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Sostenibilidad en tus manos. · Nov 21, 2025

Me encantan las calabazas

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¿Y quién es ese Jack?

Las calabazas para mí señalan la llegada del otoño. En mi casa es tradición comprar por lo menos una de la variedad cucurbita pepo, la típica calabaza de Halloween, y tallarla. Normalmente, el diseño corre a cargo de mi artista de 7 años y la ejecución se reparte.

Además, las calabazas me recuerdan a mi infancia en México, cuando en casa de la abuela de pronto los viernes se llenaban del aroma de la calabaza en tacha.

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En fin, para mí son una fiesta para los sentidos que anuncia la llegada del otoño. Una de las tradiciones que acompañan al tallado de la calabaza es la de contar la historia de la «Jack-o’-Lantern», porque una vez el artista me preguntó que quién era el tal Jack.

«Stingy Jack»

Les cuento mi versión favorita: cuenta la leyenda que había un tipo con costumbres cuestionables, un tal «Stingy Jack» que era tacaño, embaucador y bebedor. Jack engañó al Diablo varias veces. Una vez, lo embaucó para que le invitara una cerveza. En otra ocasión lo engañó para que se trepara a un árbol, y luego talló una cruz en el tronco dejando al Diablo atrapado. Jack dejó bajar al diablo a cambio de que prometiera que, cuando muriera, no se llevaría su alma.

Cuando Jack murió, no pudo entrar al cielo por la mala vida que llevaba, pero el Diablo honró su promesa y tampoco reclamó su alma. Para burlarse, el Diablo le lanzó un carbón ardiente como recuerdo de los fuegos del infierno, y Jack lo metió en un nabo. Ahí empezó la tradición de la linterna servía para avisar a la gente que allí venía el alma errante de Jack, pero también servía para alumbrar a las personas en la oscuridad del invierno. De hecho, inicialmente, antes de que las calabazas llegaran a Europa, los niños tallaban caras en nabos, como el de Jack, y eran visualmente impresionantes porque parecían cabecitas de momias: blancas y arrugaditas.


Ahora les presento nuestro arreglo otoñal con camotes (boniatos), granadas, caquis, varias calabazas pequeñas («Jack be little», «Baby Boo», «Kabocha») y la estrella de la fiesta, nuestra «Jack-o’-Lantern».

También les muestro otra calabaza con el tallado espectacular de una bruja hecha por mis ahijados.


¿Y la sostenibilidad de las calabazas?

Ya sé lo que están pensando: «¿Y esto luego se va a pudrir y acabará en la basura, no? ¿Dónde está la sostenibilidad entonces?»

Es cierto que cada calabaza, en su cultivo, lleva una cantidad importante de agua y energía para llegar nuestras mesas. Por supuesto que en aras del desperdicio cero y la economía circular, me interesa preservar su valor el máximo de tiempo posible. Te cuento lo que hicimos y lo que tú puedes hacer.

Preparamos pepitas.

Te dejo la receta que probé

  1. Saca las semillas de tu calabaza y enjuágalas bien en un colador para que se les quiten los restos de pulpa y tripas de calabaza. Mientras, precalienta el horno a 200° C.

  2. Ponlas a hervir con una pizca de sal unos 10 minutos. Eso ayuda a ablandar la cáscara. No vaya a ser que nos atragantemos luego con ellas.

  3. Escúrrelas y sécalas muy bien con papel de cocina o con un trapo. Este paso es importante para que queden bien crujientes después.

  4. En un bol pones un chorrito de aceite de oliva (AOVE) y sal (calcula según la cantidad de semillas para que no se te pase). Hay recetas que sugieren azúcar y canela (pero ya bastante azúcar hay en Halloween), otras que sugieren añadir ajo, pimentón, orégano. A nosotros con sal nos quedaron espectaculares y no me tardé tanto en la cocina.

  5. En una bandeja de horno cubierta con papel para hornear las extendí bien y las metí 15 minutos como dicen muchas recetas, pero yo las saqué, las removí un poco (las probé porque no me resistí) y las metí otros 15 minutos. ¡Quedaron de miedo! Se acabaron antes del «trick or treat».

Guarda semillas para la siembra

Además, me guardé un puñadito de semillas lavadas y las puse a secar. Esas las sembraré en macetas en primavera, a ver si hay suerte y deciden crecer bajo mi cuidado.

¡Guarda las tripas!

Las tripas de la calabaza y su pulpa se pueden ir directo al congelador. Un día te pueden sacar de apuros para hacer una crema de calabaza o un bizcocho. Si te sientes valiente y vas con tiempo, ni lo congeles, directo al procesador de alimentos.

Haz bisutería natural y sostenible

Si lo tuyo son las manualidades más que la cocina, con las semillas lavadas y secas se pueden hacer muchos adornos. Puedes teñirlas con colorante y vinagre o pintarlas con acrílico. Dicen que es muy fácil ensartarlas con una aguja del tamaño adecuado. Si te decantas por esta opción, mándame una foto para ver tus obras de arte, me encantaría ver el resultado.

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