Documentos judiciales desclasificados en Estados Unidos revelan la cercanía de un empresario de la élite trujillana con el entorno de Jeffrey Epstein, incluyendo correos en los que se coordinan actividades durante la visita del príncipe Andrés al Perú. La República e Infobae han reportado estos vínculos. El Comercio, el diario más influyente del país, no. Un exdirectivo del grupo es primo segundo del empresario mencionado.
Juan Esteban Ganoza, Tenchi Rey Ganoza y Genoveva Freire.
Nota: Este artículo se basa exclusivamente en documentos judiciales públicos desclasificados por orden de tribunales federales de Estados Unidos, así como en revisión de archivos periodísticos disponibles en línea. La mención de nombres propios responde al interés público de analizar redes de relación y posibles conflictos de interés mediáticos, no a la imputación de delitos. Las preguntas planteadas son de naturaleza periodística y buscan establecer si existió, o no, cobertura selectiva por parte de determinados medios.
En enero de 2024, un juez federal estadounidense ordenó la desclasificación de documentos del caso Jeffrey Epstein. Entre millones de páginas emergió el nombre de un empresario peruano: Juan Esteban Ganoza Temple. Los correos electrónicos revelaban que este miembro de una de las familias más ricas del Perú había mantenido una relación cercana con Ghislaine Maxwell —condenada en Estados Unidos por tráfico sexual de menores y otros delitos vinculados a la red de abusos de Jeffrey Epstein— y había organizado la visita del príncipe Andrés de Inglaterra (Andrew Mountbatten-Windsor) al Perú en 2002, incluidos arreglos para proveerle “chicas”.
La República lo reportó. Infobae Perú, también. Pero El Comercio, el diario más influyente del país, que ha cubierto extensamente el escándalo Epstein mencionando a Donald Trump, Bill Clinton y otros nombres internacionales, no ha publicado una sola línea sobre la vinculación de Ganoza con Epstein.
La pregunta es inevitable: ¿por qué?
Los documentos desclasificados contienen correos intercambiados entre febrero de 2001 y octubre de 2004 que evidencian una relación sostenida a lo largo de varios años entre Ganoza Temple y Ghislaine Maxwell. En ellos se tratan con diminutivos afectuosos como “chiquitita” y “belleza”, comparten chistes y coordinan encuentros en Nueva York, Londres y París.
Un intercambio específico de febrero de 2002 resulta particularmente inquietante.
En los correos de Maxwell figura un interlocutor que firma como “A” o “The Invisible Man”, quien —según la correlación temporal y detalles biográficos presentes en los mensajes— es ampliamente interpretado por analistas e investigadores como una referencia al príncipe Andrés, aunque los documentos no lo identifican de manera explícita.
Cuando “A” planifica una visita al Perú, Maxwell le pide a Ganoza que organice actividades. Ganoza ofrece varias opciones: montar caballos peruanos de paso, un partido de polo, visitar las Líneas de Nazca, esquí acuático en Paracas. Y luego pregunta:
Sobre las chicas... ¿qué edad tiene él? Dudo que encuentre a alguien aquí, pero podemos intentarlo.
La respuesta de “A” es reveladora:
En cuanto a las chicas, ¡eso se lo dejo totalmente a ti y a Juan Esteban!
Maxwell es aún más explícita sobre lo que espera:
Unas vistas turísticas, unas vistas turísticas de dos piernas (léase inteligentes, divertidas y de buena familia) y él estará muy feliz. Sé que puedo confiar en ti para que le hagas pasar un rato maravilloso y que solo le presentarás a amigos en los que puedes confiar y que son amables, discretos y divertidos. No quiere leer en los periódicos nada sobre ningún viaje, ni a quién o qué ha visto.
La visita oficial del príncipe Andrés a Lima se concretó en marzo de 2002. El 6 de octubre de 2004, dos días después de recibir un paquete enviado por Epstein desde Nueva York vía FedEx, Ganoza agradece a Maxwell por unas fotografías: “Ya tengo las fotos... ¡¡¡son maravillosas!!! No solo me han traído muchos recuerdos divertidos de nuestro “día” en Trujillo, sino que me han hecho pensar, una vez más, en lo maravillosos que son los dos”.
La expresión “los dos” podría sugerir que tanto Maxwell como Epstein visitaron Trujillo, aunque no hay otros documentos disponibles que lo confirmen. Los correos desclasificados tampoco permiten establecer con certeza la naturaleza de los encuentros durante la visita del príncipe Andrés al Perú. Sin embargo, el lenguaje utilizado —en particular la referencia a “turismo de dos piernas” y la insistencia en la discreción— plantea interrogantes periodísticos legítimos sobre el tipo de actividades que se buscaba organizar.
Los correos desmienten cualquier intento de minimizar la relación. Entre 2001 y 2004, Ganoza y Maxwell mantuvieron correspondencia regular, intercambiando números de teléfono en París y Londres y coordinando visitas en Nueva York.
En abril de 2002, Ganoza le pregunta a Maxwell: “Quiero saber si tengo casa en Nueva York o no. ¿Vas a estar allí? ¿Puedes hacer sitio para un peruano loco?”
Maxwell responde: “Me encantaría verte, pero no puedes quedarte porque esa semana espero a mis dos hermanos. Estoy deseando verte”.
En otros correos: “¡Hola, belleza! (...) Ya no puedo vivir sin ver tu rostro” y “Chiquitita, ¿por qué no inventas alguna necesidad “urgente” para ir a Londres? Por favor, intenta ir”.
La familiaridad es evidente. Este no es el lenguaje que usan conocidos casuales, sino el de una relación sostenida que incluía visitas mutuas, confianza personal, y coordinación de actividades para terceros; incluido un miembro de la realeza británica.
La existencia de esta relación no implica, por sí misma, participación en actividades criminales. Constituye, sin embargo, un dato de interés público dada la centralidad de Maxwell en la red de abusos vinculada a Epstein, por la que fue condenada, y plantea preguntas razonables acerca del grado de conocimiento que terceros cercanos a ese entorno pudieron tener sobre las actividades de la red.
El silencio de El Comercio no puede evaluarse sin detenerse antes en la figura de Juan Esteban Ganoza Temple y en el entramado de poder al que pertenece.
Juan Esteban es hijo de Guillermo Ganoza Vargas, histórico empresario del norte peruano, y de Marcela Temple Seminario, reconocida filántropa que, tras divorciarse, se convirtió en esposa de Javier Pérez de Cuéllar, ex secretario general de las Naciones Unidas.
Los Ganoza son descendientes directos de Diego Clemente Ganoza Maubourguet, quien en 1770 probó su nobleza ante la Orden Militar de Santiago en un expediente que documenta su origen en la villa de Monein, en la Navarra francesa, donde su familia poseía la Torre y Señorío de Artix.
Llegados a Trujillo a finales del siglo XVIII, los Ganoza se convirtieron en una de las familias fundacionales de la aristocracia peruana. Durante más de dos siglos han ocupado posiciones clave en la política, los negocios y la diplomacia del país.
Juan Esteban estudió Economía y se desempeñó como gerente de Trillium Agro del Perú S.A.C. Reside en San Isidro, Lima, y tiene 57 años. En una entrevista con América Noticias en 2020 (cuando apareció su nombre vinculado al caso Epstein por primera vez, en una lista filtrada por Anonymous), admitió haber conocido a Ghislaine Maxwell en los años ochenta en Nueva York, pero restó importancia a esa relación. Asimismo, negó haber estado presente en reuniones organizadas por Jeffrey Epstein o haber visitado su isla.
“Yo jamás he asistido a ninguno de estos eventos que son abominables para mí, deplorables completamente, y jamás he conocido la isla ni ninguna de sus reuniones”, declaró. Esta posición contrasta con la evidencia documental de su relación sostenida con Maxwell, aunque los correos, por sí solos, no permiten establecer su participación en actividades criminales.
Más que un vínculo aislado, el caso Ganoza revela un entramado familiar que conecta élites económicas, mediáticas y políticas del país.
Harold Gardener Ganoza fue vicepresidente del directorio de la Empresa Editora El Comercio durante 2020-2023. En el mismo periodo presidió Plural TV, que controla América TV y Canal N: el conglomerado mediático más poderoso del Perú. Harold es nieto de Juan Julio Ganoza Vargas, quien a su vez era hijo de Juan Julio Ganoza Calonge.
Guillermo Ganoza Vargas, padre de Juan Esteban Ganoza Temple, también era hijo de Juan Julio Ganoza Calonge.
Esto significa que Harold Gardener Ganoza (exvicepresidente del directorio del Grupo El Comercio) y Juan Esteban Ganoza Temple (mencionado en los archivos de Epstein) son primos segundos.
En familias de clase media, un primo segundo puede ser un desconocido. Pero en las élites peruanas —especialmente en la aristocracia trujillana— la dinámica es distinta. Las familias como los Ganoza mantienen cohesión social a través de clubes exclusivos, colegios privados, eventos sociales, matrimonios endogámicos y negocios compartidos. No se trata solo de un apellido común: es un círculo social cerrado donde los vínculos se refuerzan generación tras generación.
La literatura sociológica sobre élites cerradas en América Latina documenta dinámicas de protección reputacional intra-familiar que no requieren coordinación explícita. La omisión informativa observada aquí no se deriva necesariamente de decisiones conscientes entre parientes, pero resulta consistente con patrones de autocontención reputacional comunes en estos círculos sociales, donde ciertos temas tienden a ser evitados de forma estructural.
Las conexiones matrimoniales con la familia Miró Quesada —propietaria del Grupo El Comercio— reforzarían la red de protección. Dos otros familiares de Juan Esteban Ganoza han tenido esposas Miró Quesada: Luis Carlos González de Orbegoso Ganoza está casado con Marita Miró Quesada, y Luis Antonio Ganoza Ríos (un atleta que compitió en los Juegos Olímpicos de 1948) estuvo casado con Adriana Rodríguez Miró Quesada. Esta doble alianza matrimonial sugiere que proteger el apellido Ganoza no es solo proteger a parientes lejanos, sino a las familias políticas de los propios dueños del diario.
La red incluye a muchas otras figuras poderosas de la economía y la política nacional. Roque Benavides Ganoza, uno de los empresarios más acaudalados del Perú y presidente de la Compañía de Minas Buenaventura, es primo segundo de Juan Esteban Ganoza; al igual que Jimmy Pflücker Pinillos, empresario vinculado a la minería informal, propietario de Panamericana Televisión y potencial comprador del Grupo El Comercio (esto último ha sido señalado por el propio Pflücker en una entrevista, aunque El Comercio lo negó posteriormente). El excandidato a la presidencia del Perú Alfredo Barnechea está casado con Claudia Ganoza Temple, hermana de Juan Esteban.
En suma, la familia Ganoza controla posiciones clave en la minería (Buenaventura) y el poder mediático (Grupo El Comercio), y mantiene vínculos diplomáticos históricos (Pérez de Cuéllar). Además, algunos de sus miembros han ocupado altos cargos de gobierno, como Agustín Guillermo Ganoza y Cabero, quien fue presidente del Consejo de Ministros y ministro de Justicia (1911–1912), y Ricardo de la Puente y Ganoza, ministro de Gobierno y Policía en dos periodos (1943–1945 y 1950–1952).
Es, literalmente, un árbol genealógico del establishment peruano.
Una revisión del archivo digital de El Comercio permite identificar un patrón consistente.
El diario ha cubierto extensamente el caso Epstein desde 2019. En enero de 2024, cuando se desclasificaron los primeros documentos, publicó múltiples artículos mencionando a Donald Trump, Bill Clinton, el príncipe Andrés, Bill Gates y Stephen Hawking.
En febrero de 2026, cuando se revelaron 3.5 millones de páginas adicionales, El Comercio actualizó la lista de nombres mencionados.
En ninguno de estos artículos aparece el nombre de Juan Esteban Ganoza Temple.
Mientras tanto, La República publicó al menos tres artículos sobre Ganoza entre 2020 y 2026. Infobae Perú, varios más. El Popular (que forma parte del Grupo La República) lo cubrió en 2020.
El Comercio, con recursos superiores, una red de corresponsales internacionales y acceso a las mismas fuentes judiciales estadounidenses, no lo ha mencionado en su cobertura hasta la fecha.
¿Es esta la primera vez que El Comercio guarda silencio cuando los involucrados tienen conexiones con su directorio? Por supuesto que no.
Harold Gardener Ganoza protagonizó un escándalo de manipulación editorial durante las elecciones presidenciales de 2021, periodo en el que se desempeñaba como presidente del directorio de Plural TV.
En dos cartas al directorio, periodistas de “Cuarto Poder” denunciaron que el nuevo director periodístico, Gilberto Hume, les había instruido explícitamente tomar partido contra Pedro Castillo, a quien la empresa consideraba “un peligro contra la democracia y la libertad”.
Los periodistas expresaron que esta instrucción violaba los Principios Rectores de la empresa y afectaba gravemente la credibilidad del programa. Enviaron una primera carta solicitando acción. No obtuvieron respuesta.
Harold Gardener respondió solo después de una segunda carta. Su solución: remitir las preocupaciones a Hume —precisamente la persona denunciada— sin tomar ninguna medida correctiva.
Días después, la productora general de América Noticias, Carola Miranda, y el productor periodístico de Canal N, Carlos Fonseca, enviaron otra carta al directorio rechazando lo que consideraban una cobertura en beneficio de la candidata Keiko Fujimori. Denunciaron que los canales no quisieron transmitir el cierre de campaña de Pedro Castillo, violando los principios de equidad y pluralidad.
El resultado: ocho trabajadores de “Cuarto Poder” renunciaron, incluida su directora de 10 años, Gabriela García Hildebrandt. Miranda y Fonseca fueron despedidos por haber enviado la carta al directorio. Gustavo Mohme Seminario, director del Grupo La República (que comparte propiedad parcial de América TV y Canal N con El Comercio), renunció al Consejo Consultivo Editorial de América TV en protesta por estos hechos y publicó una columna calificando el despido de la entonces directora periodística Clara Elvira Ospina —reemplazada por Hume— como una “arbitrariedad”.
La tensión interna que esto revela es significativa: incluso dentro del mismo grupo mediático, hay voces que reconocen públicamente las violaciones a la ética periodística. Pero esas voces son minoritarias y no lograron cambiar el comportamiento del directorio encabezado por Harold Gardener Ganoza.
Este caso ilustra una tendencia: cuando el directorio tiene un interés en proteger a alguien o impulsar una agenda, los principios periodísticos se subordinan a esos intereses. Y cuando periodistas intentan mantener estándares éticos, son silenciados, ignorados o despedidos.
En la sociología de los medios, este tipo de sesgos no se explica necesariamente por censura directa, sino por dinámicas de alineamiento estructural entre propiedad, élites económicas y marcos editoriales dominantes. Conviene recordar, sin embargo, que durante la dictadura de Alberto Fujimori el jefe del Servicio Nacional de Inteligencia, Vladimiro Montesinos, pagó miles de dólares a dueños de canales de televisión para asegurar cobertura favorable. Aquel escándalo devastó la credibilidad de la prensa peruana.
El caso Ganoza–Epstein sugiere que, aunque las formas de control mediático han cambiado, las asimetrías estructurales en la relación entre poder económico, propiedad de medios y líneas editoriales persisten: hoy ya no hace falta pagar sobornos cuando los conflictos de interés están integrados en la propia arquitectura de propiedad y dirección de los medios.
Aunque Gardener ya no ocupa formalmente un cargo en el directorio del Grupo El Comercio, la cultura editorial que contribuyó a consolidar parece haber dejado una inercia institucional que no se modifica automáticamente con los relevos de nombres.
El silencio de El Comercio sobre Juan Esteban Ganoza Temple resulta consistente con una estructura donde:
Las familias aristocráticas controlan simultáneamente medios de comunicación, empresas extractivas y posiciones políticas
Los vínculos matrimoniales conectan a los dueños de los medios con las familias que deberían ser investigadas
Los directorios de medios están compuestos por miembros de esas mismas familias
El historial reciente muestra que cuando hay conflictos entre ética periodística e intereses del directorio, prevalecen los segundos
En 2013, cuando murió Marcela Temple (madre de Juan Esteban y viuda de Pérez de Cuéllar), El Comercio publicó una nota necrológica elogiosa. El diario conoce bien a esta familia. La ha cubierto en bodas, funerales y eventos sociales durante generaciones.
Pero cuando uno de sus miembros aparece en documentos judiciales relacionados con uno de los mayores escándalos de tráfico sexual de la historia reciente, el silencio es absoluto.
No porque la historia carezca de interés periodístico, sino porque cubrirla requeriría aplicar al establishment local los mismos criterios de escrutinio que a las figuras extranjeras. La ausencia de tal simetría editorial es, como mínimo, un hecho que merece explicación por parte del medio.
Juan Esteban Ganoza Temple nunca ha sido acusado formalmente de ningún delito vinculado al caso Epstein. Los correos, aunque comprometedores, no constituyen por sí solos evidencia de actividad criminal. Es posible que las “chicas” mencionadas fueran adultas y que todo formara parte de la vida social —cuestionable, pero legal— de la élite internacional.
Pero estas son precisamente las preguntas que un periodismo independiente debería formular:
— ¿Qué sucedió exactamente durante la visita del príncipe Andrés a Trujillo?
— ¿Quiénes eran las personas que Maxwell describía como “amigos en los que puedes confiar y que son amables, discretos y divertidos”?
— ¿Cuál fue la naturaleza exacta de la relación entre Ganoza, Maxwell y Epstein?
— ¿Qué contenía el paquete que Epstein envió vía FedEx a Ganoza en 2004? ¿Fotografías? ¿Algo más?
— ¿Visitó Jeffrey Epstein alguna vez el Perú? ¿Con qué propósito?
Estas son preguntas legítimas de interés público sobre un ciudadano peruano mencionado en archivos judiciales de uno de los mayores escándalos de tráfico sexual de la historia reciente.
Pero El Comercio no las ha formulado.
Que un empresario peruano aparezca en documentos judiciales de alto interés público sin cobertura alguna, mientras su primo segundo ocupó hasta hace poco posiciones de poder en el principal conglomerado mediático del país, constituye, como mínimo, una situación de potencial conflicto de interés estructural.
En sistemas democráticos consolidados, este tipo de conflictos suele abordarse mediante políticas explícitas de transparencia editorial. Hasta la fecha, El Comercio no ha ofrecido una explicación pública sobre los criterios que guiaron su decisión de no cubrir este caso específico.
El silencio editorial no constituye, por sí solo, prueba de censura deliberada. También es plausible una explicación menos intencionalista: que El Comercio evite mencionar a ciudadanos peruanos no imputados formalmente en procesos penales internacionales por consideraciones legales o por una política editorial conservadora frente al estándar probatorio de los documentos desclasificados. Sin embargo, en contextos de alta concentración mediática y densas redes de parentesco entre élites económicas, políticas y periodísticas, la omisión sistemática de determinados temas adquiere relevancia analítica propia.
Cuando un medio de alcance nacional decide no informar sobre un caso que involucra a un miembro del establishment local, mientras sí cubre extensamente casos análogos referidos a figuras extranjeras, la asimetría informativa —independientemente de que exista o no una intención consciente detrás— se convierte en un hecho político que merece ser examinado públicamente.
Sobre el material consultado: Para este artículo se realizó una búsqueda sistemática en el archivo digital de El Comercio durante la primera semana de febrero de 2026, utilizando los términos “Ganoza”, “Ganoza Temple”, “Epstein Perú” y combinaciones equivalentes. La revisión incluyó notas informativas, columnas de opinión y reportajes. No se identificaron menciones al empresario peruano Juan Esteban Ganoza Temple en el contexto de los documentos judiciales del caso Epstein. En el mismo periodo, el diario publicó múltiples artículos que mencionan a figuras extranjeras citadas en dichos documentos.
Los correos citados forman parte de los documentos desclasificados por orden judicial (caso Giuffre v. Maxwell, Distrito Sur de Nueva York, 2024) y están disponibles en registros judiciales públicos. Las traducciones son propias.
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