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Los DM de la Nori · Mar 25, 2026

Una carta de amor para ti y para el verano

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Eleonora Aldea Pardo · Los DM de la Nori

Reconozco que éste es un ejercicio raro. Escribirte una carta que le va a llegar a otras personas. Quizás debería haberte dejado una nota bajo la almohada, un post-it en el refrigerador o un sobre cerrado entre las hojas del libro que estás leyendo. Pero, al mirarte, me invade un ánimo declaratorio. Así que si nunca concretamos nuestro plan de hacer una fiesta para casarnos de nuevo, puedes considerar este texto mi renovación de votos y a quienes lo lean, testigos.

Cristóbal. Te conocí en la playa un atardecer de verano y me enamoré de ti al verano siguiente. “¿Puedes creer que cumplimos dos, siete, quince años?” te pregunto todos los febreros y siempre me respondes que sí, que puedes. Nos sentamos en la cocina y dejas que te haga preguntas mientras me sirves el desayuno. Pan que dejaste leudando durante la noche, encurtidos y fermentados que guardas a la sombra en jarros etiquetados con tu letra, huevos que revuelves lentamente durante largos minutos porque así quedan suaves. Para ti el tiempo no es una amenaza, sino más bien una oportunidad.

Comemos fruta que eliges, picas y pelas si es necesario. Durazno o frutillas que dejan los dedos de nuestros hijos dulces y pegajosos. Mientras más calor hace, más crecen, como si fueran plantas selváticas. La vibración de sus cuerpos al dormir, sus mejillas rosadas y frentes mojadas como huellas que van quedando de los bebés que ya no son. Nosotros, que cumplimos años también durante el verano, cada vez más viejos. Sé que más pronto que tarde se irán y seremos los únicos testigos de la intimidad del otro. ¿Soy mala madre si te confieso que hay una parte de mí que lo anhela?

Ahora hay pelos lisos y blancos entremedio de tus rulos negros. Brillan con el sol que entra desde la ventana, mientras duermes siesta sobre la cama nueva que compramos porque nuestra primera cama, que duró catorce años, ya sonaba demasiado. Este verano también compramos un auto, el primero, porque necesitábamos llegar más lejos. Una cama que no suena y un auto para recorrer nuevos caminos. Pequeños y grandes hitos que nos consolidan como familia. Votos renovándose.

Miro tus manos sobre el volante mientras nos mueves por la ciudad. Somos tres que confiamos plenamente en tus decisiones, porque entre todas las cosas maravillosas que haces, la que te sale mejor es cuidarnos. Cuando nos conocimos venías llegando de tu último campamento como jefe scout y yo, prejuiciosa, pensé “qué tipo de persona ocupa su verano en cuidar y entretener niños ajenos”. El tipo de persona al que te aferras, eso lo sé ahora.

Nos sacamos la ropa como todas las noches, frente a frente. Ya hiciste la cena, ya comimos, ya lavé los platos y aunque me sumaste una olla cuando pensé que ya estaba terminando, soy tan feliz que me da pena.

“No quiero que se acabe el verano”, te digo acostándome.

“Va a volver”, me respondes, acostándote. Y me quedo dormida, tranquila con tu respuesta.

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Read the original on aldeapardo.substack.com

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