Mirad a vuestro alrededor o si no estáis en casa, mirad estas fotos.
Tened en cuenta que estos espacios no terminan de ser 100% reales y que caen bajo la categoría de curated spaces, es decir, espacios ordenados perfectamente desordenados para las fotografías.
Esa pila de libros en la esquina de vuestra habitación a la que no les haceis caso desde hace seis meses pero que no podeis deshaceros de ellos porque os los habeis leido veinte veces y son vuestros favoritos, o ese collage de fotos que teneis encima de vuestra cama de vuestros viajes, amigos o familia. Aquella manta de sofá que comprasteis en una feria y que es vuestra preferida porque no es perfecta. Ese cuadro de macarrones que os han hecho vuestros hijos en el colegio que teneis en vuestra mesita de noche o la colección de imanes de la nevera que habeis ido recolectando con vuestra/o mejor amiga/o que aunque la mayoría son bastante feos, siempre que vais a la nevera a coger algo os los quedais mirando con una sonrisa.
Cada una de esas cosas u objetos son señales de vida, signos de que ocupas un espacio y de que este ha sido adaptado a tus preferencias. A nivel psicológico es algo que ofrece confort al usuario, y hay un estilo en concreto que parece evitar esto a toda costa y que mi cerebro no tolera.
(Lo entiendo como estilo, pero me parece algo forzado y un poco antinatural, pero ahora os lo explico, aunque creo que sabéis por donde voy.)
¡Así que empecemos!
El minimalismo. Para situaros, años 60, la sociedad venía del expresionismo abstracto, un movimiento que siendo sinceras/os, solo entiende la gente que ha estudiado arte en algún momento de su vida o que simplemente está interesada en este ámbito y está informada.
A lo que voy es, a que si yo le enseño una obra de Kandisnki o de Mondrian a mi abuela o a las vuestras, no van a entender qué valor pueden tener esas líneas, círculos y colores “sin sentido”. Igual que no entenderán el cubismo u otros movimientos de la Vanguardia.
Viniendo de esto el minimalismo surgió como un descanso visual y un reinicio estético de menos es más. Antes tenemos la Bauhaus en Alemania, la arquitectura moderna y pum, llegamos al minimalismo, años 60.
Fuera el color, fuera texturas, espacios en blanco, lienzos sin pintar. Materiales naturales e industriales. Paleta de colores reducida en su mayoría y solo objetos funcionales.
Y después se fusionó en los años 80 y 90 con por un lado con la estética escandinava y por otro lado con movimiento del wabi-sabi, “mejorándolo” y haciéndolo más cálido. Colores tierra, plantas y beige. Estoy convencida aunque no tengo pruebas de que de aquí salieron las beige mums.
Y me diréis, ah, ¿pero no estuvo de moda hace unos años? Efectivamente. Alcanzó su auge máximo durante los primeros meses de la pandemia (2020-2021). Estar encerrado en casa, con todas tus compras dudosas, que en tienda tenían sentido pero una vez llegabas a casa ya no lo tenían, fueron los ingredientes para el segundo cambio.
De un momento a otro, nos vimos atrapados en nuestros hogares sin mucho espacio que explorar, con pocas cosas que hacer y una crisis mundial que repercutió en nuestra salud mental seriamente. Al principio a algunos les resultó gracioso, para otros fue un descanso de tantas responsabilidades, y a otros, les sirvió para saber si la pareja con la que estaban sería la definitiva o para conocerse realmente si llevaban poco tiempo juntos (that’s tea, girl!).
Diría que fue un momento de autodescubrimiento, para todos.
Esta situación afectó a los hogares como mencionaba antes, con un cambio radical y masivo: despejar espacio, poder respirar y reducir el ruido visual. Y es que siendo realista, con la situación que tenemos de vivienda con unos precios exagerados que poca gente se puede permitir y que nos obligan a pagar, no es que tengamos muchos metros cuadrados que perder. De hecho, ninguno.
¿Ropa que no nos poníamos? Fuera. ¿Artilujios de deporte que hacía un año que no utilizabas? Esos nos los guardamos que ahora tenemos tiempo libre. Cajas y cajas de materiales de manualidades que “algún día podríamos hacer…” y “lo guardo por si acaso”? Eso fuera también. Y pum, vuelta al minimalismo.
Y llegamos a la actualidad, donde gracias a lo que sea que nos vea desde arriba, vuelve el color señoras y señores!
De repente, la gente despierta y se da cuenta de que… en un espacio donde pasa la mayor parte de su tiempo (fuera del trabajo), no…no refleja su personalidad.
¿Donde están los posters de sus artistas favoritos? ¿Los vasos de distintos colores? ¿La alfombra de baño con una frase graciosa pero comercial? ¿El estante de libros llenos de colores? No, sé, ¿una papelera de cocina de un color que no sea el maldito beige? Hasta la correa del perro tiene que ser beige? Estoy que me subo por las paredes ya. Ya paro. No podría estar más contenta de ver que vuelve el color, la textura y las señales de vida.
¿Qué opináis vosotras/os? ¿Cómo os afectó la pandemia en casa?
Os leo, un beso!
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