Tengo mucha fe depositada en una bici pequeña y rosa candada a una señal de tráfico. Está cerca de la estación de cercanías de Entrevías, un cruce por el que pasan miles de personas, en una zona con una fama regular. La veo todas las mañanas desde el coche. J. y yo hicimos apuestas de cuánto tiempo iban a tardar en robarla, pero lleva meses ahí. Cada vez que pasamos, los dos sentimos que algo bueno va ganando. Me encantaría ver algún día a su mini propietario o propietaria. A los padres que candan esa mini bici también con esperanza de que nadie la rompa, la robe o la estropee porque la bici no les cabe en casa.
Me acordé de esa bici viendo un vídeo en redes esta semana. Un tipo sube al monte a pasar la noche. Empieza a diluviar. Busca cómo cobijarse y encuentra una piedra mínima que le hace estar agachado. La piedra tiene goteras, pone plásticos que no son suficiente. Escurre sus zapatos. Saca un hornillo, un chorizo y lo fríe. Un chorizo, que es algo que puedes comer sin cocinar. Dedica tiempo y esfuerzo al fuego, que le obliga a salirse él a la intemperie durante un rato, tiene que lavar los cacharros que usa, debajo de una piedra enana y encorvado. Cuando termina, guarda todo, se tumba y se echa a dormir. Me parece que ese tipo también va ganando.
Me admira esa defensa del detalle, de lo pequeño, y a la vez me parece que no tiene nada que ver conmigo, mucho más práctica que perfeccionista.
Eran las dos de la madrugada en un camping de El palmar, Cádiz, hace casi 20 años. Mis amigas I. y L. intentaban cocinar un plato de macarrones en silencio y sin luz. Iban al baño, encendían la linterna lo justo para no molestar, el camping gas, troceaban los ingredientes, volvían a ir al baño a por agua, otra vez al avance de la tienda, buscaban el tomate y las especias a tientas, frieron un poco de chorizo y jamón. Otra vez a los baños a fregar. Luego recoger, lavarse los dientes y una hora después consiguieron irse a dormir. Recuerdo mirarlas anonadada masticando un bocadillo de atún, que es lo mismo que había comido en los últimos días a todas horas.
Están ellos y luego estoy yo comiendo un trozo de pan con aceite para cenar.
“La gente que se siente atraída por el periodismo suele ser gente que por su cinismo, su reserva, su desapego emocional lo que sea, es incapaz de adoptar otro papel que el de testigo de los acontecimientos. Hay algo que no les deja implicarse o comprometerse de verdad y les permite guardar las distancias. Lo que a mí me permite distanciarme de lo que escribo es, sospecho, un sentido del absurdo que me impide tomarme muchas cosas demasiado en serio. No hablo aquí de objetividad (no creo en ella) ni tampoco pretendo decir que esta distancia sea un obstáculo para hacer periodismo desde una óptica personal. Siempre he tenido una opinión sobre la orgía. Simplemente no estoy tirada en el suelo entre los demás cuerpos”.
La cita es de Nora Ephron en Gente a cenar, su libro de ensayos en el que dedica un capítulo entero a por qué darle pescado a tus invitados no es una buena idea o cómo sentarlos.
“En California, por supuesto, nunca separan a las parejas en una cena por miedo a lo que podría ocurrir si el marido de una se sienta al lado de la novia muy joven de otro; pero si las parejas se sientan juntas las cenas son siempre mortalmente aburridas, lo que explica por qué casi no hay cenas divertidas y que merezcan la pena en todo el estado de California”.
Nora Ephron siempre tiene una cita que funciona bien en una newsletter y ya escribió antes que todas sobre lo que estamos escribiendo ahora y probablemente mejor. Hasta compartimos esperanza: “Se le conoce como un barrio marginal, y todos los que vivimos aquí buscamos señales de que el barrio está a punto de volverse algo menos marginal”. Como una pequeña bici.
Amaya Ascunce
P. D. 1 Quizás los perfumes sean mi única manera de apostar por lo pequeño. Estas semanas llevo Gypsy Water, de Byredo. Huele como cuando entras a una herboristería: raíces, madera, incienso, mucha hierba y algo de cítricos. También me huele a cajas de cartón. En contra, la fijación, porque es un perfume que se te escabulle. Los cítricos son así, aunque este no es solo un cítrico, solo al principio. Luego me recuerda a una infusión. Solo lo huelo yo, imagino, con esa proyección chiquitita. Más que suficiente, claro.
P. D. 2 Esta semana he estado en evento de Substack España y nos han contado muchas cosas que podemos hacer con los suscriptores. La verdad es que no me veo con la campaña de autopromo y gritando en el océano de internet quiéreme a mí, págame a mí, léeme a mí. Lo respeto, pero dedico muchas horas de trabajo justo a eso, y estas cartas son para mí un espacio de libertad. Tampoco quiero auto explotarme más: haz más marca personal, haz vídeo, un podcast, haz el pino…
Pero me gustó una idea: voy a activar el chat para suscriptores y voy a comentar el libro que esté leyendo esa semana, lo que acabo de terminar o algún flechazo de perfumes. Me voy de vacaciones dentro de poco y ya estoy nerviosa pensando qué libros me voy a llevar. Hago una lista mental de la que entran y salen algunos durante semanas. Si sois de ese tipo de chalados, nos vemos en el chat y nos contamos las rumiaciones. (Si he conseguido hacerlo bien, recibiréis un mail en un rato).
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Y a los que me leéis de manera gratuita, no quiero decir nada pero qué maravilla sería poder estirar unos meses más ese alquiler, o quien dice unos meses, dice unos años…

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