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Bibliofilia · Jul 27, 2025

La última actriz

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Jessie Ruetter · Bibliofilia

Hace diez días se conmemoró un nuevo aniversario del atentado a la AMIA en la Argentina. La mañana del 18 de julio de 1994, un ataque terrorista destruyó el edificio de la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA), una de las instituciones centrales de la comunidad judía en Buenos Aires. Murieron 85 personas y más de 300 resultaron heridas.

Entre los escombros del peor atentado en la historia del país, no solo quedaron vidas truncadas: también se perdió una de las bibliotecas más importantes de la comunidad. Archivos de aquellos primeros inmigrantes que habían llegado al país a fines del siglo XIX, manuscritos en idish, novelas, diarios, guiones teatrales; cientos de documentos que, en su conjunto, narraban la historia de los judíos en Argentina. Todo voló por los aires.

“Nadie piensa en los papeles cuando se mueren personas”, escribe Tamara Tenenbaum al comienzo de La última actriz (2024). Esta novela, que leí de un tirón el año pasado y que luego presté a mi mamá y a mis amigas, avanza en fragmentos, entrelazando tiempos y voces, en un intento por recuperar las huellas de lo que se perdió.

La última actriz (2024), por Tamara Tenenbaum. Editorial Seix Barral.

La comunidad judía de Argentina es la más grande de Latinoamérica y también una de las más grandes del mundo. Entre los que viven en Buenos Aires, hay ortodoxos, conservadores y reformistas. Hay ashkenazíes (que descienden de Europa del Este) y sefardíes (de la Península Ibérica). Llegaron en distintas oleadas desde finales del siglo XIX y a lo largo de los años construyeron sus propias sinagogas, escuelas, centros culturales y clubes sociales, conformando una extensa red de vida comunitaria en distintos barrios de la ciudad.

Para todos ellos, la tragedia de la AMIA significó un antes y un después: el atentado reveló la vulnerabilidad de la comunidad y la desprotección estatal que permitió que el ataque fuera posible. Si bien la vida judía continuó latiendo con fuerza, hasta el día de hoy no se han encontrado los culpables del crimen. Por eso, cada 18 de julio, cientos de personas se reúnen para pedir justicia frente al edificio reconstruido de la institución.

En este contexto, treinta años después del atentado, Tamara Tenenbaum presenta en su novela a Sabrina, una joven judía de Buenos Aires que hubiera querido ser actriz, pero que nunca fue lo suficientemente buena. Terminó estudiando Artes y, casi por azar, dedicándose a investigar el teatro idish en el país.

La reconstrucción de esta historia es un desafío: el teatro, por naturaleza, es efímero. Se apaga tras la representación. Pero el teatro idish se perdió aún más: primero porque el idish, la lengua que hablaban los judíos ashkenazíes cuando llegaron al país, se fue olvidando con el pasar de las generaciones y muy pocas personas hoy la dominan; segundo, porque el auge del teatro idish en Buenos Aires quedó en el siglo pasado. Por último, y más importante, porque los archivos y guiones de estas obras se redujeron al polvo con la explosión de la AMIA.

Libros de la biblioteca entre los escombros de la AMIA. Gentileza de Nicolás Maslo.

Sabrina, entonces, sigue pistas dispersas: anuncios, revistas viejas, testimonios de gente mayor. Reconstruir la historia del teatro idish es como armar un rompecabezas con piezas que faltan. Su pareja, que es a la vez su director de tesis, no termina de entender su obsesión y la hace dudar de sus búsquedas. Hasta que ocurre el descubrimiento: en una caja polvorienta que le llega de parte de un coleccionista, Sabrina encuentra un cuaderno viejo. Es el diario de Jana.

Jana es una joven de veinte años que trabajaba en la AMIA en los años 60, administrando los servicios funerarios del cementerio judío de la institución. De día, atiende a familias en duelo; de noche, ensaya teatro en idish. Mientras tanto, en una libreta que guarda bajo el cajón del escritorio, escribe sobre el encierro que siente dentro del círculo compacto que es la comunidad judía porteña, sobre la presión de su madre por encontrarle a un candidato a novio, y su ambición de convertirse en actriz en un idioma que casi nadie habla ya. “Una lengua muerta para un teatro muerto”, le dice con ironía su amiga Hinde.

Pero a Jana el teatro idish la fascina. Con su grupo, revive El Dibbuk, un clásico basado en un mito bíblico sobre almas errantes y mujeres poseídas, atrapadas entre lo que desean y lo que se espera de ellas. Una obra sobre un judaísmo que se hereda y se transforma en cada generación, que puede liberar tanto como oprimir, y que ofrece a Jana un espacio en el que reinventarse desde la ficción.

Tamara Tenenbaum.

Tamara Tenenbaum nació en Argentina en 1989, en una casa judía ortodoxa, comunidad de la que se alejó en su juventud. Es filósofa, periodista, guionista y dramaturga, y explora temas relacionados a la vida judía en varias de sus producciones. En su obra de teatro Las Moiras, lleva el mito del Dibbuk al escenario, explorando las tensiones entre mujeres judías de distintas generaciones. En su libro Reconocimiento de terreno (2017), escribe sobre su padre, quien murió en el ataque a la AMIA cuando ella tenía solo cinco años.

En esta novela, superpone las voces de Sabrina y de Jana para seguir hilando fino en estos temas y explorar el lado B del atentado: ¿Qué hace una comunidad cuando pierde su cultura material? ¿Adónde quedan las historias que cuentan los libros que ya no existen?

Los días posteriores al atentado, tras rescatar a los sobrevivientes, jóvenes estudiantes y académicos se hicieron las mismas preguntas y escarbaron entre los escombros del edificio en busca de los restos de la biblioteca. Con la destrucción de los libros se perdió el orden y, en palabras de la autora, “la posibilidad de reconstruir el pasado con cierta seguridad”.

Entre el polvo y los cascotes despedazados del edificio, la tarea era compleja. Luego de días de búsqueda lograron recuperar papeles y archivos comunitarios que luego pasaron por un proceso de restauración y hoy se pueden consultar en la nueva biblioteca comunitaria.

Libros rescatados del atentado. Gentileza AMIA.

En La última actriz, décadas después de la tragedia, Sabrina lee a Jana, la reconstruye, la sigue y también la rescata. Se obsesiona con su diario, porque quizás en sus páginas encuentra un eco de sí misma y de su historia. A través del teatro, ambas mujeres—una en los años 60, otra en el presente—descubren nuevas formas de pensarse y de posicionarse en el contexto que les toca vivir.

Esta es una novela sobre los textos y la memoria, sobre las complejidades de la tradición judía y sobre los similares dilemas femeninos en épocas muy distintas. Por sobre todo, es un libro sobre lo que permanece: aunque el teatro se disuelva tras la última función y los archivos puedan reducirse a cenizas, siempre queda alguien que busca. Que lee. Que insiste en recordar.

Gracias por llegar hasta acá.

Este último mes no escribí mucho en Bibliofilia pero leí bastante. Si estás de vacaciones y buscás un buen libro, te comparto los tres que más disfruté:

  • Crac, de Josefina Licitra, es una crónica de no ficción sobre la relación truncada entre la autora y su padre. Josefina reconstruye con precisión periodística la historia del exilio de su padre en Madrid durante la última dictadura en Argentina, y el limbo en que quedó su vínculo desde entonces. Un relato crudo que leímos y discutimos con mis compañeras de un taller de escritura, y que despertó opiniones bien contrapuestas.

  • La materia prima, de Cynthia Edul, es un ensayo en el que la autora narra la historia del negocio familiar de telas en Argentina, y el lazo íntimo que ella hereda con el mundo textil. Su relato se entrelaza con un historia más amplia: la de la tela misma, desde los orígenes de la humanidad hasta hoy. Un librito corto que encontré en la preciosa librería Mandolina y que leés en una tarde.

  • Primera persona, de Margarita García Robayo, es una colección de ensayos y cuentos breves escritos, como indica el título, en primera persona. La autora recuerda su infancia y adolescencia en Colombia y sus problemáticos primeros amores. Reflexiona sobre la maternidad y sobre las tensiones de escribir bajo la etiqueta de mujer latinoamericana. Lo compré en una librería en Bogotá y fue un descubrimiento. Recomiendo muchísimo para ir leyendo de a poco.

Acá abajo te comparto la nota sobre mis recorridos por librerías en Bogotá, de las que me llevé otros libros que recomiendo.

Ojalá pases un lindo domingo. Como siempre, nos leemos.

Un abrazo,

Jessie

Read the original on bibliofilia.substack.com

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