Es bastante común que el miedo más grande de muchas personas sea ser olvidadas y lo entiendo, en un mundo tan grande y cambiante como en el que vivimos resultaría un poco desconcertante que nuestra mera existencia sea tan poco, si lo pensamos el impacto que tiene nuestra vida en un espacio tan grande es microscópico.
Me atrevo decir que es hasta un poco deprimente que mientras para nosotros ciertas acciones representen el fin del mundo o sea inconcebibles, en un nivel macro, sean nada. Lo que pase con nosotros no afecta a gran escala a nuestro entorno.
No somos tan importantes.
Y es por ello que entiendo por qué hay personas que hacen todo lo posible por dejar sus huellas, a través de su arte, de su compañía, de sus voces. Entiendo por qué sienten la necesidad de al menos gritarle al universo “estuve aquí” y les basta con que sus seres queridos los recuerden.
Yo no tengo ese miedo.
Mi deseo más grande es que todos me olviden. Que quien soy no trascienda a quien fui. Que nadie recuerde el sonido de mi voz, mi bebida favorita ni que odiaba a las personas que caminaban lento a la mitad de la acera. Que tampoco recuerden el color de mis ojos o cómo mis pecas se notaban más en verano.
Ojalá nadie recuerde mi postre favorito ni la canción que gritaba a todo pulmón mientras me arreglaba para salir con mis amigas.
Que nadie recuerde la sombras bajos mi ojos durante esos meses en que fingir mi sonrisa me dolía en el alma y que sentía que la vida se me resbalaba de las manos cada vez que despertaba para superar un nuevo día.
Espero nadie se acuerde de como mis hombros se hundían semana a semana porque el peso del mundo estaba sobre mí.
Ojala mi hermana no recuerde que tiene una hermana mayor que siempre hizo lo posible por cuidarla y hacerla feliz, que interpreto un gran papel para ser un gran ejemplo, aunque eso le costara su felicidad. Espero que mi madre no recuerde a su hija que siempre estaba ahí para escuchar los problemas económicos que había en casa y que tuvo que madurar demasiado pronto para poder consolar a su mamá.
Ojalá mis amigas olviden que había alguien que se preocupaba en cada fiesta porque todas volviéramos sanas a casa y por eso en ocasiones arruinaba la diversión al no querer subir a coches de extraños.
Ojalá yo me olvide de mi misma, de mis limitaciones impuestas desde pequeña, de todos los papeles que he tenido que fingir, de la caja tan cuadrada en la que me encuentro y de los prejuicios que yo misma me he puesto.
Quiero que todos a mí alrededor me olviden y no recuerden nada de mi para poder volver a ser alguien nuevo, una persona que vive sin tener que cumplir las expectativas de nadie, sin miedo a fallar o equivocarse. Porque somos el cómo nos reponemos después de las caídas, quiero ser un desastre sin miedo a que me juzguen por no estar cumpliendo con el rol que me toca. Quiero viajar sin miedo a lo que dirán mis padres por haber dejado un buen trabajo. Quiero bailar libre en una fiesta de algún desconocido porque no me interesa lo que piensen las personas de mí cuando me miren. Quiero enamorarme sin miedo a perder mi alma de nuevo. Quiero aprender a vivir.
Por la forma en que he vivido toda mi vida no puedo decir que mi miedo más grande sea ser olvidada.
Por la forma en que he vivido toda mi vida pareciera que mi miedo más grande es ser libre.

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