Enjuaga las lentejas y ponlas a remojar la noche anterior. Esta ves elegí lenteja caviar por el sabor suave y textura crujiente del brote.
Escurre el agua y colócalas en un frasco de vidrio. Van a triplicar su volumen, así que asegúrate de que tengan espacio para crecer y para que circule el aire y se desarrollen las raíces.
Yo cubro el frasco con gasa. He comprobado muchas veces ya que si el aire no circula lo suficiente, aparece mi peor enemigo: el moho.
Ahora, ponlos en un lugar oscuro. Si no tienes espacio en una alacena o armario, ponlos más a la vista pero cúbrelos con un paño para que las semillas tengan una fase de oscuridad total.
Todos los días enjuágalos y deja que se escurra bien el agua. En el verano de 40° y 27 % de humedad de Madrid, yo repito este proceso dos veces al día. En invierno, con un enjuague al día, salen bien.
Tras 4 días tus brotes están listos para comer. Puedes darles un día más, según cuánto quieras que se desarrollen las hojas. Si no te los vas a comer todos de inmediato, guárdalos en un tupper en la nevera.
Recuerda lavarlos como harías con cualqier verdura. Estos son deliciosos crudos, en tostas y ensaladas, o cocinados en sopas y sofritos. ¡Que disfrutes!
¡Gracias por leer «Sostenibilidad en tus manos»! Este post es público, así que no dudes en compartirlo.
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