Los abogados son, probablemente, los profesionales mejor preparados para la IA. Y son también los que más se resisten a ella. Esa contradicción me vuelve loco y me tiene pensando desde hace una semana al menos.
Hicimos un curso para abogados con la gente de Ambar ese día en un workshop con un grupo de abogados. No vengo a contar del curso, fue solo la excusa. Vengo a contar lo que aprendí ahí.
Durante años, el derecho premió la memoria: quién se sabía la jurisprudencia, quién recordaba el artículo exacto, quién tenía más casos en la cabeza. Pero esa nunca fue la verdadera habilidad de un buen abogado. La memoria era el peaje de entrada. Lo que distingue a un gran abogado es el criterio: saber qué pregunta hacer, qué argumento sostiene y cuál se cae, dónde está el riesgo que nadie más ve.
...Y es que resulta que la IA ataca justo la parte mecánica: recordar, buscar, sintetizar, redactar el primer borrador, y claramente deja intacta la parte que de verdad importa: el juicio. En teoría, nadie debería abrazar esto con más naturalidad que un abogado, porque nadie sabe mejor que él que el valor nunca estuvo en la memoria, sino en el criterio.
Pero pasa lo contrario. Y creo que tiene sentido. El derecho es una profesión construida sobre la prudencia, el precedente y la responsabilidad de cada palabra. Desconfiar de una herramienta nueva no es terquedad: es el mismo instinto que hace bueno a un abogado. El problema es que ese instinto, aplicado aquí, puede dejar fuera a quien más tenía para ganar.
Lo que vi ese viernes, hace dos semanas, fue justo ese momento de tensión: profesionales excelentes pasando de “¿esto me reemplaza?” a “¿dónde libera mi criterio para lo que de verdad aporta valor?”, y creo que esa pregunta lo cambia todo.
La división no va a ser entre quienes usan IA y quienes no. Va a ser entre quienes la dejan ocuparse de la memoria para concentrarse en el criterio, y quienes siguen confundiendo una cosa con la otra.
Será entre quienes la dejan ocuparse de la memoria para concentrarse en el criterio, y quienes siguen confundiendo una cosa con la otra.
¿Cuánto de lo que crees que te hace bueno en tu trabajo es criterio... y cuánto es memoria que todavía no has soltado?

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