Creo que la primera ocasión en la que llegó a mis oídos la expresión rubricada en el titular fue en un vídeo de una charla TED de Emilio Duró. Sustancialmente, se trata de no conformarse con una comodidad establecida y atreverse a ir a por nuevos retos.
Lo cierto es que al principio el mantra me chirrió un poco (y, spoiler, lo sigue haciendo en muchos aspectos). Pensaba que el problema radicaba en alcanzar esa zona de confort. Con lo que cuesta llegar a ella y ahora quieren que nos salgamos.
He reflexionado mucho sobre la utilización de ese lema y barrunto que quizás no ha sido del todo bien usado. O, más bien, que no es posible homogeneizarlo para todas las personas y en todos sus momentos vitales. Realizando un poco de introspección, creo que yo he entrado y salido varias veces de esa zona de confort. La clave es que lo he hecho cuando me ha apetecido, bien porque había algo que me motivaba, bien porque me encontraba en una época que sentía adecuada para dar el paso.
Soy firme defensor de que si algo te da miedo, pero te llena de ilusión, debes ir a por ello. «Si te da miedo hacer algo, hazlo, aunque sea con miedo». También me declaro admirador de la gente que tiene un trabajo envidiado por muchos y decide dejarlo todo por una aventura o un sueño. Casos como el de un tipo al que conocí con un buen cargo en un banco que lo dejó porque quería ser actor, personas que detienen su vida para viajar un año en caravana, que van a la otra punta del mundo para probar una nueva existencia. O como la ahora maestra de escritores, Ana González Duque, que dejó su carrera profesional como médico para vivir de su pasión por la escritura.
Si algo te apasiona, debes intentarlo. Particularmente, siempre que lo hago, pienso que si sale mal, con coger un avión —físico o mental— de regreso, ya está. Casi nada es tan importante en esta vida. Lo que ocurre es que, metidos en la rueda diaria, no lo vemos, o solo lo hacemos cuando ocurre una tragedia que nos hace replantearnos todo por unos segundos (en unos días, o antes, se nos olvida).
Pero, otorgados los argumentos a favor, también considero que no siempre hay que salir de esa zona de confort. Eso de que los trenes solo pasan una vez es mentira. Y si no pasa el mismo, pasará otro igual o mejor. Así que, si no te apetece en un momento dado, lo saludas y lo dejas atravesar la estación sin subirte. Y no ocurre nada.
Hay que hablarse de forma positiva a uno mismo. Tratar de estar bien. El mismo Emilio Duró que mencionaba al principio del artículo, en el mismo vídeo contaba una experiencia propia. Era directivo de una empresa que fabricaba yogures —no recuerdo si era en Danone o Yoplait— y le pasaron los datos de ventas, en los que la competencia le ganaba en números. Relata que le afectó sobremanera a su salud, con problemas de ansiedad y cardíacos, hasta que en un momento dado indica que su cerebro hizo clic y se preguntó: «¿De verdad me va a dar algo porque Yoplait (o Danone) vende unos cuantos yogures más?».
Por tanto, considero que esta vida hay que bebérsela con la mayor plenitud posible, yendo a por tus sueños y atreviéndose a hacer cosas que te motiven, pero siempre que sea eso lo que te apetezca, sin que no haya un agente externo que te esté machacando con la frasecita de la salida de la zona de confort, que te encuentres en un momento adecuado para ti, y sobre todo, que busques tu salud y bienestar por encima de todo para que tu vida no se convierta en una novela negra.
Pda: Tampoco te pierdas el pódcast CRIMEN Y NOVELA NEGRA (en Spotify, Youtube, Apple Podcast , Ivoox o en tu plataforma favorita). Viernes sí, viernes no, nuevo episodio.

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