El jueves 30 de julio, antes de la apertura de la bolsa en Nueva York, se filtró una de esas noticias que generan conmoción en los mercados y, en este caso, que resonó en todos los ámbitos asociados a la cadena de valor de inteligencia artificial (IA).
Resulta que el fondo Situational Awareness LP había vendido el grueso de su portafolio de acciones —posiciones largas y cortas— en una sola operación. CNBC lo reportó esa misma mañana. El Wall Street Journal identificó al comprador horas después: Citadel, el fondo de Ken Griffin.
Lo más extraño —y de ahí la bomba en los mercados— era que seis días antes, se había publicado el contenido de la carta semestral a inversionistas y los resultados se veían espectaculares. El fondo iba +439% neto en el primer semestre de 2026, y acumulaba más de 1.000% después de comisiones desde su lanzamiento. Ningún otro fondo grande había reportado algo parecido en el semestre.
El gestor tiene 25 años, se llama Leopold Aschenbrenner, y nunca había manejado dinero ajeno antes de finales de 2024.
Pues bien, lo ocurrido el 30 de julio dice poco sobre la cadena de valor de IA, pero sí dice mucho sobre la mecánica de cómo se puede perder una fortuna al tiempo que se cabalga sobre las tesis de valor correctas.
Y es que los errores de Leopold saltan a la vista.
Aschenbrenner es alemán, hijo de médicos, y terminó el bachillerato a los 15 años. Entró a Columbia a esa edad y se graduó primero de su promoción a los 19. Cofundó allí el capítulo del altruismo eficaz, y esa red le abrió las primeras puertas profesionales. En febrero de 2022 entró al Future Fund, el brazo filantrópico de FTX. Renunció el 10 de noviembre de ese año, un día antes de que la firma de Sam Bankman-Fried se declarara en quiebra.
En 2023 aterrizó en el equipo de OpenAI que se encargaba de controlar sistemas más inteligentes que los humanos. En abril de 2024 lo despidieron por compartir información interna, según la compañía; él sostiene que el problema fue un memorando que le escribió a la junta advirtiendo que la seguridad de la empresa no aguantaba el espionaje extranjero.
Dos meses después publicó “Situational Awareness”, un ensayo de 165 páginas sobre la llegada de la IA general. Es lectura obligatoria en Silicon Valley. Hay quienes llaman a Leopold el Nostradamus de la IA.
Y en julio de 2024, con ese ensayo como carta de presentación y sin un solo día de experiencia gestionando capital, levantó USD 225 millones de Patrick y John Collison —los fundadores de Stripe—, de Nat Friedman, exCEO de GitHub, y del inversionista Daniel Gross. Jane Street también aparece entre los inversionistas.
El fondo llegó a manejar entre USD 20.000 y 45.000 millones, según a qué reporte uno le crea, y Leopold lo gestionaba únicamente con ocho empleados y cuatro profesionales de inversión, según una radicación regulatoria reciente. En una nómina de ese tamaño difícilmente cabe un director de riesgo independiente, o un comité con autoridad para contradecir al fundador. He ahí el primer error. Veamos los otros.

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