Nos encanta ver cómo vive la gente. Es algo casi inevitable, ese punto voyeur que todos tenemos. Últimamente no dejan de salirme reels de un chico que para a gente por las calles de Nueva York y les pide que enseñen sus casas… y, claro, siempre acaban siendo pisos increíbles que cuestan cifras imposibles.
Tú ves eso desde tu piso de alquiler, soñando con comprarte algo algún día (ni remotamente parecido a eso), como una especie de ejercicio un poco masoquista. A mí me han subido 500 euros el alquiler, así que poco más que añadir.
Pero hoy no vengo a sufrir, sino a compartir con vosotros uno de mis pasatiempos preferidos: investigar sobre las casas de los diseñadores de moda. Porque, si hay algo interesante, es ver cómo viven quienes construyen un universo estético desde cero.
Aquí algunas de las más interesantes:
Coco Chanel vivió durante más de tres décadas en una suite del Hotel Ritz Paris, pero su verdadero universo creativo se encontraba en su apartamento privado de la Rue Cambon encima de su atelier. Allí construyó un espacio cargado de símbolos (biombos Coromandel, espejos, dorados) donde observaba sin ser vista. Funcionaba como su refugio creativo, lugar de trabajo y recepción de invitados, y era donde pasaba la mayor parte del día. Me la imagino sentada en ese sofá, fumando y mirando por encima del hombro a todo el mundo aún sin levantarse.
Ralph Lauren siempre fue más allá de la ropa y construyó todo un estilo de vida alrededor de lo americano. Su rancho en Colorado refleja esa idea: espacios cálidos, con madera, textiles y referencias ecuestres que mezclan lo rústico con lo elegante.
Yves Saint Laurent, junto a Pierre Bergé, adquirió y transformó en Marrakech la Villa Oasis, una residencia íntima junto al Jardin Majorelle que funcionaba como contrapunto a su vida en París. La casa era un universo cerrado, exuberante y sensorial: patios llenos de vegetación, cerámicas, tejidos y una paleta dominada por el azul Majorelle. A día de hoy es un museo que merece la pena visitar.
Marc Jacobs vive en una townhouse en Greenwich Village, Nueva York, que refleja muy bien su forma de entender la moda: ecléctica, personal y muy ligada al arte. El espacio mezcla piezas vintage con obras contemporáneas, libros y objetos que parecen elegidos más por intuición que por norma. No se trata de una estética perfecta ni uniforme, sino un equilibrio entre lo clásico y lo inesperado, como sus propias colecciones.
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Tom Ford llevó su universo estético a su rancho de Santa Fe, una propiedad inmensa en pleno paisaje desértico de Nuevo México. Diseñada por Tadao Ando, la residencia principal se apoya sobre un estanque reflectante y combina arquitectura minimalista y la naturaleza. A su alrededor hay praderas, instalaciones ecuestres, pista de aterrizaje e incluso un pueblo del oeste construido para una película, lo que refuerza esa idea tan suya de convertir el espacio en algo cinematográfico. Una locura.
Karl Lagerfeld tenía muchas casas, pero su apartamento en París, cerca de Saint-Sulpice, es de los que más me gustan porque se siente muy él. Todo era bastante sobrio, con paredes en ese blanco roto que llamaba “crema Cantal” y alfombras oscuras que hacían que las piezas destacaran mucho más. Había muebles Art Déco, un biombo de Eileen Gray, jarrones de Jean Dunand… pero no daba sensación de exceso, sino de selección muy pensada.
Valentino Garavani vivía en los años 70 en un apartamento en Roma que reflejaba perfectamente su idea de lujo: clásico, elegante y sin miedo al exceso. El espacio estaba lleno de referencias históricas, con muebles antiguos, obras de arte y, por supuesto, una presencia constante del rojo ,ese tono tan asociado a su universo. Me quedo con este pequeño comedor en el que te puedas pasar horas apreciando los miles de detalles.
Simone Rocha tiene un universo muy reconocible que también se percibe en su espacio personal en Londres. Su casa mezcla objetos antiguos, flores, textiles y piezas con un aire casi romántico, pero sin caer en lo decorativo fácil. El salón con verde y rosa me parece precioso.
Giorgio Armani vivía en Milán una casa con mucha personalidad. Uno de los espacios más bonitos es su biblioteca, con una gran estantería y una escalera que recorre los libros, casi como si fuera parte de la arquitectura.
Ulla Johnson tiene una casa en Long Island en la que todo es muy orgánico, con materiales sencillos, mucha vegetación y una sensación de calma bastante especial. Pero lo que más me gusta (y me da una envidia tremenda) es la piscina: integrada en el jardín, rodeada de verde, con ese aire relajado que parece sacado de unas vacaciones eternas. ¿Estáis apreciando esas vistas?
Tommy Hilfiger tiene casas que reflejan muy bien su universo: una mezcla entre el clásico estilo americano y un punto más atrevido y pop. A diferencia de otros diseñadores más contenidos, aquí hay color, arte, contrastes y una cierta energía juvenil que lo hace todo más desenfadado. Sus espacios combinan lo preppy con lo contemporáneo, como sin miedo a mezclar.
Thom Browne tiene en Manhattan una casa preciosa, donde todo está colocado con mucha precisión. Decorada con mucha simetría y piezas muy especiales: mesas de cóctel de Jacques Quinet, una alfombra sueca vintage y sillones de Märta Blomstedt tapizados en piel. Son objetos muy concretos y bien escogidos.
Rosita Missoni vivía en la casa familiar en Sumirago, al norte de Italia, un lugar que refleja de forma muy directa el espíritu de Missoni. Todo está lleno de color, tejidos y estampados que conviven con una naturalidad total, sin sensación de exceso. Y es que la marca fue de las primeras en trasladar su lenguaje a la casa, creando piezas como cojines o mantas.
La habitación más bonita la encontré en la casa de Pierre Hardy en París: un espacio muy limpio, pero lleno de piezas muy especiales. La cama, de fibra de vidrio pintada y diseñada por De Cotiis, convive con obras de Sol LeWitt y Duane Michals, junto a taburetes de Mies van der Rohe y sillas de acero perforado de Robert Wilson. Y ese techo ¿qué?
La casa de Miuccia Prada es de las que más curiosidad generaba pero es de las más celosas de su intimidad. Hay un reportaje de finales de los noventa que mostraba un poco de la villa milanesa del siglo XIX en la que vivió un tiempo, pero de su casa actual solo hay una imagen, y aun así es suficiente para intuirlo todo. Me flipa.
¿Qué os han parecido?
Besos,
Erea.

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