Una mujer mayor caminaba despacio y tranquilamente por un sendero de montaña. Un hombre joven, al verla avanzar con tanta calma, le preguntó:
—¿Está bien? Veo que camina muy despacio…
La mujer sonrió y dijo:
—Cuando era joven, miraba siempre hacia la cima y me angustiaba pensando en todo lo que aún me faltaba por recorrer. Ahora no tengo prisa, ahora sé algo que entonces ignoraba.
—¿Qué sabe ahora? —preguntó el joven.
Ella respondió:
—Que la fuerza no está en las piernas, sino en el aprendizaje de todos los caminos que ya has recorrido. Cada piedra que superé me enseñó cómo esquivar la siguiente. Por eso camino más despacio que en mi juventud... pero con mucha más seguridad y confianza.
Y así, sin prisa, la mujer siguió avanzando, mientras el joven comprendía que la verdadera seguridad no nace de la juventud, sino de la experiencia.
¿Qué tal llevas hacerte mayor?
A mí, últimamente me lo preguntan mucho, y mi respuesta parece sorprender: Bien, lo llevo muy bien.
Claro que me veía mejor sin esas arruguillas y cierto es que a veces no me reconozco en el espejo, pero con eso ya contaba, estaba en el contrato, aunque fuese en letra pequeña. Ahora hay molestias que con menos años no existían, y claro que no me gustan, pero además de eso, no hay tanto malo en esto de hacerse mayor.
Por ejemplo, vivo mi vida con la calma de quien no llega tarde a ningún sitio, de quien no necesita demostrar nada a nadie, ni siquiera a sí misma, con la tranquilidad de saber quién soy y qué quiero, sin importarme lo que piensen los demás y sin intentar convencer de nada a nadie.
Otra cosa importantísima es que confío en mí, me escucho y me comprendo, por lo tanto, me quiero y me ayudo en todo absolutamente.
Aprendí a decir NO sin que se me mueva ni una pestaña y SÍ a todo aquello que me ilusiona, caiga quien caiga.
No tengo la más mínima intención de gustar a todo el mundo, si acaso…a algun@ que otr@...
Vamos, que he conseguido el Grado en Maestría Humana, jejejejje.
Porque la experiencia que fui acumulando con la edad me proporcionó conocimientos y perspectiva. Me enseñó que correr a todas horas sólo hará que llegue más cansada al mismo lugar de destino. Que PREocuparse es una gran pérdida de tiempo, sobre todo porque la mayoría de las cosas por las que me preocupaba, no llegaba ni a ocurrir. Comprobé que, a pesar de sufrir el peor de los males, sobrevivimos. Siento que el miedo no es más que un engaño, una farsa que sólo triunfa cuando crees que tienes mucho que perder.
No me siento mayor, me veo mayor, que es diferente…lo que me siento es libre, segura, valiente, capaz, sabia.
He dejado de perseguir esa versión de mí que tod@s esperaban, me importa un pimiento lo que digan, soy como quiero ser, y al que no le guste, que no mire.
¿Por qué vemos la edad sólo como la juventud perdida? ¿Por qué no reconocemos lo que ganamos al hacernos mayores? Hablemos de la serenidad ganada, de la confianza, de la libertad, de la seguridad…
Hoy miro hacia atrás con gratitud. Todo lo vivido, incluso lo terrible y más difícil, ha conseguido que llegue hasta aquí, que sea la persona fuerte que hoy soy.
Pero aquí no se acaba la historia; estoy segura de que aún me quedan cosas maravillosas por hacer (os adelanto que tengo un plan tremendo para el próximo curso…)
Y es que tener MÁS años no significa tener MENOS planes, ideas, ganas, etc, etc.
Me hago mayor, sí, y me siento perfectamente bien.
Aquí te dejo la versión AUDIO
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