Aquello que deseas poseer puede terminar poseyéndote.
No hay nada malo en desear. El deseo mueve el mundo. Nos empuja a aprender, crear, amar o mejorar. El problema aparece cuando deja de ser un impulso y se convierte en una obsesión. Cuando lo superfluo se vuelve imprescindible.
Como le ocurrió a Karen, la protagonista de Los zapatos rojos de Andersen. Deseaba tanto unos zapatos rojos que hizo lo indecible por conseguirlos, convencida de que eran lo único que necesitaba para sentirse completa.
Pero, una vez los consigue, los zapatos se adueñan de ella. Comienza a bailar sin descanso. El deseo de unos zapatos de baile se convierte en un baile perpetuo. Baila de día. Baila de noche. Baila agotada. Baila mientras suplica que alguien la libere.
Lo que empezó siendo un objeto de deseo acaba convirtiéndose en su prisión.
Los zapatos rojos de Karen son hoy nuestro coche, nuestro reloj, nuestro móvil, el reconocimiento, el éxito, el cuerpo perfecto o ese número de seguidores que creemos necesitar.
La industria del consumo lleva décadas perfeccionando una habilidad extraordinaria: convencernos de que nuestra felicidad depende de aquello que nos venden.
Y, cuando por fin lo conseguimos, más allá del estallido de dopamina del unboxing, descubrimos que la promesa de felicidad venía vacía. Las promesas duran muchísimo menos que las cuotas.
Entonces llega el siguiente deseo. Y después otro.
Epicuro decía que la riqueza no consiste en aumentar las posesiones, sino en reducir los deseos innecesarios.
Cuanto menos necesita alguien para sentirse pleno, más difícil resulta manipularlo.
No pretendo que esta carta sea una crítica al consumo, sino una reflexión sobre la libertad.
La próxima vez que desees algo con intensidad, hazte una pregunta sencilla:
¿Este deseo es realmente mío o me lo ha inoculado alguien que espera mi dinero, mi atención y/o mi tiempo?.
Porque las cadenas no siempre están hechas de hierro. A veces tienen la forma de unos zapatos rojos.
Gracias de corazón por leerme cada semana.
Comparte esta reflexión para ayudarme a que llegue a más personas.

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