RSS Amplifier

Alberto Mera de UPSB · Jul 5, 2026

La mayor burbuja de la que nunca has oído hablar

0
Sign in to vote or save

Alberto Mera · Alberto Mera de UPSB

En Inglaterra, en el siglo XVIII, el carbón era la moda del momento. Todas las casas intentaban tener acceso a él, todas las fábricas se peleaban por él. La mayor fuente de energía jamás descubierta cambió las vidas de estos ingleses que nunca estaban satisfechos con la cantidad de carbón a la que tenían acceso. Una vez probado el carbón, ya sólo querían más carbón.

El tema es que llevar bloques de piedra negra por carretera en el siglo XVIII era arduo y, por tanto, muy caro. Trasladar el carbón hasta Manchester por carretera era un problema al que el duque de Bridgewater, Francis Egerton, trataba de encontrar solución. Y como todo gran problema al que los humanos se enfrentan, éste también dio lugar a una solución: llevar el carbón por el agua. Para ello, necesitabas un canal navegable que permitiese llevar el carbón hasta Manchester de forma mucho más barata.

Así, el duque se gastó unas 168.000 libras en construir un canal hasta Manchester y, en tan sólo 12 meses, consiguió que el precio del carbón en la ciudad cayese a la mitad. Probablemente la obra de ingeniería con un mayor rendimiento en tan corto plazo de tiempo. Y como ocurre tantas otras veces, al demostrar que funcionaba, otros quisieron copiarlo. La llegada de los canales a Inglaterra había comenzado.

Pocos imaginaban que esta sería la mayor burbuja de la historia, un récord que mantendría hasta 2025.

El tema de los canales no es algo a lo que yo le haya prestado demasiada atención jamás. Es cierto que, habiendo vivido en Inglaterra, siempre me llamó la atención la cantidad de canales que había, porque no los había visto en otros sitios. En Madrid, por ejemplo, no he visto canales, y me parecía bastante útil. No sólo podías tener casas ahí en el agua, que no sé cómo de prácticas son, pero sí son bonitas, sino que además le daban un toque variopinto a la ciudad y seguro que servían para algo. Descubrí recientemente que su utilidad era principalmente permitir el transporte más rápido y barato de mercancía.

Lo que atrajo mi atención a los canales fue un gráfico del Financial Times. En él se mostraban las mayores burbujas de inversión de la historia. Teniendo en cuenta el momento actual, era claro que la idea del artículo era mostrar cómo la inteligencia artificial está siendo la inversión que más capital está recibiendo en términos de múltiplos desde su comienzo.

Y aquí conviene detenerse un segundo en eso de los “múltiplos”, porque es la clave para entender el gráfico. No mide libras ni dólares, sino cuántas veces se multiplicó la inversión respecto a su propio suelo. Coges el punto más bajo de inversión antes de que arranque cada boom, le pones un 1, y mides todo lo demás en relación a ese suelo. La gracia de hacerlo así es que te permite comparar cosas que en cifras absolutas son incomparables: la inversión en canales del siglo XVIII y la inversión en inteligencia artificial de hoy son mundos distintos en libras, pero la forma de cada ciclo -cuánto se multiplicó y cómo cayó- sí se puede poner en la misma escala. Por eso cuando una línea llega a 4 significa que en ese momento la entrada de inversión era cuatro veces más que en el punto de partida.

Lo que me llamó la atención fue que, detrás del boom de la inteligencia artificial, el que más inversión había recibido en múltiplos fue la burbuja de los canales. Entonces me pregunté: ¿canales? ¿Por qué los canales? Lo que nos devuelve a Bridgewater en el siglo XVIII.

Después de que Bridgewater construyese su canal, durante los siguientes 25 años se construyeron nuevos canales hacia Trent, Mersey y Oxford. Obras que trataban de abaratar el coste del carbón, como en el caso de Manchester. Un crecimiento paulatino que, de repente, explotó. Y es que, pasados 25 años y llegados a la década de 1790, lo que había sido una lenta creación de nuevos canales, apoyada en una lenta inversión en esta tecnología, se elevó. Pasó de 90.000 libras en 1790 a 2.824.700 libras en 1793. Una multiplicación de 30 veces la inversión en tan sólo 3 años.

En total se construyeron 44 canales entre 1791 y 1795, momento en que explotó la burbuja. Entonces se vivió algo que tampoco se había visto antes ni se volvería a ver: el nivel de inversión cayó por debajo del punto de partida. Tras el pico de 1793, la inversión se desplomó y en 1797 apenas se aprobaban proyectos nuevos, quedando el capital destinado a canales en niveles inferiores a los de 1790. Ni siquiera la burbuja ferroviaria de 1840, ni la de los felices 20, ni la puntocom, ni la inmobiliaria de 2008 dejaron un vacío tan absoluto tras su explosión.

Sin duda, la locura de los canales es no solo la mayor burbuja nunca conocida, sino también una de las más curiosas. Pero mi interés por el tema estaba en descubrir por qué los canales. ¿Son los canales una tecnología merecedora de este tipo de explosión inversora? ¿Es lógico que la explosión de inversión en los canales fuese superior a la de internet, por ejemplo, o a la del ferrocarril? Mi hipótesis era que no. De nuevo, los canales molan, pero seamos serios. ¿Entonces qué?

Mi tesis era que esta burbuja fue tan bestia, no por la tecnología en sí, sino por el nivel de liquidez en que aterrizó.

Así que, ¿cuáles eran las condiciones monetarias y financieras cuando Bridgewater puso de moda los canales?

Resulta que eran óptimas. Sorpresa. La primera clave fue la década de paz que vivió Gran Bretaña entre 1783, tras el fin de la guerra de independencia americana, y 1793, cuando estalla la guerra contra la Francia revolucionaria. Diez años sin conflictos en los que el gobierno no necesitaba drenar el ahorro nacional para financiar sus guerras, lo que redujo el coste del dinero.

La segunda fue el boom de la banca provincial. En 1750 apenas había un puñado de bancos fuera de Londres. Para 1793 había cerca de 280 bancos provinciales repartidos por toda Inglaterra, los llamados country banks.

En aquella época Gran Bretaña funcionaba con un patrón oro de facto: la moneda de referencia era la guinea de oro y la promesa última de cualquier billete era que lo podías cambiar por oro. Pero los country banks no prestaban oro, emitían sus propios billetes, pagarés al portador que prometían pagar en oro o en billetes del Banco de Inglaterra a la vista. Y como no todo el mundo iba a reclamar su oro a la vez, jamás te imaginarás lo que idearon estos bancos. ¡Reserva fraccionaria! Al banco le bastaba con guardar en reserva una fracción de lo que había emitido y podía poner en circulación bastante más papel que el oro que tenía en la caja. Cada libra de reserva sostenía varias libras de billetes y de crédito en la calle. Multiplica eso por cientos de bancos nuevos prestando con una alegría que no se había visto antes, y tienes una expansión enorme de dinero y de crédito, generada localmente, en las mismas regiones donde se promovían los canales.

La tercera clave fue el ahorro industrial buscando salida. La Revolución Industrial estaba generando beneficios enormes en manos de comerciantes y fabricantes que no sabían dónde colocar su dinero. Los canales aparecían como la inversión perfecta: tangible, local y con promesa de rentabilidad.

Francamente, no necesitaba tantas claves para respaldar mi tesis, pero cuanto más buscaba más salían. Si una tecnología rompedora y aparentemente lucrativa aparece en el momento justo en que desaparece el mayor demandante de dinero, la banca se multiplica y hay enormes sumas de capital ahorrado, puede que la tecnología no tenga que ser tan rompedora ni lucrativa para recibir toda la inversión -y más- que necesite.

El final de la burbuja de los canales no es tan interesante. La típica guerra entre Inglaterra y Francia obligó al gobierno a volver a pedir dinero, el ahorro desapareció, el crédito se encareció y se acabaron los canales. También muchos bancos que se encontraron con que no podían hacer frente a las retiradas de oro de sus clientes. De hecho, se complicó tanto que en 1797 el propio Banco de Inglaterra tuvo que suspender la convertibilidad en oro para frenar las corridas. Pero eso es otra historia.

La burbuja de los canales es seguramente la mayor burbuja que no conocías de la historia. Y es quizás el mejor ejemplo de que, más importante que la tecnología en sí, es el contexto en el que ésta se produce. No deja de ser gracioso que quien comenzó todo fue el duque de Bridgewater. Bridgewater, es también el nombre que Ray Dalio eligió para su fondo de inversión. Un fondo en el que aplica la tesis de los ciclos. Ciclos que comienzan con crédito barato y que acaban con crédito caro. Un crédito barato que fue justo lo que permitió la explosión de la inversión en canales y que, al cesar, causó su caída.

La moraleja de esta historia es que no puedes saber cómo de importante será un nuevo avance por lo mucho que crezca su burbuja, en muchos casos su tamaño responde más a la situación monetaria del momento que al avance en sí.

Sin posts

Read the original on albertomeraupsb.substack.com

Comments

Nothing yet. Say the first thing.

    Sign in to join the conversation.