Se habla mucho de las personas más ricas del planeta. Los billonarios. Ese es el parámetro y lo que le interesa a la sociedad del siglo XXI.
No hay, en cambio, una lista de las personas más felices o las más amables, o las más aventureras, o las más saludables. Nos interesa la riqueza, las propiedades, las joyas, los aviones.
¿Qué tipo de sociedad es la que centra su bienestar en cosas materiales?
A la vista está. Una sociedad enferma.
No es un diagnóstico cerrado, pero si es una lista de cosas que puedes comprobar ahora mismo.
Hoy. Ahora.
Mientras lo lees.
No me refiero a ocho horas de sueño profundo. Me refiero a esto: mañana no pongas despertador. Observa a qué hora abres los ojos.
Si despiertas entre treinta minutos antes y treinta minutos después de tu hora habitual, sin pastillas, sin ruido, sin miedo a llegar tarde, entonces tienes calidad de vida.
Tu cuerpo confía en tu programación mental.
Si necesitas alarma, si despiertas sudando, si das vueltas hasta las 3 de la madrugada, entonces el cuerpo te está avisando de algunos problemas. Tu mente está peleando contra tu cuerpo mientras duermes.
Haz esto hoy: desactiva todas las alarmas del teléfono. Mañana domingo, observa sin juzgar. Solo observa.
Eso es el 95% del trabajo. Las conclusiones se sacan solas.
No me refiero a contestar un WhatsApp con un audio de cinco minutos. Me refiero a esto: llama a alguien hoy. Habla 20 minutos. De verdad.
No una llamada para contarle tus problemas. Ni tampoco pidiéndole que te riegue las plantas al irte de vacaciones. Solo preguntándole cómo está y escuchando la respuesta sin preparar un consejo mientras habla.
Si puedes hacer eso (sin que te lo pida, sin esperar a que te necesite) tienes pulso vital y un canal de comunicación verdadero con un amigo. Un árbol en el que recostarte sin arrancarle un fruto.
Pero si no tienes ni un amigo así, no es grave. Lo urgente es que no tengas amigos que te roben energía. Uno solo que esté ahí, sin interés de por medio, compensa todo lo demás.
Haz esto hoy: identifica a esa persona. Llámala mañana. No envíes un mensaje. Una llamada. Si no tienes ni una, ese es el diagnóstico real.
No digo “haz deporte tres veces a la semana” Digo esto: camina mañana una hora. Sin teléfono. Sin podcast. Sin intención de quemar calorías.
Camina porque caminar es lo que hace un cuerpo que no está en pánico, que no está compensando ansiedad con hipertrofia de gimnasio.
Eso es movimiento real. No es disciplina. Es hábito. Como lavarte los dientes. Tan simple como respirar.
Si tu rutina es ir al gimnasio “para verte bien”, eso más que cuidarte es cuidar tu perfil en redes sociales.
Si tu rutina es salir a caminar porque tu cuerpo lo pide, eso sí es vida.
Haz esto hoy: mañana, cero teléfono. Una hora. Lo que dure. Observa si tu mente se pelea contra el silencio o si se relaja en él. Esa respuesta es la que buscas.
No es elitismo. Es química cerebral.
Abre hoy mismo un libro que tengas cerca. Lee tres páginas. Ciérralo.
Mañana, tres páginas más. Pasado mañana, tres más.
No necesitas un plan de lectura de seis meses. No necesitas un Kindle. No necesitas que sea un clásico. Necesitas romper el ciclo de que todo lo que entra a tu cerebro llegue de una pantalla que parpadea 60 veces por segundo.
Un libro no es una camiseta que compras y guardas. Es una bandeja de fruta. Si no lo consumes, caduca. ¿Cuántos libros has comprado que no has leído?
Haz esto hoy: busca ese libro ahora. Toca la portada. Huele el papel. Mañana, tres páginas. Es todo.
Mis libros son muy amenos. Por si acaso el enlace.
Este es el test real.
Desactiva todas las notificaciones del teléfono mañana por la mañana. Una hora. Solo una.
¿Qué pasa cuando nadie te avisa de nada? ¿Pánico? ¿Paz? ¿Te inventas cosas que revisar?
La gente enferma no puede estar sin ser llamada. Necesita que alguien le diga qué es importante. Necesita que la red social le diga en qué pensar.
La gente sana puede perder una hora sin saber si el mundo se quemó.
Haz esto hoy: por la tarde, desactiva todo. Mañana, una hora de silencio total. Si los primeros 15 minutos son infierno, ya sabes dónde está el problema.
No una respuesta. Una pregunta.
“¿Para qué estoy aquí?” “¿Qué estoy dejando sin hacer?” “¿A quién le estoy mintiendo?” “¿Cuándo me volví tan cobarde?”
Si no tienes una pregunta que te mantenga despierto probablemente estés dormido de verdad.
La gente ocupa sus días para no pensar. Llena el silencio con ruido. Llena la pausa con tik tok.
Haz esto hoy: siéntate 10 minutos sin nada. Sin música, sin libro, sin teléfono. Observa qué pregunta emerge. La primera que aparezca es la que necesitas.
Esto es brutal.
Estamos en una sociedad donde evaluamos a las personas en base a lo que visten, llevan, conducen, poseen.
Haz esto hoy: en el próximo encuentro con alguien, antes de hablar, observa si tu mente está haciendo un inventario (reloj, zapatos, bolso) o si está presente.
Si tu primer impulso es calcular, tienes un problema que ningún dinero va a resolver. Si puedes mirar a alguien sin esa traducción automática al valor de mercado vives con salud.
La gente enferma llena el calendario para que no quede espacio para las preguntas incómodas.
“Estoy muy ocupado para pensar en si estoy desperdiciando mi vida. Estoy muy ocupado para preguntarme si soy feliz. Estoy muy ocupado para notar que hace tres años que no tengo una conversación de verdad.”
Haz esto hoy: abre tu calendario de la semana que viene. Cuenta cuántas horas tienes sin comprometer. Si son menos de cinco, pregúntate: ¿estoy ocupado o estoy huyendo?
Porque la ocupación, sea real o falsa, es un anestésico perfecto. Funciona mejor que cualquier pastilla.
Acabas de leer ocho cosas que puedes verificar mañana mismo. No son consejos baratos. Son acciones.
Cada uno de ellas tiene una sola respuesta: sí o no. Puedes o no puedes. Tu cuerpo sabe o tu cuerpo ha olvidado.
Ahora viene lo incómodo:
¿En cuántas de estas ocho cosas fallaste?
Y más importante: ¿vas a hacer algo al respecto el lunes, o ya estás pensando en el próximo artículo que lees para seguir sabiendo qué está mal sin cambiar nada?
La sociedad está enferma. Pero la pregunta no es sobre la sociedad.
La pregunta es si tú todavía tienes pulso.
P.D.: La mayoría de las personas que leen esto harán tres cosas: dirán “esto es verdad”, se sentirán identificadas en dos o tres puntos, y mañana activarán de nuevo todas las alarmas del teléfono.
Si estás leyendo esto y ya sabes que vas a ser una de esas personas mejor te borras de estas cartas. Yo solo escribo para quien está dispuesto a cambiar algo hoy, no para quien disfruta el diagnóstico de su propia ruina.
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Paz y Bien, Alvaro Neil @biciclown
Mañana nuevo capítulo de Memorias de Japón 2025: Atrapados en la lluvia. Sin anuncios a mitad de la película.
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