«Toda la sabiduría humana se encierra en estas dos palabras: esperar y confiar.»
Al final de El conde de Montecristo, cuando Edmond Dantès se despide, deja a Maximilien una carta cuyo mensaje se ha convertido en uno de los más memorables de la literatura y que hoy he recordado para Entropía.
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«Maximilien:Text within this block will maintain its original spacing when published
No hay felicidad ni desgracia en el mundo; solo existe la comparación entre un estado y otro. Solo quien ha conocido la desgracia más profunda puede apreciar la felicidad suprema.Text within this block will maintain its original spacing when published
Era preciso haber querido morir, Maximilien, para saber cuán hermosa es la vida.Text within this block will maintain its original spacing when published
Vive, pues, y sé feliz, hijos queridos de mi corazón, y no olvidéis jamás que hasta el día en que Dios se digne revelar el porvenir al hombre, toda la sabiduría humana se resume en estas dos palabras:Text within this block will maintain its original spacing when published
Esperar y confiar.Text within this block will maintain its original spacing when published
Vuestro amigo,Text within this block will maintain its original spacing when published
Edmond Dantès, Conde de Montecristo.»
Es un final extraordinario porque resume la evolución completa de Dantès.
Al comienzo de la novela cree que el mundo se rige por una justicia absoluta y que él mismo está llamado a ejercerla a modo de venganza. Sin embargo, su verdadera metamorfosis llega cuando comprende que ningún ser humano puede usurpar el lugar del destino. Que la vida siempre desborda nuestros planes, nuestros juicios y nuestras certezas.
Entonces descubre que todo se reduce a vivir, amar y aceptar que hay un tiempo para cada cosa.
Esperar no significa resignarse. Significa concederle el tiempo necesario a la vida para que despliegue aquello que todavía no alcanzamos a comprender.
Confiar no implica tener todas las respuestas. Implica seguir caminando incluso cuando el sentido de lo que estamos viviendo nos permanece oculto.
Quizá por eso, después de cientos de páginas de aventuras, traiciones, prisiones, fortuna y venganza, Alexandre Dumas sintetiza toda la sabiduría humana en esas dos palabras: Esperar y confiar.
Pero sin olvidarnos de actuar.
Con cariño.
Antonio.

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