo: su genuinidad.

¿Y si mientras más persigo esa versión, más me alejo de quién soy?

Ahí es dónde la búsqueda por mejorar se convierte en una guerra en dónde el principal enemigo somos nosotras.

¿Y si ya no quiero cambiarme? ¿Significa eso que soy conformista?

NO.

Aceptar no cancela el deseo de cambio, solo los coloca en un lugar realista, vivo y personal a nuestra verdad íntima. La aceptación radical es un concepto central de la Terapia Dialéctico-Conductual (DBT), desarrollada por Marsha Linehan. Según Linehan (1993) “la aceptación radical significa aceptar las cosas tal como son, completa y totalmente.”

No significa estancamiento ni aprobar lo que nos ha sucedido en el pasado. Sino que implica aceptar la realidad, verla a los ojos y decidir vivir la vida a pesar de ello.

La aceptación radical es dejar de postergar la vida a causa del pasado y de la fantasía de ser perfectas.

Es comenzar a decir: Esto soy ahora. Esto es lo que sé, esto es lo que me lastima y esto es lo que deseo. Y, aún así, merezco vivir una vida llena de amor y tranquilidad.

Pero decir eso es una decision que conlleva aceptar un duelo: el de mi versión perfecta.

El día que me vi en el espejo y dejé de comparar mi versión actual con la versión pasada y futuro, me quité las cadenas. Porque tomé la decisión de que mi mejor versión es la real. Esa que ya camina junta a mí y vive la vida a pesar de lo mucho que cuesta.

Así que a la mierda las versiones irreales.
Yo me elijo así: viva, torpe, luminosa y mía.
La mejor versión de mí es la que respira aquí.

Y sí tú también quieres honrar esa versión actual, el club de escritura de noviembre es para ti…

En noviembre, dentro del club de escritura, escribimos para honrar la niña que fuimos, la mujer que somos y seremos. Este es un mes para trabajar los símbolos íntimos y el altar símbólico dentro y fuera de nuestra narrativa.

Quiero unirme🩷

En un contexto en el que las mujeres hispanoamericanas a menudo cargamos con expectativas de perfección, deberes invisibles y la presión de ser fuertes sin mostrar vulnerabilidad, este mes ofrece un espacio seguro para reconectar con nuestra voz, nuestras emociones y nuestra creatividad.

Así será nuestro mes en el club:

  • Cápsula Creativa | El símbolo personal | Miércoles 12 · actividad asincrónica

    Aprenderemos a escribir desde los objetos, gestos y lugares que guardan nuestra historia.

  • Taller 1 | Recordarme - la niña. | Domingo 16 · 10:00 – 12:30 AM (GMT-6)

    Volveremos a la niña que fuimos: escribirle, acompañarla y transformar recuerdos en semillas creativas.

  • Taller 2 | Comprenderme - la mujer. | Domingo 23 · 10:00 – 12:30 AM (GMT-6)

    Escribir desde el presente, explorar lo que sentimos y deseamos, mirar con amor a la mujer que somos.

  • Reto de 7 días | Mi altar propio | Lunes 24 – domingo 30

    Cinco días para construir un altar que te nombre y te celebre, con escritura guiada y comunidad acompañando cada palabra.

Este un mes para navegar tu magia, celebrar tus logros y abrazar tus cambios. Una oportunidad para hablarte bonito y hacer del amor, un ritual para observarte todos los días.

Me comprometo a honrarme🖋️

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Read the original on blancaaquinonez.substack.com

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