¡Hola queridxs! Bienvenidos a Anuario Musical, la newsletter sobre música y todo lo que no es música. Febrero mal que nos pese, es el mes del amor, así que nos vamos a poner románticos, pero a nuestra manera.
No os dejéis engatusar con todo ese color rosa, las flores y las imágenes de un chiquillo con alas armado con un arco como en Rambo II, el amor romántico es una movida a la que hay que darle una vuelta. Por suerte ya se le está dando desde varios ámbitos, así que nosotros podemos centrarnos en otra cosa: el resto de amores. Porque si, desde Anuario Musical se defiende que el amor va mucho más allá de una pareja. Hay que querer a tu familia elegida, a tus amigos, a la gente que es importante para ti y que hace que este valle de lágrimas que es la vida sea mucho más llevadera.
Porque siendo sinceros, si tú tienes que saltar a un precipicio porque te persigue la policía, ¿con quién vas a ir mejor que con tu amiga del alma? Quizá usar de ejemplo Thelma y Louise es un poco exagerado por lo trágico de su viaje, pero un amigo de verdad saltaría por un precipicio contigo si se lo pidieras. Lo que si fue trágico fue la recepción de la cinta por según qué gente, a la que le sentó regular, y afirmó que Thelma y Louise:
“Justifica los atracos a mano armada, la masacre de hombres y la conducción en estado de embriaguez crónica, como ejercicios de elevación sin conciencia”
Está polémica incluso llegó a la portada de la revista Time, en la que se preguntaban “Porque Thelma y Louise toca la fibra sensible”. Pues la tocó porque mostraba a dos mujeres en el papel protagonista de una buddy movie, porque respondían a la violencia patriarcal de manera violenta y porque tenían un coche increíble. Y al final el tiempo puso a la cinta donde correspondía como un clásico del cine americano. Y con la portada de la revista antes mencionada, empezamos con las recomendaciones.
LA SELECCIÓN DE ANE GUERRA
VIOLET - HOLE
Febrero ha sido como pegarse en el codo con el pomo de una puerta; un dolor breve, pero de los que te hacen jurar en arameo antiguo, puño en alto, desafiando a los dioses. El mes del amor ha venido cargadito de amor malentendido, amor patriarcal, amor podrido y amor de los de "o eres mía o de nadie", que se ha visto reflejado en un aumento de casos de asesinatos machistas (llevamos una mujer asesinada cada 5 días desde el comienzo de 2026, las peores cifras desde hace más de una década), en la caída en picado de la aceptación entre la juventud del feminismo y en monstruos desenmascarados como la gente de los archivos de Epstein, el ex-DAO de la Policía Nacional, el alcalde de Móstoles y más.
Por eso, como un escudo ante todo lo que acontece, todo lo que es imposible obviar, dejar de ver, lavarse los ojos con lejía pura o tirarse tanto de las pestañas hasta quedarte como la peña de Bob's Burgers, solo quiero escuchar a mujeres gritando; me parece un lugar seguro, mucho más que la realidad (los poderes nos protegen, nosequé y tal, ¿no?). Courtney Love, que, por cierto, fue de las primeras en cargar públicamente contra Weinstein, te puede caer bien, te puede caer mal, la puedes culpar de un suicidio o no, pero nunca, nunca fue cómoda para el patriarcado, y eso la pone en mi equipo.
BEAUTY FIEND - MY RUIN
Hay dos cosas de las que me alegro muchísimo porque fueron fortuitas y marcaron mi vida tanto que no creo que hubiera sido la misma persona si no hubieran ocurrido como ocurrieron. La primera fue ser adolescente sin más redes sociales que Fotolog y MySpace y sin teléfono móvil con internet. La segunda, que jamás me gustara la música mainstream. Crecer escuchando a señoras como Tairrie B. Murphy, de My Ruin, berreando sobre por dónde se metería los estándares de belleza me amuebló la cabeza de una manera muy concreta y, seguro, amargó la existencia de mis padres, que, también seguro, hubieran preferido que escuchara, no sé, a Alejandro Sanz.
No pasó. My Ruin me enseñó que las mujeres podían hablar alto (muy alto), claro y plantarle cara a un mundo dosmilero en el que primaban valores que ahora nos parecerían dantescos. Parece una chorrada, pero pensad que hasta la terfísima J.K.Rowling publicaba sin usar su nombre completo porque vender a una mujer costaba más. En fin. Beauty Fiend. Aguantad los gritos y atentas a las letras.
LA SELECCIÓN DE C.NAVARRO
YOU CAN’T HURRY LOVE - THE SUPREMES
Yo este mes voy a mantenerme en lo clásico, en algo que nunca falla, algo a lo que siempre puedes recurrir y que nunca decepciona: The Supremes. Y es que el grupo de Detroit es un valor seguro, un icono musical de los 60, las únicas que en su momento pudieron competir con los Beatles y uno de los grupos más exitosos de la música americana. Y como buenas artistas clave, sus éxitos resuenan: ya que lo petaron con You Can’t Hurry Love en 1966 y lo volvieron a petar de manera indirecta cuando Phill Collins versionó esta canción en el 82.
La letra recrea las sabias palabras de una madre, que le explican a una joven presurosa que al amor no puedes meterle prisa, que llega cuando llega y que es un juego de dar y tomar. Unas palabras nacidas de la experiencia para que esa chiquilla frene el carro, y conozca un poco antes de verse cegada por el amor. Me parece interesante como en un momento de la canción la protagonista dice que quiere que su amor llegue ya, para poder vivir por su cuenta junto a su amado. Vestigios de otra época donde la forma de salir del núcleo familiar era formar uno propio casándote, y luego siendo una ama de casa que bebe vino a las 12 de la mañana, pero eso no sale en la canción.
CALL ME THE BREEZE - LYNYRD SKYNYRD
Aquí nos vamos a poner serios, porque está canción sale del libro que más me ha hecho llorar en mis 34 años de existencia. Estoy hablando de Vives en las cintas que me grabaste, de Rob Sheffield. Si no lo conoces, agárrate porque la cosa se va a poner jodida. Este es el primer libro de Sheffield, periodista musical de larga trayectoria, y en él cuenta como conoció a su gran amor, Renée, y como su amor compartido por la música los hacia ser una de las parejas más odiosamente bellas de los 90. Como no podía ser de otra manera, el libro es una carta de amor a la música del momento, el grunge, pero sobre todo a Renée, con pasajes verdaderamente preciosos en los que su historia se entrelaza con la música y las cintas que se grababan entre ellos.
Pero como ya he dicho, es una historia jodida, y después de medio libro contando lo felices que eran, como iban a conciertos y a tiendas de discos como un matrimonio feliz, llega el giro despiadado: una mañana de 1997 Renée cae muerta a causa de una embolia pulmonar. A partir de ahí, el libro es prácticamente un diario de duelo, donde Rob Shieffield intenta asimilar la muerte repentina de su esposa, su gran amor, y que lo único que le queda son las cintas que ella le había grabado. Si he elegido Call Me The Breeze de Lynyrd Skynyrd para hablar de Rob y Renée es porque esta canción suena en uno de los momentos más bonitos del libro, que cito a continuación:
¿Alguna vez habéis atravesado Carolina del Sur con una chica sureña, en un coche a toda pastilla, y ha empezado a sonar “Call Me The Breeze” de Lynyrd Skynyrd en la radio? ¿Una tarde soleada de domingo, con las ventanas bajadas y sin ningún lugar al que regresar? Yo no lo había hecho nunca. Tenía 23 años. Renée puso la radio a todo volumen y empezó a cantar a grito pelado. […] “Bueno”, pensé yo, “he malgastado toda mi vida hasta este momento. Cualquier otro coche al que me haya subido solo me ha servido para llegar hasta aquí, cualquier otra carretera por la que haya pasado solo ha servido para llegar hasta aquí, cualquier otro asiento de copiloto en el que me haya sentado me ha traído hasta aquí”. […] No puedo imaginar estar en ningún otro lugar que no sea en este coche, con esta chica, en esta carretera, escuchando esta canción. Y si me rompe el corazón, con independencia de lo que me haga pasar, habrá valido la pena, tan solo por este momento.
CODA
Pues hasta aquí, el Anuario Musical de febrero, cargado de amor, de muerte y de rabia. Un poco como la vida misma, el motor del espíritu humano, el eros y el thanatos y todas esas cosas. San Valentín está bien, pero quizá un detallito los otros 364 días tampoco estaría de más. Queremos creer que este consejo en 2026 es un poco de cuñado, pero por si acaso.
Como siempre, dejamos la playlist del Anuario, nuestros perfiles de redes y os emplazamos a la siguiente newsletter. El mes que viene volvemos con más música y más de lo que no es música, un abrazo y hasta la próxima.
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