Parto de la base de que un tesoro es algo muy valioso para nosotros. Y sí, precisamente así son nuestros:
Propósito
Pasión
Confianza
Hoy por la mañana estaba leyendo un devocional y me hizo pensar. De repente, sentí un chispazo de inspiración y atravesaron por mí estas palabras, sintiendo claramente que eran para ti, precisamente para este momento por el que estás pasando. Ya me platicarás si mi intuición atina.
Sí, vivimos diariamente un tipo de batalla espiritual. Y es normal. Cuando el diablito empieza a molestarnos —es su sentido existencial—, surge el desenfoque de aquello en lo que deberíamos estar. Y sí, la falta de propósito es debilitante. Mucho. Nos hace sentir perdidos. Nos expone al gran riesgo de la mala influencia.
Cuando las cosas no avanzan como uno quisiera, claro, uno empieza a ya no querer seguir intentando. Ahí nace la apatía. Tantas veces expliqué en mis conferencias la más reveladora e impresionante definición de esa palabra que yo jamás antes había leído así, dada por Viktor Frankl: «La apatía es la muerte emocional».
Empezamos a caminar llenos de incertidumbre. Y, si has pasado por tramos así, sabes lo debilitante que es.
Por eso vale la pena retomar el camino. Encontrar el antídoto contra estas tres condiciones. Un tipo de estrategia para saber cómo evitar que te roben tres tesoros:
Deliberadamente reenfocarnos en nuestro propósito. Te he de decir que aquí, la palabra clave es “deliberadamente”. No consiste en esperar alguna condición para actuar. Es actuar para generar la condición. Elimina fuentes de distracción. Tú bien sabes cuáles son. Pueden ser esa red social que abres tanto o esa persona con la que sueles ir a tomar. Cierra esas puertas y vuelve a donde tu corazón y mente saben perfectamente que deben volver. Vuelve a leer acerca de lo que identificas como tu propósito. La lectura tiene ese poderoso y trascendente efecto. Nos reenfoca.
Reencuentra tu pasión. Miles de conferencias di explicando que el antídoto contra la apatía es la pasión, ese deseo ardiente o ferviente por algo o alguien. Los deseos son lo que nos mueve. Vuelve a conectar con eso que te hace sentir tan vivo y ¡muévete hacia allá! Vida es movimiento y por ello, cuando recordamos y reconectamos con lo que nos apasiona, nos sentimos impelidos a actuar. Creo que es el Espíritu Santo quien ahí nos está impulsando.
Vuelve a confiar. Con los años que llevo en esta experiencia como humano, creo que esta también es una decisión deliberada. Desafiante. Sin más. Pero es autoayuda. Apóyate al recordar y tener presente que Dios está siempre con nosotros. Y si a momentos creías que no, Él no se alejó, fuimos nosotros. Hay que volvernos a acercar y tener presente lo expresado en Efesios 6:10, hay que ponerse la armadura del Señor.
No puedo negar mi emoción de escribirte esto.
Sencillamente… me nació hacerlo y aquí ando obedeciendo en compartírtelo.
Y bajo esta misma intención, algo me dice que debo cerrar este comunicado citando uno de los pasajes que más me encantan de la Biblia y que tanto me han ayudado. Espero así sea para ti:
“Ya te lo he ordenado: ¡Sé fuerte y valiente! ¡No tengas miedo ni te desanimes! Porque el Señor tu Dios te acompañará dondequiera que vayas”. —Josué 1:9 NVI.
¡Emoción por entender!
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