Creo que he pasado mucho tiempo olvidando.
Olvidando la bondad de Dios en mi vida. Escuchaba un podcast que hablaba de que el ser humano tiende a recordar más las cosas malas que las buenas.
Estoy tomando una escuela bíblica cronológica en una organización que se llama Juventud Con Una Misión. El libro que más me ha impactado del Antiguo Testamento es Deuteronomio, porque el autor insta al pueblo a recordar quién es Dios.
La Real Academia Española define “recordar” como: “Pasar a tener en la mente algo del pasado”.
En este tiempo, para mí, recordar se trata de mantener presente el carácter de Dios. Y Él es inmutable. Las circunstancias pueden cambiar, pero no deberían cambiar la manera en la que veo a Dios, porque Él no cambia.
Otra definición que me gustó fue la siguiente: “Tener algo o a alguien en la mente o en consideración”.
Y es algo que, como cristianos, deberíamos buscar en la adversidad: recordar.
Recordar la verdad. Y algo que se quedó conmigo, que dijo uno de los profesores, fue: “La verdad no es algo, sino alguien: Jesús”, y es algo que leemos y debemos tener más presente.
Jesús dijo: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí”. Juan 14:6
Creo que he pasado mucho tiempo olvidando. El mundo te lleva a olvidar fácilmente, a enfocarte en cosas temporales mientras dejas que los días pasen y terminas por perder la noción del tiempo. Olvidas que Dios está en todas partes y que ha prometido su presencia.
Y quizá por eso recordar requiere intención. Una forma de permanecer recordando quién es Dios es pasar tiempo en la Palabra de Dios, la cual es inspirada por Él.
Pero no solo se trata de recordar, sino dejar que cada encuentro con Jesús se convierta en vida.
Tal vez la vida cristiana no se trata solo de aprender más sobre Dios, sino de no olvidar quién ha sido Él desde el principio.

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