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Ali’s Substack · May 24, 2026

La oposición iraní exige contexto, no etiquetas heredadas

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Ali Safavi · Ali’s Substack

El debate sobre la oposición iraní es demasiado importante para quedar condicionado por etiquetas heredadas, fuentes selectivas o la repetición de narrativas que Teherán ha utilizado durante mucho tiempo para desacreditar a sus opositores organizados. El artículo de El País “La oposición a la República Islámica de Irán: entre la horca, la cárcel y el exilio”, del 17 de mayo, destaca acertadamente la magnitud de la represión dentro de Irán. Sin embargo, su tratamiento del principal movimiento opositor iraní, la Organización de los Muyahidines del Pueblo de Irán — (OMPI o MEK en sus siglas en persa), omitió un contexto esencial y reprodujo las narrativas repetidas que Teherán ha utilizado durante mucho tiempo para desacreditar a sus opositores.

Esto ocurre en un momento en que el régimen iraní, enfrentado a una inestabilidad interna sin precedentes y ante la perspectiva del colapso, ha intensificado tanto su represión interna como su campaña de terror. Solo en marzo y abril, el régimen ejecutó al menos a ocho miembros del MEK. Cualquier análisis serio de la oposición iraní debe preguntarse, por tanto, por qué Teherán dedica recursos tan extraordinarios a demonizar, encarcelar y ejecutar a miembros de este movimiento.

El artículo se apoya en gran medida en Eldar Mamedov y Trita Parsi, presentándolos como expertos neutrales sin mencionar sus trayectorias controvertidas. Mamedov fue apartado de su cargo como asesor del Grupo Socialista en el Parlamento Europeo debido a su repetida promoción de posiciones alineados con los intereses de política exterior de Teherán, así como por la redada policial belga en su residencia en relación con el escándalo conocido como “Qatargate”. Parsi, un conocido defensor de los intereses del régimen en Washington, perdió una conocida demanda por difamación contra un disidente iraní; la desestimación del caso por parte del tribunal dejó al descubierto extensas actividades de comunicación y lobby que reforzaron la percepción del papel de Parsi como defensor de facto de posiciones favorables a Teherán. Citarlos sin reconocer esta historia es profundamente engañoso.

El mismo problema aparece en la evaluación que hace el artículo de las supuestas figuras y facciones de “oposición interna” dentro de la maquinaria represiva del régimen, a las que presenta de forma romantizada. La “Organización de los Muyahidines de la Revolución Islámica”, retratada en el artículo como parte de la corriente reformista, fue en realidad creada por orden de Jomeini para enfrentar y reprimir al MEK y socavar su rápidamente creciente apoyo popular tras la revolución de 1979. Muchos de sus miembros llegaron a ser interrogadores, funcionarios penitenciarios y torturadores dentro del aparato de seguridad del régimen. Presentar tales corrientes principalmente como alternativas democráticas, sin hacer referencia a su papel en la represión, distorsiona el registro histórico.

Del mismo modo, la repetición en el artículo de la vieja etiqueta del régimen que presenta al MEK como “marxista islámico” ignora décadas de historia documentada y realidad política. La etiqueta fue originalmente fabricada por la temida policía secreta del Sha, la SAVAK, en un intento de frenar el creciente atractivo del MEK entre la juventud y las clases educadas de Irán. Posteriormente fue adoptada y propagado por el régimen clerical actual como parte de su prolongada campaña de demonización contra la Resistencia iraní.

El tratamiento que hace el artículo de la guerra Irán-Irak también es erróneo. El MEK no luchó contra el pueblo iraní. Cuando Irak invadió Irán en 1980, los miembros del MEK se opusieron a la agresión y acudieron al frente para defender el territorio iraní. Sin embargo, tras la retirada de las fuerzas iraquíes de Irán en mayo de 1982 y la insistencia de Jomeini en prolongar la guerra bajo el lema de “liberar Jerusalén a través de Kerbala”, el MEK pidió la paz. Solo cuatro años después, y seis años después de que comenzara la guerra, esa parte de la organización se trasladó a Irak, después de que Bagdad aceptara su propuesta de paz. Sus operaciones militares tenían como objetivo a los Guardianes de la Revolución y a la maquinaria represiva del régimen, las mismas fuerzas que siguen brutalizando al pueblo iraní hoy en día, no a Irán como nación.

Finalmente, el artículo intenta estigmatizar a la Resistencia iraní mediante supuestos vínculos con el partido Vox, omitiendo al mismo tiempo que el Consejo Nacional de Resistencia de Irán (CNRI) ha gozado, durante décadas, de un amplio apoyo transversal apoyo en todo el espectro político internacional, incluida España. La Comisión de Asuntos Exteriores del Senado apoyó por unanimidad el plan de 10 puntos del CNRI para un Irán democrático.

El artículo menciona selectivamente al exvicepresidente del Parlamento Europeo, el profesor Alejo Vidal-Quadras, omitiendo el hecho crucial de que, por su apoyo a la Resistencia iraní, sobrevivió milagrosamente a un intento terrorista de asesinato perpetrado por un pistolero contratado por el régimen iraní, que le disparó en la cara a quemarropa. Este atentado ilustró de forma contundente hasta qué punto Teherán está dispuesto a llegar para atacar a los partidarios del MEK, incluso en suelo europeo.

En última instancia, el artículo evita la realidad política central: el mayor temor de Teherán es una resistencia interna organizada. El verdadero debate sobre el futuro de Irán no es entre monarquía y teocracia, sino entre dictadura en todas sus formas y la aspiración del pueblo iraní a una república democrática basada en la soberanía popular y la igualdad.

Safavi es miembro del Comité de Asuntos Exteriores del Consejo Nacional de la Resistencia de Irán (CNRI), con sede en París. Está en X como @amsafavi

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