Mi Claude Code ahora habla Venezolano...
Era domingo por la noche aquí en Arteixo. Viendo twitter vi una opción que no había visto antes: output style. Le dices a la herramienta cómo quieres que te hable. Hay uno por defecto, sobrio, eficiente. Y hay otros. Me pregunté, y si me habla como Venezolano?
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Aunque llevo 25 años en España, el venezolano me llama. La riqueza en la jerga (slang) Venezolano es brutal, por eso no lo dude, me puse a hacer un Output Style al estilo Venezolano (en este github te dejo como lo puedes instalar).
Después de trabajar un ratito con Claude, me empezó a hablar Venezolano. Lancé una pregunta cualquiera. Algo de código. Y la respuesta me llegó así:
“Encontré el bug. Línea 42. Falta un null check. ¿Lo mato ahorita?”
Me quedé mirando la pantalla.
Veinticinco años de “vale” (y no me molesta), pero como echaba de menos ese ¿Qué pasó mi pana?
...y es que llevo más de la mitad de mi vida fuera. Madrid. Vacaciones donde toque. Españita. Coste, vale, tío, vosotros, joder. Mis hijos dicen “vosotros”. Lo dicen sin acento, sin esfuerzo, como quien respira.
Yo también. La verdad es que ya casi todo me sale así. A menos que hable con un Venezolano.
El acento es algo que me falta trabajar. En Venezuela soy el gallego, en Madrid soy el sudaca. Soy apátrida, pero llevo mitad de mi vida en España. Mi castellano, no es de aquí ni de allá... es de todas partes. Lo tengo internalizado... claro que si.
Llevo años hablando de la IA como amplificador humano. De que no nos sustituye, nos revela. De que las herramientas que usamos terminan moldeando una versión de nosotros que vive dentro de ellas.
Pero no había pensado esta parte.
Y mientras tanto, otra voz, la que aprendí primero, la que usan mis amigos, la que escucho en mi cabeza cuando me muero de la risa escuchando a George Harris, esa voz se queda guardada. Esperando. Sin desaparecer, pero sin salir.
Cambiar el output style de un editor de código no es nada. Es una línea de configuración. Una tontería. Pero esa tontería activó algo que no sabía que tenía pendiente.
Lunes por la mañana, me levanté temprano y llevo una horita trabajando con Claude hablándome en venezolano. Y estoy escribiendo mejor. Más rápido. Con menos miedo. Como si el código y yo nos cayéramos mejor cuando el código habla como mi pana de toda la vida.
No es que sea más productivo por la jerga. Es que es la primera herramienta profesional, en años, que no me pide que deje una parte de mí fuera para usarla.
Y ahí entendí algo: la IA no solo te puede dar la respuesta. También te puede dar la voz en la que querías oírla.
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