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¿Y qué hacés acá? · Sep 20, 2025

Razón 12: la noche

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Adam Tully · ¿Y qué hacés acá?

Estaba con un colega músico y alguien nos preguntó de dónde nos conocíamos. Nos miramos y medio al unísono respondimos: “de la noche porteña”.

Creo que como músico de tango, siempre esa “noche porteña” me ofreció un refugio. Ya ni se cuántas veces salí con la guitarra a cuestas a escuchar algo de música para después quedarme en “la recalada”, cosa que a veces era más interesante del concierto mismo, y siempre pero siempre seguro era más larga.

Si nunca estuviste en una, te cuento lo que yo siento que es: ese un momento mágico que comienza cuando el público se va, se juntan las mesas, se toma algo, los que tocaron descansan, se charla, y de repente alguien dice a alguien “cantate algo”. Una por una se van desenfundando las guitarras, como un ritual ancestral, y los amigos se acercan a un fogón imaginario.

En una de mis primeras recaladas, inolvidable, apareció Rudi Flores. Adrián LaCruz me dijo “venite a Barracas que va a estar bueno”. Apenas nos conocíamos con Adrián, yo estaba visitando Buenos Aires, a punto de volverme a NY y, con esa generosidad que caracteriza a los argentinos, me había preparado una especie de despedida. Ahí estaba yo guitarreando con un grupo de amigos cuando El maestro Flores se sumó como uno más. Y yo, sin poder creerlo, estaba tocando, como si nada, con alguien a quien yo consideraba como un dios, habiendo escuchado sus discos durante más de veinte años.

Esa noche duró hasta las seis de la mañana.

Y esa fue una de tantas recaladas memorables. Muchas veces caí sin conocer a nadie y terminé tocando arriba del escenario. O, estando sentado en el público, me hice amigo de algún comensal.

De verdad, te juro, eso no pasa en ningún otro lugar del mundo. Andá a sentarte a un bar de jazz en Nueva York y que te charle alguien…

Y si hablamos de la noche, no puedo dejar de hablar de las peñas (de tango, no de folklore porque esas las encontrás en todo el mundo). Cuando recién llegué era muy peñero.

Tan enamorado estaba de la idea de las peñas de tango que iba a todas sin importar la calidad de los cantores. A mí me atraía la magia de los guitarristas, que se saben “todos” los tangos. Mi amigo Leandro De Rosa se sabe unos mil, con todas las letras incluidas. Él también fue muy generoso conmigo en mi etapa de fascinación, hasta lo acompañé un par de veces en La Casa del Tango, aunque no soy “del oficio”, es decir, no me sé mil tangos.

Estuve tantas veces por las peñas que una vez un taxista me reconoció: “vos sos músico, ¿no?” Me había visto justo en la Casa del Tango. En ese momento me sentí Robert DeNiro.

Y un párrafo aparte para los centros culturales donde solemos tocar los artistas independientes.

Ahí te topás de frente con la movida del tango contemporáneo y ahí empecé a presentar mis proyectos, desde el Adam Tully Trio hasta el nuevo quinteto y todo en el camino. En un Café Vinilo, un Hasta Trilce, o un Oliverio Girondo (QEPD) vas a y vienen a escuchar pero también se genera ese ambiente fraternal, cálido, aparezca la recalada o no. Es un lugar de encuentro al que vas también a charlar con amigos antes y después del show, que empieza en algún momento. Sí, claro, esa es otra genial: tal vez está anunciado a las 21, a las 20, a las 22, pero en la mayoría de los casos arranca “cuando haya gente y ganas de arrancar”.

La noche, como los argentinos, nace donde le dan las ganas.

Va una anécdota más para demostrarlo. Con el Trío armamos una movida en Sanata Bar, lugar icónico de la noche almagrense y muy amado por los músicos. Pero la idea, original de Pato Cotella, era tocar un fin de semana durante el día. Justo el 25 de mayo cayó domingo y Pato diseñó, junto al dueño David Sinatra, una fiesta patria con locro, varios grupos, un torneo de truco, etc. Todo esto al mediodía.

Cuando salíamos a tocar, nuestra invitada Lucila Priotti saludó al público diciendo “buenas noches”. Cuando se rió y se quiso corregir Sinatra dijo “la noche ocurre a cualquier hora”. Y así fue, porque justamente lo que estábamos viviendo y practicando era eso: la noche porteña.

LA noche en la que conocí a Rudy

¡Y claro que sí!, no soy el único que habló de la noche porteña… Acá van tres tangos que me encantan.

Un boliche - Roberto Goyeneche & Aníbal Troilo

Esta letra, de Tito Cabano es una postal de un bar porteño como tantos otros del siglo pasado. Los personajes tal vez son caricaturas, pero uno los ve clarísimo y se imagina sus historias. En la voz del Polaco es una obra de arte.

Callejón - Nelly Omar & Roberto Grela

La letra de Hector Marcó habla de un callejón, un barrio olvidado por el resto de la ciudad, al cual le canta el narrador "vos serás mi confidente". Todo esto ocurre, por supuesto, de noche, y la primera imagen, aunque sea un cliché del género, es preciosa: "un farolita que parpadea, tumbado y viejo sobre tu esquina". También es preferido por los guitarreros, y eso le suma puntos nocheros.

Los cosos de al lao - Rubén Juárez

Este tango de Marcos Larrosa y José Canet (¿ves? otro guitarrista tenía que ser) nos lleva a otra escena de la noche... una fiesta familiar en un barrio humilde. Bueno, otro cliché tanguero tal vez, pero pienso en este tango y es muy de noche. Y quién mejor para interpretarlo que Juárez, uno de los dioses de la bohemia porteña.

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Read the original on adamtullyar.substack.com

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