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Substack Alma-Luna, Espacio de Bienestar · Aug 24, 2026

TAN CERCA, TAN LEJOS.

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Karina Argente|Alma-Luna. · Substack Alma-Luna, Espacio de Bienestar

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Si ahora mismo no puedes leer, escúchame. Mi voz transmite lo que realmente dicen mis palabras.

Llegas a casa como todos los días.
Has trabajado en equipo, has hablado con diferentes personas, has contestado/enviado mensajes, has visto publicaciones… Pero cuando atraviesas la puerta y te encuentras de nuevo a solas, aparece esa sensación difícil de explicar. A mí me pasó, y si te está pasando a ti, este artículo te puede venir bien.

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Realmente, no sabes bien qué demonios pasa. No es tristeza, no ha pasado nada terrible, no hay nada que te angustie, pero te sientes mal en esa soledad.

Nunca antes habíamos tenido tantas posibilidades de estar conectados como ahora, y, sin embargo, muchas personas experimentan una enorme desconexión emocional.

Tenemos redes sociales, grupos de WhatsApp, mensajes, videollamadas. Pero eso no nos ayuda, porque, en realidad, no nos vincula con nadie, sólo nos conecta, y no es lo mismo.

Puedes hablar con un millón de personas y no sentir conexión real con ninguna de ellas. Incluso puede que actúes de manera diferente a como verdaderamente lo harías en un contexto diferente, fuera de una pantalla.

No sé qué imagen está sugiriendo a tu cabeza esto que digo… Pero lo cierto es que solemos relacionar la incomunicación, la falta de relaciones, con un tipo concreto de persona. Y no. Esa sensación de falta, de necesidad de contacto, es algo que nos pasa a tod@s en algún momento de la vida.

No hace falta llegar a ser una persona mayor para sentirte aislada… Puedes ser joven y vivir rodead@ de amig@s, pero sentir que ningun@ de ell@s te conoce realmente. Puedes vivir en pareja y sentirte sola emocionalmente. Puedes ser una madre (agotada) que no tiene un momento de soledad pero que tampoco tiene con quién hablar de sus emociones. O, simplemente, puedes ser alguien que se ha mudado a una nueva ciudad y no conoce a nadie, o estar atravesando un momento difícil y apartarte por no querer preocupar a nadie. Hay miles de formas y motivos para la soledad.

Además, nos cuesta un montón reconocerlo, decirlo, ME SIENTO SOL@. Nos hace sentir vulnerables. Parece que diciéndolo reconocieras que no tienes amig@s, que nadie te quiere, y eso a su vez podría significar que algo falla en nosotr@s, que no somos interesantes para l@s demás. Así que lo mejor que se nos ocurre es aislarnos todavía más. ¡Estupendo! No pedimos compañía porque nos da vergüenza necesitarla, eso deja clara nuestra debilidad. Y cuanto menos intentamos acercarnos, cuanto menos pedimos, menos recibimos, claro está. Círculo vicioso.

Si no somos visibles, es imposible que nadie se acerque a nosotr@s

Debemos mostrarn@s, ser y estar, tal como somos, antes de intentar solucionar nuestra soledad, tenemos que ser capaces de reconocerla.

¿Cómo? Preguntándonos qué sentimos en realidad, qué queremos y qué necesitamos de la gente. ¿Necesito compañía? ¿Necesito que me escuchen? ¿Necesito contacto físico? ¿Necesito sentirme comprendid@? La pregunta definitiva sería

Si mi soledad pudiera hablarme, ¿qué me estaría pidiendo?

Un abrazo, una llamada, un reencuentro, diversión, un hombro sobre el que llorar…

O quizá no te pida nada. ¡Fenomenal!

La soledad es una experiencia humana maravillosa que nos enseña muchísimo sobre nosotr@s mism@s.

No necesitamos estar acompañados permanentemente. Debemos saber estar solos, pero también saber pedir compañía.

Te propongo algo muy sencillo.

¿Con quién te gustaría hablar ahora mismo? Elige a una persona. No le escribas un mensaje. Llámala. Pregúntale cómo está. Dile cuánto te apetecía charlar con ella. ¡Sin más!
Y, si puedes, atrévete también a contarle cómo estás tú.

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Read the original on almalunabejar.substack.com

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