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La vida de asistente virtual es bastante más frenética de lo que parece. Desde que aceptas el primer cliente ya todo pasa muy rápido.
Empiezas siendo la ayuda con un par de tareas, tan solo unas horas a la semana. Algo puntual que a él le ayuda y a ti te da experiencia… (y dinero, claro, sino ya me contarás pa qué).
Sin apenas darte cuenta, pasas de ser “la que ayuda en cosas sueltas” para convertirte en “la que resuelve”. O “la que siempre encuentra cómo hacerlo”. O la que “da con la solución”. O la que “está pendiente de todo”.
Y siempre siempre: “a la que le caen los problemas marrones” 🙄.
Todo eso tiene muchísimo valor. Pero también tiene otra cara, la cara B. Porque que lo que haces parezca fácil no quiere decir que lo sea.
Repito:
Que lo que haces parezca fácil no quiere decir que lo sea.
Ser “la solución” no siempre es sencillo. Hay muchos días en los que piensas: “vale… esto no lo tengo tan claro”.
Y esto pasa no solo cuando empiezas. Pasa SIEMPRE. Porque en este trabajo siempre hay algo nuevo.
Siempre hay algún “jardín” en el que te metes (o que te meten, más bien).
Esas ideas, propuestas, fumadas locuras (ideas felices, la llama una amiga) con las que te llega un cliente una mañana. Te las tomas como ese reto de enfrentarte a algo diferente. Vale, que sí, que te atrae… pero también impone. Porque llega junto a esa sensación de que deberías saber hacerlo.
Que como eres “la que ayuda”, asusta decir: oye, esto no lo controlo.
Y esto hay dos dos maneras de llevarlo:
Decirlo tal cual.
O decir: “lo miro y te digo”… y mientras piensas: “esto va directo a la comunidad para ver quién me echa una mano”
Y en tu cabeza cambia la cosa, porque de repente dejas de estar sola con el marrón que te ha caído, y sabes que, de ese berenjenal en el que te han metido, vas a salir.
En la comunidad tienes un lugar donde contar qué te pasa, qué necesitas o qué no tienes claro, y sobre todo poder decir: “oye, esto me está superando un poco”.
Y lo que pasa después es casi inmediato: mensajes de otras asistentes.
A veces de ánimo. Otras, de “a mí me pasó lo mismo, y lo que hice fue…”, o un “yo no lo he hecho, pero igual si pruebas…”
De repente ya tienes un punto de vista en el que no habías caído. Y eso cambia la perspectiva. Porque ese “esto no lo controlo” sigue ahí, pero ya no te pilla sola.
Creo que al final no es solo conseguir resolver una tarea que no conoces, es cómo te sientes mientras lo haces sabiendo que no estás tirando sola de un carro que cada día pesa más.
Dudas igual, claro, eso seguro, pero dudas desde otra posición. Porque sabes que, si te atascas, tienes dónde acudir.
Y eso, en esta profesión, hace mucha más falta de lo que parece.
¡Feliz semana!
Esther
🟣 Esta semana en AV&Co…
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¡Nos leemos la próxima semana!
Esther
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