2016, Manhattan. Todavía vivía ahí y con Sol volvíamos a casa después de un guisito. Le decíamos así porque pagaba la olla y porque en inglés gig es concierto.
Tres meses hacía que estábamos juntos y me había venido a visitar. No era de noche, pocos conciertos terminan de noche noche allá, pero sí había oscurecido.
Caminando hasta el subte nos cruzamos con una chica que parecía haber salido de algún boliche, y se notaba que no estaba bien. Seguramente había tomado mucho, le costaba caminar y se terminó sentando en el cordón de la vereda. Sol no tardó en acercarse y preguntarle si necesitaba ayuda: te llamo un taxi, te acompaño a un lugar donde podés estar más tranquila… pero imposible. No quería saber nada.
Nos hizo entender que la estábamos molestando.
A mí, que soy neoyorquino, no me pareció tan extraño, porque allá es normal que en la vía pública nadie se meta con nadie.
🤔¿Pero hoy?
Ya pasaron nueve años y hoy a mí me costaría entender el rechazo de una ayuda, de un acto de compasión, de un gesto de solidaridad.
Acá es notable la solidaridad que uno ve en el ciudadano común, en el día a día, en la vía pública y en la vida en público: es un tipo de solidaridad que no ves en otros lugares.
Por lo menos yo no lo vi, ni en Estados Unidos, ni en España, Francia, Japón, Inglaterra ni Colombia. Acá hay algo en la cultura y en la gente que tiene costumbres y prácticas solidarias.
Por ejemplo: en todos lo países hay carteles indicado que hay asientos de prioridad, y que hay que cederlos, ¿sí?. Pero solo en Argentina vi a gente decir en voz alta: “un asiento por favor” cuando ve subir al subte o al bondi a una embarazada, un anciano, o alguien que tiene dificultades para caminar. Y ocurre siempre, sin falta.
Escribí hace poco en mi blog en inglés sobre un aspecto de la cultura argentina que puede tener que ver con todo esto pero desde otro lugar: meterse en la vida del otro.
Como yanqui a mí me resultaba invasivo que el vecino me preguntara de donde vengo, o que el que me vendió un pedazo de carne me pregunte cómo la pienso cocinar.
De donde vengo yo, esas cosas no se preguntan; son asuntos de cada uno.
Pero en el mismo artículo también dije: que acá las necesidades del individuo no son lo más importante, el grupo sí lo es, y el grupo te va a cuidar.
En Argentina entrás en grupos con una facilidad alucinante; parece que te estaban esperando para reclutar.
El argentino quiere incluirte.
¿Cuántos grupos de Whatsapp tengo? Obviamente los laborales (que también son sociales), pero además los de personas que se juntan para hacer algo y terminan siendo amigos: tengo por ejemplo grupos del coro en el que cantaba, unos amigos que juegan al ping pong…grupos de músicos que se juntan para hacer asados (!).
Y en cada grupo siempre se ve algún acto de solidaridad. Desde vamos a hacer una vaquita para que fulano se compre unas cuerdas nuevas, hasta hagamos un concierto en beneficio de tal persona que la está pasando mal o la foto del último perro que se perdió en el barrio y hay que encontrarlo.
Acá veo la fila de prioridad en todos lados, pero más importante: se hace valer y nadie lo cuestiona.
Sí, hay un montón de reglamentos que acá no se respetan nunca, pero el respeto a la prioridad es incuestionable.
Me voló la cabeza el día que supe del método de encontrar a los padres de un nene extraviado en la playa: subiéndolo a los hombros y aplaudiendo. ¿Se dan cuenta qué cosa maravillosa inventaron? De donde vengo yo no se le ocurrió a nadie.
La práctica solidaria es contagiosa: el otro día viajaba en el 76, que venía repleto, era hora pico y hacía calor. Venía corriendo a la parada una mujer con un nene chiquito y el colectivero casí no paró (¡tema para otro día!). Finalmente logró subir, escuché una voz gritar: “¡un asiento por favor!”… y me di cuenta que era la mía.
Ahora que ya nos vamos conociendo, te comparto un tema mío y dos temas que me trajeron a Buenos Aires…
Tres y Medio - Adam Tully Trío
Dicen que el tango es una opera en tres minutos y medio, así que compuse este tango a ver si captaba algo de la esencia del porteño que vive y se expresa intensamente, con todas las emociones y pasiones expuestas.
Mi Vieja Viola - Edmundo Rivero
Edmundo Rivero quiso rescatar y recrear, de alguna manera, el arte gardeliana de cantar tango con guitarras. Acá grabó con la guitarra mayor (Roberto Grela) un tango uruguayo que el Zorzal nunca llegó a grabar. Con el sonido de esta grabación me enamoré del tango.
A Pedro Maffía - Aníbal Arias
Si querés escuchar la historia completo (bueno, en inglés) lo conté en mi nuevo podcast, Why Tango. Por ahora te digo que en 1995 tuve mis primeras clases de guitarra tango con el Maestro Arias, él me contó quien era Troilo y quien era Maffia.
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