La pieza ausente


Conjeturo que así vino la mano: en los ‘90 (como ahora), Anagrama publicaba a Georges Perec; alguien en Anagrama, pongamos que Jorge Herralde para hacerlo fácil, recibe esta novela del francés Antoine Bello, Éloge de la pièce manquante (1998), una especie de cover u homenaje a La vida instrucciones de uso, un Perec “pasado por agua”, y piensa, Herralde, que sería una buena adición al catálogo de su editorial, así que la manda a traducir y la saca en español en 2001. En los ‘90 Anagrama publicaba también a Bolaño, un Bolaño a esa altura ya consagrado con Los detectives salvajes, y es de suponer que el chileno recibía muestras de todo lo que publicaba la casa, o que cuando se pasaba por la oficina en Barcelona, digamos para cobrar un adelanto por Una novelita lumpen o Putas asesinas, rebuscaba en la pila de novedades y se llevaba cualquier cosa que le llamara la atención, y que a lo mejor la ojeaba en el tren de regreso a Blanes, y que si pescaba su interés seguía leyendo, digamos fumando por la rambla o tomándose un café con leche en una taberna como la que describe en el último capítulo de Estrella distante. De vez en cuando alguno de esos libros le gustaba lo suficiente o le suscitaba una opinión suficientemente acabada como para tomarse la molestia de escribir una reseña para alguno de los medios de España o Chile o México con los que colaboraba por esos años. Tal fue el caso de Elogio de la pieza ausente. El libro de Bello pasa sin pena ni gloria por las librerías españolas y latinoamericanas y nunca se reimprime. Bolaño, en cambio, se muere unos años después y se convierte en un fenómeno editorial (o viceversa). Entre las muchas obras póstumas que le empiezan a publicar, aparece Entre paréntesis, que recopila su trabajo periodístico, incluida la reseña de La pieza ausente. Los devotos bolañistas que desde entonces leemos Entre paréntesis, como es natural, tomamos nota de sus recomendaciones y salimos a cazar esos libros, oscuros y olvidados en algunos casos, y con razón, y así lo hacemos con la pieza ausente, sobre todo si además de bolañistas nos fascinan los puzzles y las novelas policiales y sabemos quién es Georges Perec.



Yo busqué este libro por muchos años, en librerías y en Mercado Libre, sin éxito, y también, desde que empecé a leer en Kindle, en sitios de ebooks piratas, aunque ¿quién se iba a tomar la molestia de digitalizarlo? Después dejé de buscarlo hasta que este año conseguí en giralibros A la intemperie —una versión tímidamente extendida de Entre paréntesis, cuya existencia solo se explica porque ahora los derechos de la obra Bolaño los tiene otra editorial y corresponde seguir ordeñando esa vaca— y así volví a leer la reseña de Elogio de la pieza ausente. Y resulta que, ahora sí, al buscarlo en Mercado Libre, encontré muchas librerías que lo venden. Se lo compré a una, como nuevo, pero lo que recibí es la misma primera impresión de 2001, con las páginas un poco amarilleadas, un libro que presumiblemente estuvo apolillando 25 años en algún depósito. Y, ahora sí, pude leerlo.



Lamentablemente el libro no está a la altura de lo que me costó conseguirlo. La estructura es tal cual la describió Bolaño: una novela policial sobre un asesino en serie que elige sus víctimas en el “mundo” del puzzle (jugadores, empresarios, investigadores), estructurada a su vez como un puzzle, en el que cada uno de los 47 capítulos representa una “pieza” del misterio a resolver, y cuyo capítulo 48 queda en blanco para que el lector suministre una solución (la pieza ausente). La premisa es genial y por eso siempre quise leerlo, pero a mi gusto Antoine Bello se queda corto en todo lo que se propone. Como novela, resulta una lectura muy árida. Las piezas de este collage son reportajes, noticias periodísticas, actas societarias, relatos radiofónicos, etc., y como Antoine Bello no es Perec, esa estructura autoimpuesta nunca alberga el vuelo narrativo que encontramos en los mejores pasajes de instrucciones de uso. Como policial, al no haber casi relato y al ser pocas las piezas que aluden directamente a los crímenes, no se genera suspenso, ni hay incentivos para volver atrás, buscar conexiones y elaborar hipótesis. Como puzzle, al lector nunca le queda claro lo que está buscando ni cómo podría arribar por su cuenta a la solución estrafalaria que se presenta en el apéndice del libro. Incluso el abordaje de la disciplina del puzzle resulta insatisfactorio, acaso porque se ocupa del debate entre intelectuales y jugadores profesionales, y de las técnicas que estos últimos aplican para resolver los puzzles automáticamente (según la forma o el color de las piezas, o memorizando el modelo de la caja). No se habla, como sí lo hacía la brillante introducción del libro de Perec, del artesano que diseña los puzzles, que se anticipa a los movimientos del jugador y que propone a este último un diálogo creativo. Ni se habla de cómo esa coreografía tiene su reflejo en la construcción de una novela y en su lectura. Esa es la verdadera pieza ausente.




Facundo Olano Conjeturo que así vino la mano: en los ‘90 (como ahora), Anagrama publicaba a Georges Perec; alguien en Anagrama, pongamos que Jorge Herralde para hacerlo fácil, recibe esta novela del francés Antoine Bello, Éloge de la pièce manquante (1998), una especie de cover u homenaje a La vida instrucciones de uso, un Perec “pasado por agua”, y piensa, Herralde, que sería una buena adición al catálogo de su editorial, así que la manda a traducir y la saca en español en 2001. En los ‘90 Anagrama publicaba también a Bolaño, un Bolaño a esa altura ya consagrado con Los detectives salvajes, y es de suponer que el chileno recibía muestras de todo lo que publicaba la casa, o que cuando se pasaba por la oficina en Barcelona, digamos para cobrar un adelanto por Una novelita lumpen o Putas asesinas, rebuscaba en la pila de novedades y se llevaba cualquier cosa que le llamara la atención, y que a lo mejor la ojeaba en el tren de regreso a Blanes, y que si pescaba su interés seguía leyendo, digamos fumando por la rambla o tomándose un café con leche en una taberna como la que describe en el último capítulo de Estrella distante. De vez en cuando alguno de esos libros le gustaba lo suficiente o le suscitaba una opinión suficientemente acabada como para tomarse la molestia de escribir una reseña para alguno de los medios de España o Chile o México con los que colaboraba por esos años. Tal fue el caso de Elogio de la pieza ausente. El libro de Bello pasa sin pena ni gloria por las librerías españolas y latinoamericanas y nunca se reimprime. Bolaño, en cambio, se muere unos años después y se convierte en un fenómeno editorial (o viceversa). Entre las muchas obras póstumas que le empiezan a publicar, aparece Entre paréntesis, que recopila su trabajo periodístico, incluida la reseña de La pieza ausente. Los devotos bolañistas que desde entonces leemos Entre paréntesis, como es natural, tomamos nota de sus recomendaciones y salimos a cazar esos libros, oscuros y olvidados en algunos casos, y con razón, y así lo hacemos con la pieza ausente, sobre todo si además de bolañistas nos fascinan los puzzles y las novelas policiales y sabemos quién es Georges Perec.