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Sostenibilidad en tus manos. · Dec 21, 2025

Capítulo 2: La odisea de los microgreens

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Aline Casanova · Sostenibilidad en tus manos.

Estaba convencida de que quería empezar a cultivar mis propios alimentos. Al fin y al cabo, los brotes y germinados siempre habían formado parte de mi alimentación tradicional. Así que me puse a investigar. Tenía muchas interrogantes: ¿qué semillas podía usar para empezar y aprender?, ¿qué bandejas eran las mejores?, ¿qué sustratos funcionaban mejor?

Vi horas y horas de videotutoriales en YouTube y consulté varias páginas web. Por si alguien quiere adentrarse en el mismo camino, al final de la entrada dejaré los recursos que más me gustaron y que consulté con frecuencia.

En resumen, en los tres videos que más me ayudaron recomendaban empezar con las semillas que ya tuvieras en casa y con platos, bandejas o tuppers que tuvieras a mano. Respecto al sustrato, algunos sugerían tierra y otros papel de cocina.

La aventurera que llevo dentro abrió la alacena de par en par y sacó lo que encontró para empezar:

  • Lentejas

  • Garbanzos

  • Quinoa

  • Chía

  • Trigo sarraceno

  • Cebada

  • Cilantro

Como lo mío es la economía circular, decidí además probar con varios recipientes (de comida para llevar, bandejas desechables con tapa, platos de bebé que ya no usaba y tetrabriks).

Para el sustrato elegí dos opciones: sustrato universal (tierra de macetas) y papel de cocina.

Como las semillas, en su etapa inicial, necesitan oscuridad, elegí un mueble del pasillo de la entrada para organizarlo todo: el stock de semillas bien etiquetadas, los recipientes (porque tener tantos y de formas distintas ocupa muchísimo espacio) y los sustratos.

Llegó el día de elegir a la primera candidata para germinar. La ganadora fue la leal y resistente chía.

Motivos:

  1. La tenía en casa.

  2. Me interesaba el contenido nutricional de sus brotes (omega‑3, omega‑6; vitaminas A, B, C y E; minerales como calcio, fósforo, magnesio, hierro, zinc y boro).

  3. Germina rapidísimo.

Para mi primera cosecha utilicé dos tetrabriks: en uno puse tierra y en el otro papel de cocina. Humedecí el sustrato, esparcí las semillitas, las cubrí con un paño para proporcionar oscuridad y esperé.

No tuve que esperar mucho: en 24 horas ya se veían las primeras señales de germinación. Mi emoción se transformó en euforia. ¡Qué alegría tan grande!

Tras unos tres días en oscuridad, acerqué los cultivos a la ventana y fue impresionante ver la fuerza con la que buscaban la luz.

Allí aprendí también una segunda lección: no cabía duda de que las semillas que habían crecido en tierra eran más verdes, más altas y más fuertes que las que habían crecido en papel de cocina. Pero, a la hora de cosechar, las del papel de cocina ganaron por goleada. Bastaba con sacar las servilletas apelmazadas del contenedor y cortar los tallos con tijeras, lo más cerca posible del sustrato, para aprovechar al máximo mis pequeñas plantas.

Este primer éxito fue tan emocionante que estaba lista para seguir probando semillas, sustratos y recipientes.

Si con dos tetrabriks y un puñado de chía podía cultivar nuevos alimentos aquí mismo, en mi pasillo, ¿qué otras miniplantas podría obtener con un poco más de práctica? La microaventura continuaba y además aprendí que no requería de grandes inversiones de tiempo ni de dinero. Basta con usar lo que ya tienes y observar con atención lo que pasa con tus semillas. Porque, por mucho que leas o veas en internet, cada entorno es distinto y cada semilla tiene sus propias particularidades. Lo importante es empezar, mirar de cerca y dejar que la experiencia te enseñe.

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Read the original on alinecasanova.substack.com

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